La formación simanqueña Good News (treinta y una mujeres entre sopranos, mezzos y contraltos, y veintitrés hombres entre tenores y bajos, dirigidos por Mario del Campo), con más de una década de travesía nacional e internacional, será la encargada de hacer arrancar la segunda edición del Festival de Jazz de Palencia con una propuesta que, si bien se espera caliente a los aficionados hasta la llegada del fin de semana, se halla lejana del estilo que da nombre al festival. En jazz es el aliento del solista, su idiosincrasia e incluso sus caprichos, el que determina el rumbo de la interpretación, pues el resto de los miembros han de estar alerta y responder sin pausa —también según su propia idiosincrasia—; incluso en las improvisaciones colectivas —digamos del Ascension de Coltrane, o las de la orquesta de Sun Ra o del Art Ensemble of Chicago— se deja un espacio pivotal, irrenunciable, para la expresión individual; en góspel el aliento es esencialmente comunal, el pálpito plural, y cada voz es antes parte de una voz superior, que es la que al final importa: en ambos estilos el precipitado es —o idealmente debería ser— mayor que la suma de las partes, pero en jazz ese precipitado es casi involuntario, mientras que en el góspel resulta inherente. Y no solo inherente sino previsible, y es esta, más allá de la elección de los temas, la vestimenta, el número de músicos o el sustrato religioso, la diferencia fundamental entre ambos estilos. El jazz se basa en la sorpresa del momento, el góspel en las estructuras aprendidas; los pasos, las palmas, los arreglos: cada cantante sabe en qué compás entra el vecino, no hay señas como disparos en la sien que indiquen se pasa la bola del solo.
El riesgo que asume el góspel es otro, el de establecer una corriente bidireccional entre los cantantes y el respetable, ofrecer un abrazo sonoro que sea correspondido (cuántas veces hemos asistido a conciertos de jazz en que los músicos, ensimismados en su órbita privada, parecen no estar interesados en comunicación musical alguna); se trata de una conexión delicada, un misterio que se produce o no se produce y que es mejor no tratar de comprender, algo que en última instancia no depende siquiera de la entrega del coro (esta es imprescindible pero no asegura la conexión).
Pese a esta incertidumbre y misterio, Good News, con un repertorio vario que va desde los espirituales tradicionales hasta los villancios e incluso el soul —suerte de góspel laico—, unas armonías vocales muy cuidadas y una dirección ágil, es hoy una de las apuestas más seguras en el panorama nacional para que la conexión, y así el disfrute, se establezca.
(El Norte de Castilla, 10/11/2015)