La incapacidad cerebral de comprenderse. Podemos comprender el órgano — llegar a comprender sus procesos biológicos con una cierta profundidad, la mecánica de su funcionamiento — pero no podemos comprender su esencia: ¿de dónde nace el subjetivismo? ¿De dónde nace el gusto? ¿Por qué el gusto cambia de repente, o por qué lentamente a lo largo del tiempo, o por qué se mantiene casi inalterable desde que tenemos conciencia hasta que nos morimos? ¿Por qué ciertos estímulos van sedimentando el ego y otros pasan a través de nosotros sin dejar rastro? No podemos. Casi seguro nunca podremos. Quizá sea mejor así.