Todavía quedan unas horas para que arranque el Festival y nos engulla con su marcha trepidante. Son horas de anhelos cinéfilos, pero también lo pueden ser de sueños e imaginaciones. Antes de que empiece todo me ha dado por pensar cómo me gustaría que fuese uno de los ciclos más refulgente, el dedicado a la “nouvelle vague”. “Los caminos de la modernidad” reza el subtítulo. Sus responsables son, en buena lógica, críticos de la revista “Cahiers du cinema” en su versión española, como también eran críticos de la misma revista (entonces sólo francesa) los directores que iniciaron la revuelta hace 50 años. Han elegido las primeras obras, las que asombraron en el Festival de Cannes de 1959 y extendieron el entusiasmo al resto del grupo. Algunas muy conocidas, otras tan lejanas (“París nos pertenece”, “El desprecio”, “El signo del león”…) que las piernas tiemblan al recordar una emoción tan antigua y bien guardada. Con ellas, una curiosa selección de obras anteriores, obras amadas (pero no imitadas) por ese grupo de críticos y cinéfilos que estaban a punto de cambiar la historia del cine para siempre. Los maestros y sus discípulos, discípulos bien independientes, como siempre debe ser en la transmisión del arte.
¿Y si invirtiéramos el tiempo del ciclo? ¿Y si llegásemos al final, a la última ola del movimiento? ¿Todavía hay oleaje? Si busco entre las obras que en los últimos años me han dejado más felicidad, aparecen sin dudar varias ligadas a este movimiento, con casi todos sus miembros vivos, infatigables creadores después de cumplir los ochenta. “La duquesa de Langeais”, de Jacques Rivette, sería una de ellas. “Asuntos privados en lugares publicos”, de Alain Resnais, otra de las elegidas. Me gustaría añadir “El romance de Astrea y Celedón”, de Eric Rohmer, pero las pantallas de Valladolid no la han acogido. Y algún Godard sin estrenar, como “Historia(s) del cine: una ola nueva”. Claude Chabrol… Qué extraño don les une a todos por encima del paso del tiempo, y de sus personalidades tan dispares.
Y la otra parte del ciclo, la de sus maestros. Si he girado el tiempo, éstos deben ahora pasar a ser sus discípulos. Una figura controvertida para este movimiento tan influyente, pero compuesto de personalidades sucintas e irrepetibles. Me arriesgo en la elección: Gus Van Sant cuando se lanza por el camino de la experimentación: “Elephant”, “Paranoid Park”. El turco Fatih Akin, especialmente con aquella llamarada de pasión que era “Contra la pared”. Y, sí, el último Tarantino, ya desatado de amor al cine, y de conocimiento de su historia, y de irreverencia, irreverencia especular de la “Nouvelle vague”. Paremos ya el sueño, pero antes metamos a un compatriota en la lista: el rohmeriano Felipe Vega, que nos espera con su última obra en la Seminci. Y ahora ya empieza todo.