Alcalde, todos somos contingentes, pero tú eres necesario, aseguraban en la deliciosa, surrealista y ya mitificada ‘Amanece que no es poco’. Un vecino, con gafas de culo de vaso y un sombrero cochambroso, le espetaba esta maravilla de las frases cinematográficas a Rafael Alonso, un mal llamado secundario porque es más reconocible e importante que muchos actores principales.
El absurdo de la película, que es un clásico de más de tres decenios de edad, seguro que se ha vivido en más de una corporación en todo este tiempo. Alcaldes que se creyeron imprescindibles hubo, hay y habrá, que la soberbia y la vanidad nos acompañan. Dale una gorra y capitán general, decía mi madre; pues ponle un bastón de mando en el pueblo y tendrás un soberbio tipo o tipa fuera de la realidad, con honrosas excepciones.
Contingentes somos todos y valer, todos valemos poco, que me dijeron en los Maristas de Valladolid, allá en mi tierna adolescencia. Esa es la teoría, pero vistos estos tiempos en los que para ser alcalde estás obligado a pactar hasta con el diablo, han brotado muchos necesarios. Si quieres la alcaldía, pasa por vicaría y cásate conmigo.
En Segovia, como en todas partes, veremos la división entre contingentes y necesarios después de las urnas, en unos días. Pero antes de que esto ocurra, los partidos ya han detectado no ya las personas, sino los lugares imprescindibles para sus objetivos. El más codiciado es Cuéllar, cuya conquista dicen que inclinará la balanza para gobernar la Diputación. Y así todos los pueblos gritarán a Cúellar: tú sí que eres necesaria, guapa.