Quiero hoy hablarles de nuestro libro o lo que es lo mismo, de nuestro debate. Reunidos por este diario los cinco candidatos de las formaciones con representación en el Ayuntamiento de la ciudad, hablaron más de dos horas en la privilegiada sala del torreón de Cándido. Allí, ellos, nosotros y una buena corte de equipos de campaña tomamos el viejo mesón como turistas mañaneros.
No voy a desvelarles que se dijeron, que ya lo leerán aquí el domingo; no pretendo ser el indiscreto acomodador de cine que hacía lo que ahora se llama spoiler, al contar que el asesino era el mayordomo. No quiero ser un bocachancla y solo pretendo ponerles los dientes largos sobre lo que fue un debate simpático y agradable, donde la crispación estuvo ausente. Hasta en política esto es el mar de la tranquilidad.
Clara, Pablo, Noemí, Cosme y Ángel –en nombre de PSOE, PP, Ciudadanos, Centrados e IU– se batieron en permanente evolución hasta encontrarse en dos bloques. Por un lado, los veteranos del salón de plenos municipal, con complicidad, como si hubieran gobernado el último mandato todos juntos en coalición; y por otro, los aspirantes, Noemí y Pablo, unidos por la causa común de entrar en liza y, sobre todo, por la juventud.
Hablaron al final de pactos y aunque no deseo ser el incómodo acomodador de la película de este debate, sí les puedo anticipar que la química entre los candidatos es generacional y no ideológica. Serán cosas de la edad, de cada uno.