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Pedro Carasa

El Mirador de Clío

¿Sindicatos superados por la crisis?

¿Sindicatos superados por la crisis?

Pedro Carasa

El caduco Día del Trabajo que hemos vivido nos invita a pensar en los efectos de las crisis sobre los sindicatos. Nacieron en el profundo cambio industrializador del XIX. En la crisis revolucionaria de 1868 se emanciparon, adoptaron una ideología y conectaron con la Internacional. Tras fundarse UGT en 1888 y CNT en 1910, en el trienio bolchevique español se radicalizaron. El crack del 29 los fragmentó y no favoreció el triunfo de la II República. La crisis de la guerra civil los enfrento y acabaron sepultados por el nacionalsindicalismo franquista. La crisis de la reconversión industrial y la Transición democrática los reactivó y sus aportaciones renovaron hondamente la sociedad. Pero en la crisis de 2008 han actuado como aparatos burocráticos subvencionados, escasos de alternativas, dedicados a exhibir tijeras y camisetas populistas, detrás de las movilizaciones del 15M. Es decir, las primeras crisis históricas estimularon la función de los sindicatos, pero las últimas los han debilitado y vaciado de valores.

El anarquismo arrancó con las ideas utópicas de igualdad y armonía, pero acabó luchando contra el poder del Estado, la Iglesia y la propiedad burguesa con la revolución del hecho violento. Se escindió en anarcocolectivistas andaluces y anarcosindicalistas catalanes, si bien la primera federación anarquista de 1870 evolucionó hasta la CNT de 1910 y creció hasta un millón de afiliados en 1931.

El socialismo nació con un ideario ascético y una intensa cultura solidaria y acabó también reivindicando el poder político en forma de república federal. La UGT celebró el 1º de mayo desde 1890, creó casas del pueblo, logró la ley de las 8 horas, sentó en 1910 a Pablo Iglesias en el Parlamento y alcanzó también el millón de afiliados en la II República.

Desde los Círculos del P.Vicent en 1879, los sindicatos católicos movilizaron a 250000 fieles en defensa de la armonía laboral, contra la conflictividad de clase y con el objetivo de recristianizar la sociedad. Surgieron así tres vías irreconciliables de sindicalismo enfrentadas en las huelgas revolucionarias de 1917, 1934 y 1936.

El franquismo destruyó el patrimonio, la organización y la militancia del sindicalismo de clase y creó el sindicato vertical al servicio del régimen. Anarquistas, socialistas y CCOO desde 1957 se opusieron a la dictadura, pero ellos no lideraron esta lucha, la encabezaron el movimiento estudiantil, los curas obreros y las asociaciones de vecinos.

El sindicalismo democrático se ha visto afectado por dos crisis. La del petróleo y la reconversión industrial redujo los afiliados, agrupó a CCOO y UGT hasta convertirlas en correas de transmisión del PCE y PSOE que movilizaron la sociedad con 9 huelgas generales entre 1976-2003. En la última crisis de 2008, a pesar de las 3 huelgas generales, han perdido militancia, iniciativa y reivindicación social.

Los sindicatos no han sabido reaccionar ante los principales problemas actuales. Han hecho mala pedagogía animando al pueblo a dejarse mimar por papá Estado, han usado a veces indebidamente subvenciones públicas hasta la corrupción, han abandonado el internacionalismo, se han contaminado con el soberanismo nacionalista hasta apoyar el derecho a decidir, no han conseguido la subida de pensiones que logró el depredador nacionalismo vasco, y no han protagonizado la movilización feminista. El Día del Trabajo ha pasado con más pena que gloria, tapado por el 2 de mayo y diluido en el puente vacacional. No han conseguido destacar las carencias laborales y han alcanzado eco social algunos problemas importantes, pero quizá no específicos del Día de Trabajo, como el abuso sexual, el procés o la vacía silla madrileña.

Parecen anclados en el obrerismo y clasismo del siglo XIX y ajenos a los grandes retos del futuro. Ya no es suficiente la vieja posición sindical de la lucha de clases contra el patrono, ni el simple propósito de contentar a cabreados y descontentos. Está naciendo una nueva concepción trabajo, robotizado y on line, basado en unas nuevas relaciones laborales. Además del derecho a la huelga y la negociación colectiva, los nuevos conflictos sociales exigen diferentes cauces para resolverlos. Nuevos valores altermundialistas buscan el desarrollo humano basado en igualdad, justicia y solidaridad, e imponen actitudes ambientales de respeto a la naturaleza que no han cultivado los sindicatos. La nueva acción social debe aprender a convivir con las ONG y el tercer sector del voluntariado que promueven la participación de la sociedad civil. El espíritu del 15M ha generado una nueva sensibilidad social visualizada en movimientos sociales innovadores, alimentados por las redes sociales, basados en la calle como espacio público de ciudadanía, con aspiraciones cívicas nacidas desde abajo, como acampadas, mareas, en común y confluencias.

Habrá que mejorar las viejas procesiones de las cúpulas sindicales movidas ritualmente desde arriba, casi al viejo modo eclesiástico. Los nuevos profesionales cualificados, con horarios excesivos y salarios minimizados, obligados a un ritmo de trabajo irreconciliable con la familia, con dificultades para tener hijos, creen que los viejos sindicatos no muestran sensibilidad ante sus problemas. Los sindicatos son muy necesarios, pero nos preguntamos si su vieja versión representa hoy a los nuevos trabajadores.

El original se publicó en la edición en papel de El Norte de Castilla del sábado, 12 de mayo.

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Sobre el autor

El Mirador de Clío está redactado por Pedro Carasa, un historiador que tratará de observar el presente desde la historia. Se evoca a Clío porque es la musa griega de la historia y de la poesía heroica, hija de Zeus y Mnemósine, personificación de la memoria. El nombre de mirador indica que la historia es una atalaya desde la que proyecta sus ojos el historiador, como un busto bifronte de Jano, que contempla con su doble mirada el pasado desde el presente y el presente desde el pasado.