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Pedro Carasa

El Mirador de Clío

¡Por humanidad!

¡Por Humanidad! ha gritado el Día Mundial de la Cruz Roja, creada por el suizo Henry Dunant en 1863. Cultivó este principio al inspirarse en el humanitarismo, evolucionismo, positivismo y realismo que influían en las ciencias sociales de entonces. Su actitud humanitaria respetó y dignificó al hombre al socorrer sus dolencias físicas y morales en guerras y desastres naturales, sin discriminación racial, ideológica, política o religiosa.

El hito revolucionario de Cruz Roja consistió justamente en aplicar la humanidad a un contexto europeo de dramático belicismo. Beligeraban entre sí Napoleón III de Francia, Bismarck de Prusia, Francisco José de Austria y Víctor Manuel II de Italia; eran guerras de imperios en crisis, de naciones nacientes, de colonialismos viejos decadentes y nuevos emergentes. Empezaban las largas raíces belicistas de las futuras guerras mundiales. Los nacionalistas se empeñaron en que la mejor política era la egoísta, su objetivo óptimo era que cada país persiguiera sus excluyentes intereses nacionales.

Impresiona cómo la filantropía del comité de los cinco ciudadanos ginebrinos hizo nacer, en el escenario trágico de 40.000 heridos abandonados en la batalla de Solferino de la guerra franco-austro-italiana, un laboratorio de humanitarismo y neutralidad al grito de ¡tutti fratelli! Tras nacer Cruz Roja / Media Luna Roja, 6 países europeos, entre ellos España, firmaron en 1864 el Comité Internacional de la Cruz Roja.

Este Comité fue pionero al someter la gestión de la guerra al Derecho para proteger con humanidad y neutralidad la barbarie de la batalla y germinar el Derecho Internacional Humanitario en las futuras guerras nacionales, coloniales, mundiales y civiles. Desde entonces la Cruz Roja ha mediado en todos los conflictos, resuelto problemas personales en catástrofes y enseñado a los políticos cómo paliar el odio y la guerra con humana imparcialidad.

Tres han sido las sucesivas acciones humanitarias de Cruz Roja en la historia. La primera con las víctimas de los conflictos bélicos: Derecho internacional humanitario, mediación, asistencia a prisioneros y refugiados. La segunda dirigida a las víctimas de desastres en tiempo de paz: Prevención, apoyo y socorro ante catástrofes y accidentes. Finalmente, ha cuidado la calidad de vida de las personas y colaborado con el Estado de Bienestar, a través de ayuda social, cooperación al desarrollo, promoción de la paz, defensa de los derechos humanos y protección del medio ambiente.

Históricamente el CICR, las sociedades nacionales y las asambleas locales de Cruz Roja han trenzado personas, territorios, culturas, religiones y sistemas políticos, hasta formar la mayor ONG mundial. Hoy son casi 200 sociedades nacionales que movilizan una ingente cantidad de socios y 100 millones de voluntarios; incitan así a los ciudadanos a colaborar voluntariamente con el Estado de Bienestar en programas de salud, alimentación e inclusión social. Su labor humanitaria asistió en 2018 a 160 millones de personas en el mundo: 40 millones en África, 37 en Medio Oriente, 35 en Asia y Pacífico, 25 en América y 23 en Europa.

Desde 1965 cultiva siete principios programáticos que marcan el comportamiento de la institución y el compromiso social de sus voluntarios: Humanidad, Imparcialidad, Neutralidad, Independencia, Carácter Voluntario, Unidad y Universalidad.

España se implicó en esa experiencia desde el principio con la firma pionera del Tratado de Ginebra de 1864 que impuso el Derecho Humanitario Internacional. Ese año se constituyó la primera Junta de Cruz Roja Española y en 1867 se aprobaron sus Estatutos. La difundieron su órgano oficial La Caridad en la Guerra (1870-96) de Landa y La Voz de la Caridad (1870-84) de Concepción Arenal.

Cruz Roja Española prestó ayuda humanitaria en la guerra franco/prusiana de 1870 y actuó en la tercera guerra carlista de 1872 (donde introdujo el mandil de socorro, el transporte de heridos por ferrocarril y el primer servicio de ambulancias). En los conflictos bélicos de África de 1918 se crearon 36 hospitales. Tras expandirse durante la II República, estuvo muy activa en la guerra civil y repatrió a los españoles de la URSS. En los setenta creó la red de primeros auxilios en carretera y el salvamento de náufragos. Desde 1985 se democratizó e incrementó el voluntariado. Durante los noventa amplió su acción a colectivos vulnerables: Personas mayores, refugiados e inmigrantes, afectados de SIDA, drogodependientes, infancia y juventud, población reclusa, discapacitados y mujer en dificultad social. Pronto se incorporó a los programas internacionales de cooperación al desarrollo, ayuda humanitaria e institucional. En 2018 asistió a cerca de 4 millones de personas en el territorio nacional con el compromiso de más 200.000 personas voluntarias y 1.350.000 socios.

No nos vale el axioma “si quieres la paz prepara la guerra”, al revés, hay que construir la paz humanizando la política, la sociedad y la cultura. Necesitamos basar en valores humanos la vida cotidiana, la relación social, la familia y el trabajo. Hay que colocar al hombre en el centro de la ley y del gobierno.

La conmemoración mundial de la Cruz Roja puede ser una bocanada de oxígeno humanizador para descubrir las carencias de nuestra cultura política, que se ha mostrado frentista, excluyente, escasa de valores humanos y capaz de gestar una guerra fría en España.

 

Publicado en El Norte de Castilla el sábado, día11 de mayo de 2019

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Sobre el autor

El Mirador de Clío está redactado por Pedro Carasa, un historiador que tratará de observar el presente desde la historia. Se evoca a Clío porque es la musa griega de la historia y de la poesía heroica, hija de Zeus y Mnemósine, personificación de la memoria. El nombre de mirador indica que la historia es una atalaya desde la que proyecta sus ojos el historiador, como un busto bifronte de Jano, que contempla con su doble mirada el pasado desde el presente y el presente desde el pasado.