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	<title>¿Crispación? | El Mirador de Clío - Blogs elnortedecastilla.es</title>
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		<title>¿Crispación? | El Mirador de Clío - Blogs elnortedecastilla.es</title>
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		<pubDate>Wed, 15 Jul 2020 16:20:47 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Pedro Carasa</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>

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<html><head><meta http-equiv="content-type" content="text/html; charset=utf-8"></head><body><p>El <strong>españolito</strong> de Machado sigue triste porque una de las <strong>dos Españas</strong> aún puede <strong>helarle el corazón</strong>. Si estuviera aquí, tras cien días de confinamiento, rodeado de un cuarto de millón de contagiados y de 40000 muertos, se preguntaría asustado ¿por qué los partidos políticos no alcanzan <strong>pactos de Estado</strong> y se pelean con provocación, <strong>enfrentamiento</strong>, polarización y fanatismo?</p>
<p>Las graves <strong>crisis</strong> históricas han dado l<strong>ecciones de prioridades</strong> de valores y hecho <strong>exámenes de actitudes</strong> a los gestores públicos. Responder a ellas con <strong>crispación</strong> es peor que coger la rabieta del niño que no quiere aprender. De las malas actitudes, la peor no es sólo la falta de educación, preocupa más <strong>la grave enfermedad política</strong> de no tener <strong>principios y valores</strong>, carecer de <strong>sentido de Estado</strong>, no ser capaz de c<strong>onectar con los electores</strong> e incumplir el deber democrático de <strong>pactar</strong>.</p>
<p>En los trances difíciles de los <strong>tres últimos siglos</strong>, una parte de la élite política española <strong>no ha aprendido</strong> la enseñanza básica de la convivencia civil y <strong>ha suspendido</strong> el examen político por impedir los <strong>acuerdos</strong> y no buscar la <strong>unidad</strong> ante las emergencias sociales. Justamente son estos momentos cruciales los que <strong>refuerzan a las élites que se adaptan</strong> a las necesidades y los que <strong>debilitan a los políticos que se enfrentan</strong> sin salidas pactadas. No aprender estas lecciones <strong>ha sembrado en el pasado dictaduras y guerras</strong>.</p>
<p>En el primer tercio del XIX, mientras <strong>unos patriotas consensuaron</strong> la Constitución 1812, otros políticos radicales <strong>se persiguieron y exiliaron</strong>, como denunció Goya pintando dos <strong>hermanos a garrotazos</strong>. En el segundo tercio, unos liberales pioneros <strong>implantaron las finanzas, el ferrocarril y el mercado,</strong> pero <strong>otros se enfrentaron</strong> en <strong>motines</strong> anticlericales y <strong>guerras</strong> carlistas. En la crisis de 1868, al tiempo que unos aprendían <strong>cultura democrática y abolían la esclavitud,</strong> otros se enzarzaron en <strong>guerras dinásticas y coloniales</strong>. En el trance del 98 muchos intelectuales d<strong>efinieron la España</strong> que pasaba de imperio a nación, pero otros s<strong>e suicidaron en guerras imperiales.</strong> En el primer tercio del XX destacó la <strong>brillante elite de la edad de plata</strong> de la cultura española, pero hubo otras fuerzas que pelearon en c<strong>onflictos clericales, militares y políticos</strong> que condujeron a la dictadura. Siguió esta tensión fratricida enfrentando a l<strong>a creativa élite reformista de la II República</strong> con el<strong> grupo autoritario</strong> que gestó la trágica guerra civil.</p>
<div class="voc-advertising voc-adver-inter-text hidden-md hidden-lg voc-adver-blogs-entries"></div><p>También se han contrapuesto <strong>dos actitudes</strong> en las últimas crisis de la democracia. En la primera reinó e<strong>l consenso de la Transición</strong>, que nos sacó de la dictadura, pactó en la Moncloa, redactó la Constitución y nos incorporó a Europa. Pero en las crisis de 2008 y 2020 no se aprendió la lección, s<strong>e rompió el pacto constituciona</strong>l, abundó la corrupción, apareció <strong>el populismo</strong> y e<strong>l nacionalism</strong>o buscó la independencia.</p>
<p>En las dos últimas legislaturas han aparecido en el escenario político t<strong>ensiones en partidos</strong> políticos, censuras e investiduras de gobiernos, negociación y control del procés catalán y gobierno de coalición con Podemos. Tan <strong>inestable marco</strong> ha dificultado gestionar la crisis más grave tras la guerra civil. Esta <strong>pandemia</strong> ha sido otra oportunidad para haber aprendido la l<strong>ección básica de fortalecer y cohesionar lo público</strong> y lo común. El resultado indica que la política, la sociedad, <strong>el Estado de Bienestar</strong>, la economía y el empleo <strong>pueden empeorar</strong>.</p>
<p>El pacto constitucional de 1978 ha sido sustituido por g<strong>estos agónicos y fanáticos</strong>. La sociedad sigue perdiendo confianza en sus políticos. La <strong>utopía</strong> social de los <strong>indignados</strong> se ha convertido en una <strong>distopía de poder</strong>. De los seis partidos que sostienen la geometría variable de la investidura, <strong>sólo uno cree en la constitución</strong>. Los dos populismos de extrema derecha e izquierda alimentan la inestabilidad política e institucional.</p>
<p>La <strong>debilidad del Estado</strong> ha permitido romper la <strong>separación de poderes</strong> y generar conflictos entre ellos. Incluso se ha contaminado el <strong>rol de la monarquía</strong>. El <strong>poder judicial ha sido cuestionado</strong> dentro y fuera. El <strong>parlamento apenas ha legislado</strong> porque se ha gobernado por decreto. El debate en la <strong>sede soberana</strong> ha roto la cortesía parlamentaria y se ha teñido de <strong>insultos, acusaciones y enfrentamientos</strong>.</p>
<div class="voc-advertising voc-adver-inter-text hidden-md hidden-lg voc-advertising-mobile-ready"></div><p>El gobierno de coalición adolece de unidad y se mueve entre i<strong>ncertidumbres y correcciones.</strong> La incipiente <strong>comisión de reconstrucción</strong> ha comenzado <strong>tensa</strong> y no ha logrado sentar bases comunes. La comunicación política durante la pandemia no ha sido transparente, la información ha resultado cambiante y no ha logrado ni precisar el número total de muertos.</p>
<p>La cultura política <strong>particularista de las élites autonómicas</strong> (dos millones de funcionarios) ha r<strong>eplegado al Estad</strong>o. La <strong>izquierda</strong> lo ha agravado al <strong>priorizar identidades</strong> y competencias nacionalistas <strong>por encima de la igualdad</strong> y solidaridad de todos. Las <strong>bisagras nacionalistas</strong> aún controlan parlamentos y gobiernos, exigen competencias estatales y <strong>depredan presupuestos</strong>. El Estado n<strong>o ha logrado ejercer el mando único</strong> que reclamaba el desastre de la covid-19, las trece <strong>conferencias de presidentes</strong> no han logrado la cogobernanza y las Autonomías acaban <strong>rivalizando</strong> entre sí para controlar la desescalada.</p>
<p>Los <strong>partidos políticos</strong>, financiados a veces con <strong>corrupción</strong>, se han <strong>fracturado</strong> internamente, <strong>carecen de programas</strong> fiables, pelean entre sí y p<strong>ierden la confianza</strong> de sus votantes. Hasta la colaboración de las f<strong>uerzas de seguridad</strong> ha sufrido <strong>controles</strong> políticos y <strong>enredos</strong> judiciales.</p>
<p>La economía anuncia otra <strong>depresión</strong> por el lastre de la enorme <strong>deuda</strong> pública, el <strong>déficit</strong> de hacienda y la incapacidad de acordar el <strong>presupuesto</strong>. Son profundas las <strong>dificultades del turismo y la industria automovilística</strong>. Tal vez ni siquiera el dinero de la Europa dividida pueda ofrecer un respiro temporal.</p>
<p>La sociedad se ve amenazada por un <strong>paro de 19 millones</strong> y padece una creciente p<strong>obreza que alcanza al 25%</strong> de la población, incluida la clase media.</p>
<p>Mientras <strong>los ciudadanos han cumplido</strong> con responsabilidad el confinamiento, la pandemia ha visibilizado <strong>serios defectos que los políticos</strong> deberían reconocer: La <strong>debilidad de los poderes del Estado</strong>, el <strong>particularismo</strong> de las CCAA, las <strong>fracturas de los partidos</strong>, la v<strong>ulnerabilidad de nuestro Estado de Bienestar</strong>, la escasa valoración de los <strong>bienes comunes</strong>, la incapacidad para lograr <strong>pactos de Estado</strong> y las <strong>incorrectas formas</strong> de los políticos.</p>
<p> </p>
<p>Este artículo ha sido revisado para la página web de las Asociación Cultural DDOOSS</p>
</body></html>
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