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	<title>Delibes ganó la posguerra | El Mirador de Clío - Blogs elnortedecastilla.es</title>
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		<title>Delibes ganó la posguerra | El Mirador de Clío - Blogs elnortedecastilla.es</title>
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		<pubDate>Sat, 12 Dec 2020 11:36:34 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Pedro Carasa</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>

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		<description><![CDATA[PEDRO CARASA Historiador «Al subrayar los hondos valores de Castilla, los rescató del secuestro con que los estaba desfigurando la España vencedora, la Valladolid falangista y la Iglesia rancia»   En el centenario de Delibes queremos realzar su valiente comportamiento en la crisis histórica de la posguerra española. Entonces respondió decidido a las dificultades surgidas en [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<!DOCTYPE html PUBLIC "-//W3C//DTD HTML 4.0 Transitional//EN" "http://www.w3.org/TR/REC-html40/loose.dtd">
<html><head><meta http-equiv="content-type" content="text/html; charset=utf-8"></head><body><p><a href="https://www.elnortedecastilla.es/autor/pedro-carasa-2786.html" rel="external nofollow">PEDRO CARASA </a>Historiador</p>
<p><strong>«Al subrayar los hondos valores de Castilla, los rescató del secuestro con que los estaba desfigurando la España vencedora, la Valladolid falangista y la Iglesia rancia»</strong></p>
<p> </p>
<p>En el <strong>centenario de Delibes</strong> queremos realzar su valiente comportamiento en la crisis histórica de la posguerra española. Entonces r<strong>espondió decidido a las dificultades</strong> surgidas en su formación como profesor, periodista y escritor. No entraremos en su estilo literario, destacaremos solo su resuelto mensaje de <strong>valores naturales, humanos y castellanos</strong> en aquel trágico repliegue que estancó al <strong>Valladolid pobre, patriótico y piadoso</strong> de los años cuarenta.</p>
<div class="voc-advertising voc-adver-inter-text hidden-md hidden-lg voc-adver-blogs-entries"></div><p>En 1938 se presentó voluntario a combatir en la marina nacional para no ser llamado a filas en infantería. Al volver, tras estudiar Comercio, Derecho y Artes y Oficios, fue periodista en <em>El Norte de Castilla</em> y profesor en la Escuela de Comercio. Pero el camino de la posguerra le fue difícil, contra corriente, porque <strong>el poder censuró</strong> su novela <em>Aún es de día</em>, <strong>criticó</strong> su libro de profesor de historia y <strong>reprobó</strong> su gestión en <em>El Norte</em>.</p>
<p>En estos años España tomó una <strong>deriva dramática</strong>. Prolongó la guerra con la persecución, el exilio, la autarquía y el racionamiento, y hundió su demografía, dividió la sociedad, cerró su economía y aceptó el fascismo. Valladolid acabó atenazada por la <strong>represión</strong> y la <strong>desmoralización</strong>. Pero Delibes superó este entorno hostil y reaccionó con valentía. <strong>Convirtió en estímulo la dificultad</strong> de su familia numerosa. Ante los conflictos como periodista de <em>El Norte</em> se c<strong>obijó de la censura</strong> bajo el título de <em>El caballo de Troya</em> y abrió la ventana del <em>Aula de Cultura</em> para <strong>ventilar aquella ciudad hermética</strong>. Y consiguió despegar como un <strong>novelista crítico</strong>, inquieto por defender la <strong>naturaleza</strong>, dolido por la r<strong>uina del mundo rural</strong> y <strong>pesimista</strong> por el sentido de la muerte que impregnaba aquel ambiente violento.</p>
<p>La misma crisis que hundió a España y echó a Valladolid en brazos del vencedor, empujó en cambio a Delibes a <strong>contradecir al tradicionalismo falangista y clerical</strong> y a <strong>novelar los hondos valores</strong> de su lengua y su tierra que eran contaminados por la dictadura.</p>
<p>Se ha dicho que en la literatura de posguerra sólo revivieron los escritores del exilio. Pero <strong>Delibes logró reaccionar desde dentro,</strong> le indignó la desmoralización, la beatería farisaica y la justificación de tanto fusilamiento y represión.</p>
<div class="voc-advertising voc-adver-inter-text hidden-md hidden-lg voc-advertising-mobile-ready"></div><p>Las corrientes literarias se diferenciaron en <strong>novela existencial</strong>, realismo social y tremendismo. La primera la practicaron Delibes, Aldecoa y Laforet al describir <strong>personas en conflicto existencial</strong> con su entorno, de vida cotidiana triste, desoladora y frustrada. Delibes no quiso ser Gironella, porque escribió <strong>novelas políticamente incorrectas </strong>que reflexionaron críticamente sobre el dolor de posguerra. Tampoco imitó a Cela, porque evitó el tremendismo. La novela existencial de Delibes en los hostiles cuarenta se situó en medio, y <strong>anticipó algo del realismo social</strong> de los cincuenta contra las calamidades de la guerra.</p>
<p>Su primera novela, <em>La Sombra del ciprés es alargada</em> (Nadal de 1947) fue una mirada <strong>mística y pesimista</strong> a la muerte, eco de la guerra civil. La segunda, <em>Aún es de día</em>, fue otro sombrío relato realista con una <strong>esperanzadora fábula</strong>. Sus personajes se movían en ambientes brutales de miseria, alborozo y sordidez, no exentos de humor; pero, al final, cuando aún es de día, lograron salir a la luz. La <strong>censura cortó</strong> en ella un infanticidio porque lo creyó un aborto. Tras padecer tuberculosis, Delibes escribió la tercera novela, <em>El Camino</em>, encuadrada en un escenario de la naturaleza donde un niño sufre el éxodo del campo y su exclusión en la ciudad. El Mochuelo, el Tiñoso y el Moñigo descubrieron que las mujeres parían como las conejas, pero trabajaron penosamente la tierra y anhelaron llegar a la ciudad.</p>
<p>A pesar de tanta adversidad, <strong>Delibes no huyó de Valladolid</strong> a Madrid o Barcelona, tras sus editores. Al revés, convirtió la ciudad y su periódico en f<strong>oco de atracción</strong> para colegas perseguidos. Arraigó en ella como un árbol que <strong>crece donde lo plantan</strong>. Pero le tocó vivir un Valladolid de <strong>pobreza, fanatismo político y obligada piedad</strong> que le resultó un opresor caldo de cultivo para formarse como caricaturista, crítico de cine, profesor y novelista.</p>
<p>Consiguió librarse de los <strong>tres ejes</strong> de supervivencia que centraban la ciudad: <strong>Auxilio Social, Teatro Calderón y Santuario Nacional.</strong> Aprendió a esquivar las <strong>tres profesiones</strong> que brillaban más que el sol: <strong>cura, cadete y juez de instrucción.</strong> Se libró de las t<strong>res turbas de colas</strong> de <strong>abastos</strong>, de oyentes de <strong>sermones</strong> y de gente de bulto que aplaudía actos <strong>patrióticos</strong>.</p>
<p>Las instituciones de la ciudad servían al régimen, el Auxilio Social buscaba más p<strong>ropaganda falangista</strong> que caridad cristiana. Estaba desmoralizada la población, <strong>no era pecado el estraperlo ni la violencia represora</strong>, pero era mortal el incumplimiento dominical y pascual. No preocupaba la justicia, solo inquietaba la <strong>moral de escote y pantorrilla</strong>. Desde 1942, los vallisoletanos asistían a <strong>militarizadas procesiones</strong> de Semana Santa. La enseñanza al servicio de la causa imponía <strong>saludos militares, ritos, símbolos y cánticos patrióticos falangistas</strong> a los niños, medio monjes medio soldados, en los patios de las escuelas. En la capital, mitad cuartel mitad sacristía, e<strong>l clero exaltaba la violencia política, la represión y los fusilamientos</strong>.</p>
<p>Era urgente una tarea de <strong>reconstrucción moral</strong>, que Delibes consiguió con sus personajes que rezumaban un <strong>humanismo natural, familiar y vecinal,</strong> contrario al tradicionalismo franquista. Delibes vivió en su vida y promovió en sus libros <strong>la familia</strong>, que también fueron leídos en familia. Su profunda valoración del <strong>campo, de la naturaleza y de la lengua</strong> de sus mayores no era arcaica, no pertenecía al ruralismo franquista. Porque no idealizaba una Arcadia feliz, denunciaba más bien que las carencias humanas del consumo vaciaban de servicios el campo. <strong>Anticipó la España vaciada</strong> al escribir que los pueblos eran el símbolo de la estrechez, el abandono y la miseria. «Hemos matado la cultura campesina pero no la hemos sustituido por nada, al menos, por nada noble».</p>
<p>Delibes <strong>venció la posguerra vallisoletana de pobreza, represión y fanatismo</strong> y consiguió afirmarse como periodista, profesor y escritor. Al subrayar los hondos <strong>valores de Castilla,</strong> <strong>los rescató del secuestro</strong> con que los estaba desfigurando la España vencedora, la Valladolid <strong>falangista</strong> y la Iglesia <strong>rancia</strong>. Consiguió su lugar propio en la literatura, se situó entre la novela franquista y el tremendismo y encarnó en sus novelas referentes existenciales y éticos.</p>
<p>Una <strong>lección</strong> para quienes ahora estamos agobiados por la sanidad y la economía en declive. Como a Delibes, la crisis puede ayudarnos a <strong>ajustar nuestras capacidades y estimular valientes decisiones</strong> para superar el presente y afrontar el futuro.</p>
<p> </p>
<p>Se publicó en la edición de papel de <em>El Norte de Castilla</em> del viernes, 11 diciembre  de 2020</p>
</body></html>
<hr />
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