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Pedro Carasa

El Mirador de Clío

Sátiras del Poder

Pedro Carasa. Historiador
Dicen algunos historiadores y especialistas en la Biblia que el relato y la fiesta de los Santos Inocentes, narrados sólo en dos evangelios apócrifos y en el de San Mateo, expresan la reacción de la comunidad cristiana contra Herodes, ejemplo de la dominación del imperio romano. Trataron de vencer el cruel propósito del rey de Judea, títere romano, genocida y perseguidor de Jesús como Rey de los judíos.
Varios expertos interpretan la fiesta de los Santos Inocentes como una cristianización de los festejos saturnales romanos que en el solsticio de invierno invertían el orden social, se burlaban de los poderes del momento y representaban a amos sirviendo a esclavos. Se publicaron las llamadas libertades decembrinas que proponían ritos de subversión de jerarquías, como los sátiros romanos, que censuraban autoridades y jerarquías sociales.
Comenzó la comunidad cristiana el culto de los Santos Inocentes en una cueva de Belén. Desde el siglo IV se implantó la fiesta entre romanos, griegos, sirios, caldeos y mozárabes. Insistió en la celebración de los primeros mártires, del dolor de San Esteban, del amor de San Juan Bautista y de la sangre de los Inocentes, todo un cortejo del Cordero víctima de un sacrificio. Eran considerados mártires, no por morir por Cristo, sino en lugar de Cristo. Significaban exactamente los valores contrarios al político dominador que pretendían vencer, eran inocentes por no tener culpa y ser inofensivos.
Extendió el mensaje de los Inocentes por todo el mundo una larga serie de obras de arte, pinturas, mosaicos, esculturas, liturgias, retablos, cuevas, templos, basílicas, tradiciones, leyendas, cuentos y, sobre todo, fiestas populares.
Destacaremos las relevantes fiestas medievales que mostraron un espíritu sarcástico y dieron a los niños papeles de mando y disfraces de clérigos para burlar su autoridad. En la iglesia de Perpiñán, la fiesta del obispillo confiaba el sermón y la ceremonia a dos niños de mando y oposición. En Italia lo celebró la fiesta similar de la Befana el día de San Nicolás de Bari. En Venecia la celebración era conocida como del Obispo dei Pazzi o de los Inocentes. En Inglaterra se llamaba Boy Bishop. En Francia, Bélgica y Grecia se celebraban en abril bromas conocidas como Poisson d’Avril, o el April Fool’s Day (Día de las Bromas). En todas latía una visión sarcástica del poder, sobre todo eclesiástico. Así lo sugerían los Cuentos de Canterbury.
En el Imperio de Felipe II hubo similares movimientos como la fiesta de Los Locos, el Rey de la Faba, los Alcaldes de Inocentes, del Asno. Como las saturnales, buscaban volver el mundo del revés y criticar a los poderosos y la Iglesia.
Proliferaron celebraciones de este estilo en México y Argentina, muchas insistían en la crítica del poder dominador español. En El Salvador salían canastos con imágenes de niños, con exvotos y agradecimientos. En Venezuela, Los Zaragozas danzaron con máscaras el baile de Tamunanque. En Sanare y otras localidades celebraban semejantes fiestas de Locainas, en el altar de los Santos Inocentes.
Subrayamos cómo en Castilla se popularizaron importantes festejos en diciembre. Sobresale la fiesta medieval del Obispillo de Burgos, que inviste como obispo a un niño de la escolanía de la catedral y lo monta en una burra para recorrer y bendecir toda la ciudad. Fue prohibida y se restauró en el siglo XX. También se celebró en la catedral de Palencia, desde el s.XIII, y se recuperó en 2009. Igualmente se aclamó la Obisparra, procesión pagana satírica similar, en comarcas de Zamora. Hubo otras procesiones así en el s.XV en la Universidad de Salamanca y en Ponferrada.
Asimismo el Monasterio de Montserrat celebraba en los Inocentes la fiesta del Bisbetó, que sigue en la actualidad. En Tremp y Fraga se festejaron batallas de peñas de parecido tono. En Ibi hizo baile y ruido la Fiesta de los Enfarinats, que con chistera negra, en una satírica batalla de harina, quitaban el poder al alcalde, juez y alguacil. Había parecidos actos populares en Valencia y Granada. Existió otro obispillo en la catedral de Sevilla y, al caer su cimborrio en los Inocentes, fue suspendido en el XVI. Se festejó asimismo en Navarra. Pasó a Gran Canaria, donde se anuló por publicar palabras deshonestas. Al final, las prohibieron consejeros, inquisidores y el concilio de Trento en 1566.
Historiadores y biblistas discutieron si fueron hechos reales o meros relatos bíblicos. Mitos y homilías hablaron de miles de niños degollados, pero Belén no tuvo más de 20 menores de dos años. Que Herodes muriera el 4 a.C. enredó la fecha. Flavio Josefo, escritor y militar judeorromano del siglo I, no los mencionó en su conocida historia. Voltaire criticó a los Inocentes y lamentó que no se veneraran como tales los franceses expulsados de Sicilia, los hugonotes ejecutados en Francia, los indígenas del Nuevo Mundo degollados por no ser cristianos y los luteranos condenados en los autos de fe de Valladolid y Madrid. Aconseja que, más que creer a la Biblia, hay que seguir a los maestros de Salamanca, La Sorbona y Coimbra. Caro Baroja subrayó el sentido crítico del joven clerizón o estudiante elegido obispo, revestido y acatado en tono burlesco, que hacía dimitir simbólicamente al auténtico obispo y tomaba posesión de la catedral. Delibes representó la renuncia, sacrificio y obediencia de los campesinos bajo el título Los Santos Inocentes.
Hoy las inocentadas son bromas cándidas y los obispillos menos sarcásticos. Por eso, aunque el poderoso evite urnas para votarlo, la sátira no osará proponer botarlo.

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Sobre el autor

El Mirador de Clío está redactado por Pedro Carasa, un historiador que tratará de observar el presente desde la historia. Se evoca a Clío porque es la musa griega de la historia y de la poesía heroica, hija de Zeus y Mnemósine, personificación de la memoria. El nombre de mirador indica que la historia es una atalaya desde la que proyecta sus ojos el historiador, como un busto bifronte de Jano, que contempla con su doble mirada el pasado desde el presente y el presente desde el pasado.