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Pedro Carasa

El Mirador de Clío

Monedero y el sindicato católico agrario

La notable familia palentina Monedero incluía a Fernando, un abogado, periodista y notable propietario, gamacista y maurista en el Congreso y el Senado. También a Juan Monedero, industrial, alto propietario de la Liga Agraria, amigo de Cánovas, diputado y senador. Pero el que nos interesa ahora es su hijo, el dueñense Antonio Monedero (1872-1945), que movilizó al campesinado en el siglo XX.
Antonio se educó en el Colegio S. José y con la Congregación Mariana del P. Colina de Valladolid. Olvidó su título noble para ser propietario, abogado, financiero, harinero y fabricante de luz. En su finca Aguachal mejoró razas, máquinas, cultivos y abonos. Creó cooperativas de consumo, cajas rurales, socorros mutuos, ayudas de vejez, asilo hospital y refugio docente para sus jornaleros y campesinos.
También en Valladolid, desde 1912, coincidió con el jesuita Sisinio Nevares. Juntos inauguraron la Casa Social Católica en el Frontón Fiesta Alegre en 1915, para crear un «nuevo resurgimiento social y patriótico, contra las deletéreas doctrinas antirreligiosas, antisociales y antiespañolas de los corifeos socialistas». Participaron en ella cuatro obispos: Herrera, Almaraz, Cos y Gandásegui. Fue un remedo que sustituyera la Casa del Pueblo. Editó la revista Castilla Social, El Ferroviario del sindicato y Boletín de la Federación de Sindicatos Católicos Agrícolas de Valladolid (1913). La biblioteca de PP.Agustinos en Valladolid conserva las publicaciones sociales.
Como Director General de Agricultura con Maura redactó su ley reformista. Entró en la Asamblea de Primo de Rivera. Cuando Herrera Oria quiso crear desde El Debate un Partido Nacional Católico, Monedero fundó la Liga Nacional de Campesinos. Compitió y perdió las elecciones constituyentes de la República. Apoyó la guerra civil y gestionó la Obra Nacional Corporativa franquista.
Su meta fue armonizar al propietario con el pequeño campesino y recristianizar Castilla con los sindicatos católicos agrarios. En 1911 fundó la Asociación Católica Patronal Obrera en Dueñas. En 1912 federó en Palencia 54 sindicatos. Entre 1913-14 extendió el movimiento por Castilla. Lo recibían los pueblos con palio, cohetes, bandas y tañido de campanas. Les hablaba e ilustraba con linterna mágica y cinematógrafo. En 1914-19 presidió la Confederación Católica Agraria de Castilla y León. Logró 120 sindicatos en 250 pueblos palentinos, 1258 en Castilla la Vieja y León y 5442 en España. También divulgó los sindicatos en Galicia, Andalucía y Cataluña.
Gritaba que eliminar la lucha de clases era labrar mejor la tierra y producir más. Los socialistas acusaron a estos sindicatos de cofradías revientahuelgas.
Como apóstol mitinero de Propaganda Católica, escribió en revistas, periódicos, boletines y libros. Publicó enseñanzas agrícolas como Las razas de carne y Vulgarización de la ciencia agrícola. Fueron significativos sus libros Siete años de propaganda, La Confederación Nacional Católico-Agraria y Principios básicos de la CNCA.
La crisis del primer tercio del XX fue agresiva para la Iglesia por el anticlericalismo socialista y la violencia anarquista. Pero fue peor para los campesinos por despoblación, emigración, competencia de cereal extranjero, viñedos con filoxera, agobio contributivo, revuelta agraria castellana, Semana Trágica, pobreza en la Gran Guerra, huelgas de 1917, tensión entre ferroviarios vallisoletanos católicos y socialistas, represión campesina andaluza (1919) y violento trienio bolchevique (1918-20).
En semejante crisis los liberales, socialistas y anarquistas europeos menguaron la hegemonía social de la Iglesia. Quiso recuperarla la reacción del catolicismo social de la Rerum Novarum (1891) de León XIII. Para ello propuso generar movimientos sociales católicos con fe, armonía social, orden, propiedad y crédito agrario contra vicios y usura.
Los radicales españoles también intervinieron en la crisis agraria con la Comisión de Reformas Sociales (1883), ley de asociaciones (1887) y ley de sindicatos agrícolas (1906).
Más aún, en España intensificaron la campaña de catolicismo social el jesuita Vicent al convertir círculos católicos obreros en sindicatos federados en 1906, el cardenal Herrera Oria y su Propaganda Popular Católica, el P. Nevares y la Casa Social Católica, el obispo Almaraz y sus Círculos Católicos y Monedero con la Federación Sindicalista Católico-Agraria. Crearon socorros mutuos, montes de piedad, montepíos, mutualidades, cooperativas, arcas de misericordia, cajas rurales, bancos agrícolas y hermandades para pacificar al pequeño campesino. Extendieron colonias católicas agrarias e industriales para la armonización social. Amurallaron mansos neofeudales en torno a castillos románticos e iglesias neorrománicas/neogóticas, que protegían las casas de campesinos sumisos al señor y al capellán. Abundaban crucifijos, tronos del Corazón de Jesús, Inmaculadas, sanisidros, patronos, rosarios y jaculatorias.
Fueron un símbolo Alfonso XIII y Antonio Maura consagrando España al Corazón de Jesús en el Cerro de los Ángeles el día de la Raza de 1919.
Era un movimiento de arriba a abajo, con débil reivindicación, paternalismo encubierto, falta de autonomía, unión vertical de propietarios y jornaleros y sumisión del pequeño labrador. Su acción social era rica por el crédito, compra-venta en común, maquinización, abonos y semillas. Pero también ideologizaba y moralizaba, convertía a la Iglesia en salvadora y mediadora entre grandes propietarios y pequeños campesinos. Latía lucha política, control social, interés económico y obediencia religiosa del campesino.

Artículo editado en El Norte de Castilla del Domingo, 22 de marzo 2026, así como en su edición On Line.

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Sobre el autor

El Mirador de Clío está redactado por Pedro Carasa, un historiador que tratará de observar el presente desde la historia. Se evoca a Clío porque es la musa griega de la historia y de la poesía heroica, hija de Zeus y Mnemósine, personificación de la memoria. El nombre de mirador indica que la historia es una atalaya desde la que proyecta sus ojos el historiador, como un busto bifronte de Jano, que contempla con su doble mirada el pasado desde el presente y el presente desde el pasado.