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Pedro Carasa

El Mirador de Clío

Alonso Martínez, un liberal conciliador que renovó el Derecho español

Manuel Alonso Martínez fue una referencia en la historia del Derecho y las leyes de España. Un humanista con talento y ánimo conciliador. Conocía bien la literatura y música clásica, pero mejor aún la ciencia jurídica y la experiencia legislativa occidental, con la que renovó a fondo el Derecho español.
Nació en 1827 en una familia comerciante textil burgalesa de clase media y murió en Madrid en 1891 venerado como brillante jurisconsulto español. En su densa familia colaboraron sus hijos: Vicente fue parlamentario de Cervera y Marqués de Alonso Martínez, Lorenzo fue ingeniero de minas vinculado a Ferrocarriles del Norte y representante de Burgos y Dionisio fue diputado por Cervera. Conectó con políticos notables, tanto a escala española (fue suegro del Conde de Romanones al casarse su hija con Álvaro de Figueroa), como burgalesa (donde trabó la élite con lazos familiares).
Residió en Burgos y se educó en el Colegio de S. Nicolás. Fue a Madrid a licenciarse en Derecho y Filosofía y Letras. Perteneció al Colegio de Abogados y abrió bufete en la ciudad castellana, pero destacó sobre todo su despacho madrileño. Miembro del Ateneo, presidió la Academia de Jurisprudencia y Legislación y entró en la de Ciencias Morales y Políticas.
Cultivó más la familia que el patrimonio, aunque poseía fincas desamortizadas en Leganés, su residencia notable en Madrid y la sede veraniega en Donosti donde curar su bronquitis y veranear con las élites.
Se interesó en el ferrocarril al pertenecer a Caminos de Hierro del Norte, presidir el Crédito Mobiliario Español y subvencionar el tren como Ministro de Fomento y Hacienda. Concedió el Ferrocarril del Norte a la Sociedad General del Crédito Mobiliario y redactó la Ley de Policía de los Caminos de Hierro.
Tuvo mérito cuando criticó la desamortización de montes, dimitió en la represión de los motines del pan (1856), intentó fundar un banco de emisión, financió el Canal de Isabel II, presidió la Comisión de la Ley de Aguas, creó la Escuela Central de Agricultura, aprobó los planos de la Biblioteca Nacional y formó la carrera de ingeniero agrónomo.

Fue el parlamentario liberal burgalés más importante del XIX, un monárquico en quien confiaron Isabel II, Alfonso XII y Mª Cristina de Habsburgo. Como conciliador se alejó del Sexenio Revolucionario (1868) y de Amadeo I y propuso que el príncipe Alfonso sustituyera a su madre Isabel II. Consintió ser Ministro de Justicia en 1874 con el general Serrano y calificó su régimen de Respública. Más convencido acompañó a Cánovas a Valencia para recibir a Alfonso XII y activó luego el turno de los partidos dinásticos en el Pacto del Pardo (1885).
Como notable y orador y diputado, ganó 12 elecciones en 25 legislaturas (Castrojeriz, Lérida, Úbeda y Burgos). Buscó el acuerdo y la unidad del liberalismo entre moderados y progresistas desde el Partido Progresista, Unión Liberal, Partido Centralista (1875) y Liberal Fusionista de Sagasta. Gobernó con los líderes liberales menos radicales del XIX: Espartero (Duque de la Victoria), O´Donnell, Manuel Cortina, Sagasta y Romanones. Redactó la constitución nonata de 1856 y la de 1876 hasta presidir el Congreso de los Diputados (1889).
Fue Gobernador Civil, presidente de la Diputación de Madrid y varias veces Ministro. De Fomento con Espartero (1854) con sólo 28 años. Luego de Hacienda con O´Donnell (1856), cuando colaboró en la Ley General de Instrucción Pública de Moyano. Aceptó ser breve Ministro de Gracia y Justicia con Serrano (1874) y lo fue más estable luego con Sagasta (1881).
Su mente jurídica muy bien amueblada le permitió ser un influyente codificador y legislador de referencia nacional. Con Espartero gestionó la Comisión General de Codificación y presentó una ley del Trabajo con derecho de asociación y 10 horas de jornada laboral; al oponerse a ella los esparteristas dimitió como ministro. Promovió la ley de Imprenta (1881) que sentó las bases de la libertad de prensa. Dictó la Ley de Enjuiciamiento Criminal y gestó la reforma del procedimiento penal (1882). Replanteó también el Código de Comercio (1885). Redactó en 1889 el Código Civil hoy vigente, su sueño dorado para lograr una norma concisa y clara que diera unidad legislativa a España. Implementó juicios orales y públicos. Separó jurisdicción civil y criminal en las Audiencias de Madrid y Barcelona.  Proyectó la ley del jurado y el matrimonio civil y laico. Creó Laboratorios de Medicina Legal.
Pero tuvo sus límites. Muy decimonónico, concibió de forma arcaica el liberalismo, la religión y la sociedad. Temió que el liberalismo alejara de Dios a los españoles y propuso recristianizar la sociedad para jerarquizarla. Buscó más orden social que libertad individual. Le vino grande y no dialogó con socialismo, krausismo e Institución Libre de Enseñanza. Como Gamazo, no fue del todo liberal, ni estaba preparado para vivir el siglo XX.
Historiadores lo acusan de buscar provecho político en su reforma de la justicia y de plantear con afán localista el proteccionismo castellano, porque concibió la localidad, la comarca y la región –no la nación– como el único motor y ámbito de la sociedad. Tampoco superó la crisis y empobrecimiento de la economía burgalesa que no se recuperó hasta principios del siglo XX.
Escribió textos interesantes sobre derechos individuales, propiedad, familia, divorcio, filosofía del derecho, crítica krausista, positivismo y legislaciones forales. Se le premió con la Cruz de Carlos III y la Orden Villaviciosa portuguesa.
Su obra es imprescindible en la historia del Derecho y su actitud una lección de unidad y acuerdo en la cultura política.

Editado en El Norte de Castilla del domingo día 14 de junio de 2026. Igualmente publicado en la edición on line de El Norte de Castilla del referido domingo

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Sobre el autor

El Mirador de Clío está redactado por Pedro Carasa, un historiador que tratará de observar el presente desde la historia. Se evoca a Clío porque es la musa griega de la historia y de la poesía heroica, hija de Zeus y Mnemósine, personificación de la memoria. El nombre de mirador indica que la historia es una atalaya desde la que proyecta sus ojos el historiador, como un busto bifronte de Jano, que contempla con su doble mirada el pasado desde el presente y el presente desde el pasado.