Pedro Carasa. Valladolid
Toda dictadura teme a la Universidad. Franco después de la guerra no quiso generar ciencia en ella, buscó que sirviera para adoctrinar y relatar una historia capaz de legitimar a un Caudillo mesiánico que guiara a España, vencedora de la Cruzada, por el Imperio hacia Dios.
Franco destruyó la reforma educativa republicana, suprimió su laicismo, el bilingüismo catalán y vasco, la libertad de cátedra y la elección de sus autoridades académicas. Depuró al profesorado liberal y censuró sus bibliotecas. Persiguió a masones y comunistas e impuso militancias falangistas y católicas a profesores y asignaturas de formación política. Volvió a los ideales de la universidad tradicional capaces de justificar un sentimiento nacional religioso. Condenó el racionalismo y liberalismo por romper la unidad espiritual española. Nombró a rectores militantes de FET, autoridades adictas al régimen y formó estudiantes afines a su ideología. Controlaron la Universidad el Sindicato Falangista, la Milicia Universitaria, el Servicio Español del Profesorado de Enseñanza Superior de FET, la Protección escolar y la enseñanza religiosa obligatoria.
Franco atraviesa el Palacio de Santa Cruz en 1940, durante el acto de apertura del curso académico de la Universidad de Valladolid. Archivo de la Universidad
La ley universitaria de 1943 usó términos religiosos y militares feudales: Ejército de teólogos, batalla contra herejes, unidad religiosa, falange misionera, ciencia católica, disciplina moral, nación española destinada a ser reserva espiritual de Occidente y madre hispánica de sus hijas americanas. Eliminó la competencia investigadora de la Universidad y se la confió a los Institutos del CSIC, laboratorios ideológicos para legitimar al régimen. Obligó hacer exaltaciones y adhesiones al Caudillo. En 1940 inauguró el curso en Valladolid con un gran desfile de militares, eclesiásticos y profesores. Creó Colegios Mayores para formar estudiantes con espíritu nacional, por eso aquí los llamaron Felipe II, Santa Cruz, Reyes Católicos, Menéndez Pelayo y María de Molina. Esta tensión represora duró más de una década, pues hasta 1956 no se movilizaron estudiantes y profesores para exigir libertad y participación.
Valladolid vivió esta tensión en los años 40 como una ciudad pobre, patriótica y piadosa. La movilizaron el Auxilio de Invierno/Auxilio Social creado en 1936 por Mercedes Sanz Bachiller (viuda de O.Redondo), la Sección Femenina Falangista, el Movimiento Nacional que unió FET y JONS en 1937 y las procesiones de Semana Santa para recristianizar al pueblo. Entonces aparecieron la Revista Razón y Fe y se hicieron memorias imperiales del Concilio de Trento, de Cervantes y Lepanto, del nacimiento de Isabel la Católica (para canonizarla) y de Fernando, de la unión de los Reyes Católicos, del Gran Capitán, del Ejército español y de Gibraltar.
El Archivo de Simancas lamentó en los años 40 la ausencia de investigadores extranjeros y celebró la presencia de los nacionales, capaces de conseguir galardones, concursos y conmemoraciones. Investigaron entonces la historia nacional (54%) e imperial (12%). Creció la historia eclesiástica y la biografía de personajes de los Austrias. Pero desapareció la historia económica y social que desde los años 20 seguía a la escuela francesa de los Annales.
La Universidad de Valladolid siguió estas pautas siendo rector (1939-51) el tradicionalista y falangista Cayetano de Mergelina, catedrático de Arqueología, director del Museo Arqueológico Nacional (1937-39) y amigo del ministro Ibáñez Martín. Recibió la Medalla de la Universidad por restaurar la Facultad de Letras, crear el Seminario de Arte y Arqueología, el Paraninfo, el Colegio Mayor Santa Cruz, la Facultad de Ciencias, el Archivo de la Universidad e Histórico Provincial y los Cursos de doctorado. Incluso propuso trasladar el Archivo de Simancas a Valladolid.
Entonces la Facultad de Letras pactó con el Archivo de Simancas formar un Seminario de Historia Moderna, para investigar las relaciones imperiales de los Austrias. El ministro Ibáñez Martín lo hizo depender del CSIC para legitimar las raíces imperiales de la España franquista. Simancas catalogó y prestó numerosos documentos al Seminario con la buena colaboración de Ricardo Magdaleno, Filemón Arribas y Amando Represa.
Dirigió el Seminario el presidente de los Jóvenes Propagandistas Católicos Joaquín Pérez Villanueva, catedrático y decano de la Facultad en 1943. Enseñó en la Sorbona, fue gobernador civil, con Ruiz Giménez fue Director General de Universidades y Vicerrector de la Autónoma de Madrid. Incluso en 1957 dirigió el Colegio de España en París, en contacto con la Escuela de Annales.