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Pedro Carasa

El Mirador de Clío

Castro y Azcárate lideraron una cultura pionera en León

León consiguió crear significadas instituciones para renovar su cultura. En 1783 su Sociedad Económica de Amigos del País impulsó nueva agricultura y educación. En el Trienio Liberal de 1820 el concejo leonés superó la cultura absolutista con La Sociedad Patriótica Constitucional y la Junta Central. En 1876 los leoneses Fernando Castro y Gumersindo Azcárate renovaron la educación y la cultura al fundar La Institución Libre de Enseñanza (ILE).

León logró en el siglo XIX un creciente liberalismo. Participó en las Cortes de Cádiz con 3 nobles y 1 clérigo liberales. En 1820 sus parlamentarios Muñoz Torrero, S. Sierra Pambley y P. Azcárate resucitaron lo liberal. León tuvo ánimo burgués para pujar en las desamortizaciones de los años treinta. El Bienio Progresista y La Unión Liberal eligieron diputados reformistas como Llamazares, Acevedo, Villapadierna, Piñán, R.de Quevedo y Modesto Lafuente.

Creció el afán radical de los parlamentarios Sexenio democrático que votaron república, separación Iglesia-Estado, civilismo y educación laica. Fueron Ordáx Avecilla, Valdés Barrio, Gullón Iglesias, D. Merino, Casariego, Flórez Herques, Glez. Palacio, Chicarro, Válgoma, Glez. Ugidos, Rafael Mª de Labra, Sierra Pambley, Lázaro Bardón, Fernando Castro y Fdez. Morales.

En la Restauración nació la ILE (1876), creada por Giner de los Ríos, G. Azcárate, Salmerón y Figuerola, recién expulsados como catedráticos rebeldes por el control universitario de Orovio. Propusieron a España altos objetivos de enseñanza laica, cultura popular, educación femenina, nueva didáctica y pedagogía, corrientes artísticas y métodos científicos europeos. Siguiendo a Montaigne, Rousseau y Pestalozzi, pedían mirar al mundo como un niño para que él lo comprendiera. Como el alemán Krause, prohibieron ser orgulloso, egoísta, perezoso, falso, hipócrita, servil, envidioso, vengativo, o colérico y mandaron ser modesto, moderado, aplicado, verdadero, leal, de llano corazón, benévolo, amable y pronto a perdonar. La ILE cumplió este programa en La Residencia de Estudiantes, Junta para la Ampliación de Estudios, Patronato de Estudiantes, Instituto Escuela, Escuela de Criminología y Museo Pedagógico Nacional.

Alimentaron la edad de plata de la cultura leonesa subiendo los peldaños de las crisis de la Restauración. Cuando España en el 98 dejó de ser imperio colonial y se acomplejó como nación alejada de Occidente, la ILE le recordó que debía cerrar los conflictos americanos y marroquíes y vincularse culturalmente a Europa. Frente el caciquismo enseñó a sanear las elecciones con democracia y cultura popular. Ante la lucha de clases sindical, promovió que el Estado interviniera en política social, laboral, seguridad social y movimientos internacionales. Condenó la tensión española clerical/anticlerical y pidió laicismo en la enseñanza, el arte y la ciencia. Rechazó los controles universitarios del poder y exigió libertad de cátedra, pedagogía renovada, becas e intercambios europeos. Usó la prensa como cuarto poder de crítica política.

León fue una excepción en la meseta norte al recorrer este pionero camino de la ILE. Sin Universidad, eligió a 3 rectores y 10 catedráticos de la Central y se vinculó al Ateneo de Madrid. Varios parlamentarios usaron el capital simbólico de las Academias de Lengua, Historia, Jurisprudencia y CC. Morales. La ILE formó en León sociólogos, historiadores, médicos, pedagogos y literatos de la talla de los Azcárate, F. Castro, L. Bardón, B. Cossío, los Gullón, Arriola, Campoamor, F. Morales, R.Mª.de Labra, Llanos Torriglia, Modesto Lafuente, Fdez. Blanco y Llamazares. La Residencia se llenó de estudiantes de León. Sus diputados ruizorrillistas, sagastinos, garcíaprietistas, gullonistas, datistas y merinistas extendieron la pionera reforma de la ILE.

Destaca Fernando Castro, sacerdote, jurista, sociólogo, historiador y parlamentario. Apoyó las Conferencias Dominicales para la Mujer, el Ateneo de Señoras, la Escuela de Institutrices, la Asociación para la enseñanza de la Mujer y la Sociedad Abolicionista de España. Al no firmar la adhesión a la Reina y defender la libertad de religión y cultos en 1868, fue retirado de su Cátedra. Pronto fue restablecido y nombrado Rector de la Central. Pero dimitió en 1870. También rechazó el ataque liberal de Pío IX, se alejó del Concilio Vaticano I que creía incompatibles catolicismo y progreso y colgó los hábitos.

El leonés F. Fdez. Blanco y Sierra Pambley fue creyente liberal y seguidor de la ILE. Creó la Fundación de Sierra-Pambley en 1888 que dirigió la Biblioteca de Azcárate, las Escuelas de Villablino y la Escuela Industrial de Obreros.

Gumersindo de Azcárate (1840-1917) representó a León como republicano federal en 1886-1916. También fue krausista, jurista, sociólogo, historiador y catedrático de la Central. Presidió el Ateneo de Madrid, el Instituto de Reformas Sociales y perteneció a la Junta para Ampliación de Estudios. Manejó periódicos como El Porvenir de León y La República. Siguió el legado de su padre P. de Azcárate y fue seguido por su sobrino P. Azcárate.

La II República apoyó los objetivos de la ILE, reformó la enseñanza primaria, promovió Misiones Pedagógicas y divulgó el teatro clásico con La Barraca de Lorca. Pero el tradicionalismo, militarismo y franquismo persiguieron y disolvieron la ILE en 1939 por masónica, atea y antiespañola.

León en el XIX no cultivó ni el provincialismo ni el regionalismo cuando apasionantes líderes e instituciones renovaron educación, ciencia y arte. ¿El programa cultural del actual leonesismo logra la misma altura?

 

 

Editado en EL Norte de Castilla, en papel y en la edición on line, del jueves 10 de setiembre de 2026.

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Sobre el autor

El Mirador de Clío está redactado por Pedro Carasa, historiador que trata de observar el presente desde la historia. Se evoca a Clío porque es la musa griega de la historia y de la poesía heroica, hija de Zeus y Mnemósine, que personifica la memoria. El nombre de mirador indica que para el autor la historia es una atalaya desde la que proyecta sus ojos el historiador, como un busto bifronte de Jano, que contempla con su doble mirada el pasado desde el presente y el presente desde el pasado.