España dijo anoche adiós en abierto y en Cuatro a House. La serie con la que la cadena, en aquel momento recién nacida, consiguió récords de audiencia y se consolidó en el panorama nacional como un referente en cuanto a series de ficción internacional se refiere. Han sido ocho temporadas en los que los espectadores han podido conocer a ese House sin corazón, irónico y cruel, misógino y misántropo pero también a esa persona que se esconde detrás del personaje. Alguien noble, con sentido de la justicia, pragmático y capaz de algunos gestos que le honran.
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Su final ha sido, como el de su personaje ‘madre’. Es decir, la muerte falsa de Sherlock Holmes ha servido, una vez más para inspirar a ‘House’ el médico deductivo. El personaje ya ha trascendido mucho más allá de la serie y es un icono de la televisión. El doctor ha pasado por mucho en estos ocho años, varios equipos, la muerte por accidente o el suicidio de alguno de los miembros de su equipo, las mujeres que le han querido (la llegada de su ex mujer y la siempre presente Cuddy) y todos los médicos que le han servido como escuderos, la mayoría de ellos muy queridos por el público.
Todos o casi, los que han pasado por la serie tuvieron su momento en el último capítulo en el que se desentraña la verdadera personalidad del personaje mientras el doctor alucina en un edificio en llamas. Allí puede ver a Amber Volakis (Anne Dudek), Lawrence Kutner (Kal Penn) y Stacy Warner (Sela Ward) que le intentan convencer de que no se suicide mientras Allison Cameron (Jennifer Morrison) le intenta convencer de que cree en algo, en el amor y que eso le puede salvar. La única que no se pasó por allí (ni por su funeral) fue Lisa Cuddy (Lisa Edelstein), uno de los personajes más queridos -para mi el que más- de estas ocho temporadas.
Pero la verdad es que este último capítulo titulado ‘Everybody dies‘ (Todo el mundo muere) peca de pasteloso. Al menos para mi gusto. No hace falta ablandar a House al límite del azúcar para hacerle parece una persona humana. Su intención y su empeño en vivir con Wilson sus últimos meses deja claro que para él su amigo es lo más importante y ese plano a lo Thelma y Louise con los dos en moto dirigiéndose hacia el horizonte es un colofón un tanto tópico. La escena del funeral no deja de ser una sucesión de frases de sus acólitos y los únicos capaces de conmover son Trece: “Estaba dispuesto a matarme” y por supuesto, Wilson, siempre políticamente correcto se salta las normas: “Un gran amigo que salvo muchas vidas…” “pero en el fondo era un imbécil, se reía de todos, nos humillaba…” y entonces suena un SMS “Cállate imbécil”.
Todo esto no quita mérito a una serie que ha conseguido construir un personaje diferente, convertido en icono por obra y gracia de la televisión. Y digo, para mi siempre el mejor capítulo será el primero que dirigió Campanella ‘One Day, One room’, con su teoría de las habitaciones.
Mención a parte merece la promo con la canción de Rammstein.