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Pásame el mando

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'The Walking Dead', tercera temporada. El infierno está en los vivos

¿Cómo no iba a haber polémica con ‘The Walking Dead’? Ya era raro y, por cierto, qué extremistas somos: que si es una mierda, que si es lo mejor que hemos visto… no hay término medio. Bueno, yo sí lo tengo así que resumiendo, no fue el capitulazo frenético que yo esperaba (sobre todo comparado con el de la midseason) pero tiene momentos realmente destacables y la temporada ha tenido un nivel que roza o llega al 9 sin duda. El que no duda es el público estadounidense que con 14 millones de espectadores en este último capítulo convierte, de nuevo, a ‘The Walking Dead’ en la serie por cable más vista de la historia. Lo malo es que esta serie de zombis padece el síndrome ‘Juego de Tronos’, es decir, no les nominan en categorías ‘de verdad’ ni por equivocación.


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Si hay un momento que realmente destaca en ‘Welcome to the Tombs‘ es todo lo que le pasa a Andrea. Lo de su muerte es lo menos. Estaba sentenciada desde que decidió quedarse en Woodbury en contra de la opinión Michionne. La tensión que desprenden las escenas de su encierro junto a un Milton moribundo que lucha por mantenerse con vida para darle a Andrea la oportunidad de alcanzar los alicates que él mismo le dejó para liberarse de las esposas, es espectacular. la ‘resurrección’ del médico pilla a Andrea en mitad de su autoliberación así que cuando llegan Rick y compañía Andrea ya está febril por el mordisco de zombi-Milton.

La muerte de Andrea sive para mostrar, por primera vez, a una Michionne completamente humana. Un personaje que, en principio no gustó a nadie por mostrarse demasiado seria y distante se ha ido convirtiendo, poco a poco, en esa persona a la que aman los fans del cómic. Esa máquina de matar con katana. Esta es una muy buena noticia y no la única que tiene que ver con la evolución de unos personajes que se han debatido durante esta temporada entre conservar su humanidad o la vida.

Carl es el ejemplo perfecto. No creo que nadie le vea ya como un niño. Es indiscutible que el haber tenido que matar a su madre ha supuesto un trauma muy importante para él aunque de cara a la galería se muestre seguro y ha hecho que a la criatura le sea indiferente la vida ajena “haré lo que sea para protegernos” le dije a su padre después de confesar que había matado a sangre fría a un chaval que huía del ataque a la cárcel. Su padre es, precisamente, otro de esos personajes que luchan por hacer lo correcto, por recordar que son personas y para eso está el fantasma de Lori que desaparece en cuanto Rick es capaz de demostrar piedad acogiendo a los habitantes supervivientes de Woodbury.

El Gobernador, escalada psicótica perfecta

Pero si hay algo que ha dado a esta tercera temporada de ‘The Walking Dead’ la calidad y la tensión que se esperaba ese ha sido el amigo Philip, El Gobernador para sus acólitos. Su psicopatía ha ido aumentando poco a poco durante la primera parte de la temporada. En la primera mitad pudimos ver cómo era el Gobernador, cuál era su debilidad. En la segunda parte su locura fue creciendo y durante los tres capítulos finales ha sufrido un ascenso que ha acabado por desenmascararlo delante de los suyos en el momento en el que es capaz de tirotearlos por no querer volver a atacar la cárcel. Para mi, ese momento no tiene precio, me sorprendió mucho y me gustó que, por fin, todos recocieran de verdad como es.

El ataque a la cárcel es soso. Supongo que por eso se quejan los que se quejan. En el cómic era espectacular, en la serie pasan de puntillas para centrarse en la evolución psicológica de los personajes y ahorrarse unos duros en zombis, supongo. A mi no me parece mal. La incursión del Gobernador y compañía en los túneles de la cárcel y cómo usan los habitantes autóctonos ese lugar ratonera y a los muertos vivientes no tiene precio.

La otra muerte del final de temporada, a parte de la de Andrea, fue la de Merle en el penúltimo capítulo en un arranque de bondad infinito e inaudito por parte de este personaje, por otra parte, que me resultó más interesante que nunca. De todas maneras estaba bastante claro que debía morir. Daryl se ha convertido en una pieza clave en el grupo y la presencia de su hermano le restaba protagonismo y credibilidad. Su escapada juntos no cuajó porque Daryl quiso volver. Merle hizo el esfuerzo de regresar a la prisión pero estaba claro que no encajaba, no podía volver. Yo esperaba que diera algo más de guerra a Rick ya que le consideraba el primer culpable de su abandono en la azotea.

Su final no podía ser otro. Daryl remata a zombi-Merle que se juega y pierde la vida por intentar acabar con El Gobernador no entiendo muy bien por qué (y eso me gusta). ¿Un intento por volver a encajar en la cárcel? ¿Ha entendido que El Gobernador es un desequilibrado de manual? ¿No quiere que maten a mujeres y niños?. No lo tengo claro y eso está muy bien. Merle fue un personaje duro, que caía mal y lastraba a su hermano. Con su muerte se reescribe el futuro de Daryl que debe caminar solo y sin el peso de la búsqueda de su hermano.

El desenlace deja todo muy abierto. Que El Gobernador siga vivo y libre para buscar venganza, después de todo hace que ‘The Walking Dead’ se separa definitivamente del cómic como ya han avisado mil veces. Cada vez se separará más y ahora lo agradezco ya que lo que está por venir en el cómic es tirando a aburridillo. A ver como se la juegan en la serie. Espero que ganen.

Besa mi brillante culo metálico.- Bender (Futurama)

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