Las despedidas nunca fueron buenas. Sobre todo si has convivido 37 días con chicos y chicas que no conocías pero que se han convertido en mucho más que amigos, en amigos ruteros, de verdad, de los de para siempre. De los que aunque pasen meses sin hablar parece que los viste el día anterior. Con ellos podrás compartir conversaciones, canciones, cotilleos, anécdotas…que sólo esos amigos de la Ruta entenderán.
Por todo esto y mucho más, es lógico entender esas lágrimas que ya comenzaban a derramarse ayer por la mañana. El viaje de Madrid a Sevilla en AVE fue tranquilo y muy cómodo. Cuando llegamos a la capital nos trasladamos a la Universidad Francisco de Vitoria, lugar donde nos alojamos por la noche. Muchas gracias a esta Universidad por el buen trato que nos dieron.
El día de ayer fue raro, la alegría con la que se vive cada día la Ruta se iba convirtiendo en tristeza. Las horas pasaban y cada vez iban siendo más conscientes de que estaba aventura terminaba.
El acto de clausura en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociología de la Universidad Complutense puso el broche final al programa académico de esta XXVII edición. En este acto intervinieron Cristina Velázquez, vicerrectora de Atención a la Comunidad Universitaria; Antoni Ballabriga, director de Responsabilidad y Reputación Corporativas de BBVA; Miguel de la Quadra-Salcedo y Andrés Ciudad, director y subdirector de Ruta Quetzal BBVA, respectivamente.
Foto Ángel Colina
Ballabriga aseguró que seguirán apoyando ese programa, la familia de la Ruta Quetzal BBVA. La intervención más aplaudida y ovacionada como cada año, pueden imaginarse de quién fue, de Luna, jefe de campamento pero principalmente padre de todos los ruteros.
Recordó que “esta aventura no acaba aquí, siempre os acompañará”. Luna despierta todos los días a los ruteros con una frase “hoy es el día que todos estabais esperando”. Ayer, para la gran mayoría no lo era. Luna acabó sus cariñosas palabras diciendo “espero que todos y cada uno de los días de vuestra vida sean el día que todos estabais esperando”. Todo el auditorio se puso en pie y a una sola voz coreó “Luna, Luna…”
Ayer era un día de despedida, y qué mejor despedida que un poco de fiesta después de ver las fotos de Lucía, la fotógrafa de campamento. La verdad es que pocos fueron los que bailaron y cantaron como otras veces, la mayoría se estaban despidiendo, otros seguían firmando anuarios, también hubo reuniones de grupo con los monitores.
Para mí, uno de los momentos más especiales de la noche fue cuando el equipo de prensa que nos encargábamos de la música (especialmente Santi, ayudante de fotografía) pusimos Cuando te vayas de Melocos, todos se dieron las manos y acompañados de las luces térmicas formaron un círculo gigante en el campo de fútbol.
Ahora mismo estoy en el tren con destino a Valladolid y no sé si será porque soy ex rutera pero esta es la crónica que más me está costando escribir. Entre ayer y hoy ha habido una amalgama de sentimientos que casi no se puede explicar con palabras. Aunque no seas expedicionario también se te pone la carne de gallina al ver como algunos lloran, se abrazan, se enamoran y se separan. Hace tres años yo era uno de ellos y sé cómo se sienten. A lo mejor mucha gente que no conozca la Ruta esto no puede entenderlo, pero ustedes, familiares y amigos de los ruteros, sí.
No puedo terminar esta última crónica sin nombrar a los que han hecho que está Ruta sea única para mi. Ahora, tengo a mi grupo 5 y a mi grupo 0 (grupo de adultos), y me siento una gran afortunada por ello.
Somos muchos los que hemos pasado estos días juntos, pero por los buenos ratos que hemos compartido y la amistad que ya tenemos quiero mencionar a Lola, José, Álvaro, Santi, Tiziana, Carlos, Rosa, Jaime y Javiera.
También a nuestros “jefes” y amigos; Iñigo, Colina, Virginia, Luna, Pecker, Miguel…y un largo etcétera.
En especial a Rocío Gayarre, jefa de prensa y persona imprescindible en la Ruta.
MUCHAS GRACIAS A TODOS