Estoy en casa de Esperanza, dama de la caligrafía y alma de Alcuino. He venido a juguetear con las letras (con la carolina, con la celta, con la gótica) y, de paso, a recoger un par de trabajos que formaron parte de una exposición celebrada recientemente en la iglesia románica de Santa Eufemia de Cozuelos. Ya por la noche, repaso uno de ellos y me castigo reprochándome mil y un fallos aunque me consuelo volviendo a leer el poema de Francisco Pino que sirve de base a la obra, la preciosa Aureola Femenina, Muerte de Beatriz, que también utilicé en su día para mi novela Génesis 1.32. Sí, Paco Pino, el de las poeturas, el del mundo de los agujeros, el de la poesía esencial, el buscador incansable de nuevos códigos, el poeta cubista y surrealista de planos superpuestos, el poeta bíblico, místico y platónico, el eremita del Pinar de Antequera. El poeta que más veces ha logrado acariciar mi alma y poner tiritas a mi corazón en llamas.
“Que el circulito que la virgulita que el punto con el otro punto tan minúsculos tan prometedores alubitas en salva sea la parte Que las mininas de los niños desnudos Cumbre Que los niños que se tiraban al agua por las perrillas Que para recogerlas con la boca Que el agua del puerto Que alguitas con el color de la carne Cumbre el color de las mininas Que un dinosaurio de repente como un gran manzano Que te daba zurriagazos con su inmensa cola rosada Que contra tu pubis Que contra tus senos Que yo corriendo como un damán como un ratoncillo un onagro al galope Que tus manos Cumbre paseándose como hormiguitas por mi cara Que yo de cera Que tú devolviéndome a la hembra a la manzana al paraíso Que ya veía alrededor de tus cabellos una aureola de mininas de niños Que millones de circulitos de virgulitas en salva sea la parte al revés buceando Que la parte comestible lunitas cometillas doradas Que una leyenda debajo HECHAS A TORNO Que tú Cumbre riéndote como un hormiguero nervioso Que qué odio qué devoción Que sí Cumbre Que sí Que no hay que darle vueltas. Es el Génesis o tus manitas innumerables felizmente en su firmamento”.