MENOS LOBOS, CAPERUCITA

caperucita-rojaPublicado en El Norte de Castilla el 19 de abril de 2019

Y llegaron y tiraron a la hoguera “Caperucita Roja” por sexista, por temeraria, por llevar una botella de vino en la cesta, por contar una historia tóxica, por vestir caperuza de
color rojo. Y después tiraron a la hoguera “El soldadito de plomo” por militarista, “El patito feo”por discriminatorio, “Pinocho” por atentar contra el octavo mandamiento, “Blancanieves” por ser la imagen de una mujer objeto, “Los tres cerditos” por especulación inmobiliaria, “Hansel y Gretel” por maltrato infantil. Habían comenzado por eliminar libros que consideraban tóxicos para los niños pero luego decidieron seguir con el resto. Y llegaron y tiraron a la hoguera “Harry Pottter” por incitar a la brujería, “Tom Sawyer” y “Las aventuras de Huckleberry Finn” por racistas, “Lolita” por inmoral, “Los tres mosqueteros” por violencia y falta de paridad, “Otelo” y “David Copperfield” por asesinato en el ámbito familiar, “Viaje al fin de la noche” por el antisemitismo de Celine, “El principito” por animar a una ilimitada fantasía (algo que perjudicaba el control gubernativo), “Alicia en el país de las maravillas” por considerar inaceptable que los animales del libro hablaran y se comportaran como seres humanos, “Cuentos de la locura ordinaria” por sádico, “Como agua por chocolate” por estimular malos hábitos alimentarios, “El cantar de Mío Cid” por violencia contra las esposas, “Retorno a Brideshead” por promover la homosexualidad, “La Celestina” por ser un canto al abuso y comercio carnal. Las llamadas brigadas Fahrenheit 451 se pasaron años y años haciendo auditorías por todos los hogares y tirando libros a la hoguera empezando por “Fahrenheit 451”. Y acabaron retirando los libros que consideraron tóxicos, que fueron casi todos. Y borraron de los libros de historia a la mayoría de escritores por no ajustarse a los patrones del nuevo siglo. Y los libros acabaron pareciéndose a las drogas: debías de tener tu traficante de libros prohibidos. Y no se dieron cuenta de que cuando se queman libros se acaba quemando también personas. Que cuando borramos la historia de la literatura borramos nuestra memoria. Y el mundo acabó por transformarse en un lugar destinado a que los demonios exterminasen a los ángeles. Pues eso. Llegaron y tiraron a la hoguera “Caperucita Roja”. Y luego vino el lovox. Y ya fue demasiado tarde para quejarnos. Eso sí, nos quedó una sociedad preciosa llena de gilipollas y gilipollos.

EL COLOSO PARA ASNOS

colosoderodasPublicado en El Norte de Castilla el 12 de abril de 2019

Cuentan las crónicas que un rico ateniense le pidió a Sócrates que se encargara de la educación de su hijo. El filósofo le reclamó 500 dracmas por ello. “Es mucho dinero. Por esa cantidad podría comprarme un asno”, contestó el ricachón. “Efectivamente, le aconsejo que lo compre, así tendrá dos”, sentenció el filósofo. Por cierto, Sócrates nació el 471 a. C. y murió el 399 a. C. Como la cosa va de asnos, alguno podría decir que murió antes de nacer. Viene la tontería a cuento ya que, por lo visto, vivimos en medio de la estulticia más absoluta. Todos conocemos (eso creía al menos) el Coloso de Rodas. Una de las Siete Maravillas del Mundo Antiguo. Una monumental estatua de 32 metros de altura que representaba al dios griego Helios. Una obra que durante mucho tiempo se consideró legendaria (nunca se supo muy bien ni su aspecto ni su ubicación exacta, lo que hizo volar la imaginación de todos) aunque ya se han encontrado restos que dan fe de su existencia. Plinio habla de una escultura tan descomunal que cada uno de los dedos del Coloso era más grande que una estatua normal. De todo ello se hacía eco hace poco una cuenta de twitter especializada en compartir fotos e imágenes que han marcado la historia de la humanidad. Como colofón comentaban que el Coloso de Rodas, que empezó a construirse en el 292 a. C., quedó destruido por un terremoto en el 226 a. C. Y ahí comenzó un Armagedón vergonzoso en forma de debate para asnos. Por lo visto la peña, aunque parezca increíble, desconoce lo que significa la abreviatura a. C. Los comentarios despectivos, el cachondeo generalizado y la chulería con la que los usuarios intentaron corregir al autor del tuit resultaron bochornosos. “O sea primero se destruyó y luego se construyó”, “”te equivocaste de año xd”, “¿pero cómo fue destruida antes de hacerla?”, “se cayó antes de ser construida, jajajaja”, fueron algunos de los comentarios asnales. Tampoco hacía falta contratar a Sócrates. Con echar un vistazo a Google les hubiera servido para no hacer el ridículo. De todas formas, ¿dónde ha quedado el sistema educativo?, ¿qué es lo que están aprendiendo las nuevas generaciones? Muchos de estos asnos cuando leen lo de AC y DC piensan que son las  siglas de una banda de rock. Lo de corriente alterna/corriente continua queda para otro momento. Y sí, si la cosa sigue así, seguramente nos espere un final muy parecido al del Coloso de Rodas.

LA SOMBRA DE POE

la-sombra-de-poeBaltimore, 1849. El cuerpo de Edgar Allan Poe es enterrado en una tumba sin nombre. El público, la prensa y la propia familia del célebre autor asumen su condición de borracho con un patético final. Pero un apasionado admirador, un joven abogado llamado Quentin Clark, decide arriesgarlo todo para restituir el buen nombre de Poe, descubrir el misterio que rodea sus últimos días y descifrar las extrañas circunstancias de su muerte. Inspirado por los relatos de Poe, Clark intenta encontrar al único hombre que puede resolver este extraño caso: la persona en la que se basó Poe para crear al infalible detective C. Auguste Dupin. Con la aparición de dos candidatos comienza una competición sin igual para desentrañar la muerte de Poe y demostrar quién es el «verdadero» Dupin….

A priori, el argumento no podía resultar más atractivo. Una investigación sobre uno de los enigmas más relevantes de la historia de la literatura, protagonizado además por mi adorado Edgar Allan Poe. Lo tenía todo. Menos alma. Eso lo descubrí mucho más tarde.

El señor Matthew Pearl ya había metido sus manos en Dante con la exitosa “El club Dante” y se propuso hacer lo mismo con Poe. El resultado no ha podido resultar más decepcionante. No merece la pena extenderse mucho. Esa aparición de dos investigadores (Auguste Duponte y Claude Dupin) que empiezan a competir por descubrir la verdadera causa de la muerte del poeta resulta tan estúpida como tediosa, sin contar con que los dos personajes en cuestión no resultan para nada atractivos y tienen la poderosa virtud de caer mal (en algún momento la competición parece centrarse en ver quién de los dos es más fatuo). Y lo peor de todo es que con todas sus infantiles disquisiciones y la aparición de otras historias, familia Bonaparte incluida, el autor parece olvidarse por completo de Edgar Allan Poe. Cuando ya casi al final de la novela (a la que uno llega solo por pasión y respeto al autor de “El cuervo”) aparecen unas conclusiones interesantes, con la teoría sobre la muerte de Poe propuesta por Claude Dupin tras sus investigaciones, llega el contrapunto del señor Auguste Duponte para tirar por los suelos todo el castillo de naipes y quedarnos como al principio. En fin, una gran idea como punto de partida y un desarrollo tedioso y aburrido, sobre todo desde que aparecen en escena los dos supuestos tipos en los que, presuntamente, Poe se había inspirado para crear al detective C. Auguste Dupin. “El Dupin real es aquel que convenza al mundo de que lo es; él será el que prevalezca”, dice el autor en un momento dado. La resolución que nos termina regalando es frustrante. Pues eso, que mi amigo el detective de libros Ariel Conceiro no descarta, visto lo visto, echar el resto e investigar en algún momento el misterio que rodea los últimos días de Edgar Allan Poe y su enigmática muerte.

GEOMETRÍA DEL DESPRECIO

geometria-del-desprecioPublicado en El Norte de Castilla el 5 de abril de 2019

Auschwitz es el templo del horror. La conciencia que nos recuerda de manera constante e indefectible dónde se coge el camino al infierno. Un trocito del averno que sigue oliendo a muerte, a hambre, a enfermedad, a tortura, a Zyklon B. Allí fueron recluidas 1.300.000 personas. La mayoría murieron exterminadas. Hoy es patrimonio de la Humanidad de la Unesco y un museo memorial que visitan más de dos millones de personas al año. Hace un par de semanas los responsables del museo de Auschwitz publicaron el siguiente mensaje: “Cuando venga a Auschwitz recuerde que está en un lugar en el que fueron asesinadas más de un millón de personas. Respete su memoria. Hay lugares mejores para aprender a andar sobre una viga que un lugar que simboliza la deportación de cientos de miles de personas”. Cuatro fotos de cuatro cromañones haciendo equilibrios sobre las vías férreas que transportaban a los detenidos directamente a las cámaras de gas ilustraban el comentario. El debate no se ha hecho esperar. Los expertos acusan a la generación selfie de haber convertido Auschwitz en una Disneylandia para instagramers, un parque de atracciones atestado de adolescentes ignorantes más preocupados en hacerse su foto y subirla a las redes sociales que en reflexionar sobre la tragedia humana que tuvo lugar allí. El resultado: turistas graciosos y groseros posando delante de un crematorio, realizando gestos obscenos, haciéndose selfies entre risas. Pero no todo es culpa de los adolescentes, ni esa falta de empatía tiene lugar solo en sitios como Auschwitz. Casi peor es ver cómo los cretinos de turno no dejan de grabar con su móvil a gente que ha tenido un accidente y lloran en el suelo su pena. Lo vemos casi todos los días. En la pasada Volta a Cataluña un mermado estaba con su móvil grabando al pelotón en un descenso cuando un corredor perdió el control de su bici. En ese momento ya se le escucha reírse con ganas. Al verle en el suelo, incluso se mofa y comenta “ahora le robo la bici”, y mientras el ciclista grita de dolor, se acerca a él y sigue grabando en primer plano su sufrimiento. Por si fuera poco, este saco de mierda, lejos de arrepentirse, declara con posterioridad que solo lamenta haber confiado en sus amigos (al enviarles el video) acusando además al ciclista de bajar por donde no tenía que bajar. Estamos perdidos. La geometría del desprecio ya reina móvil en mano.

UN HOTEL DE ÁGUILAS Y DEMONIOS

hotel-california2Publicado en “La sombra del ciprés”, suplemento cultural de “El Norte de Castilla”, el 29 de marzo de 2019

Un record imposible de superar. Eso decían. Sin embargo, los Eagles han desbancado a “Thriller” de Michael Jackson. Ahora los “Grandes Exitos” de la banda californiana es el disco más vendido de todos los tiempos en EEUU. Y el tercero, “Hotel California”. Allí resplandece la canción de igual título. Una de las más hermosas de la historia del rock. Un tema que suena en las radios yanquis cada 11 minutos. Pero, ¿qué hace de “Hotel California” una canción tan memorable? Corría el verano de 1976 cuando Don Felder, uno de los guitarristas del grupo, grabó una maqueta con varias canciones. Don Henley y Glenn Frey, los líderes de la banda, se enamoraron de una de ellas, una melodía con una fascinante progresión de guitarra. Henley, con una pequeña ayuda de Frey, escribió la letra. Acababa de nacer “Hotel California”. Una canción de casi siete minutos que imitaba el perfume de las películas en blanco y negro. Un desafío, además, a todas las emisoras de radio que, por entonces, jamás radiaban un tema de más de cuatro minutos. La canción llegó a número 1 en todo el mundo y pronto corrieron ríos de tinta intentando descifrar el mensaje que escondían unos versos que parecían mosaicos abstractos, vidrieras del Renacimiento. ¿Qué es, en realidad, el hotel California? Son muchos los que se han dedicado a buscar la herencia de los dioses (o los demonios), sus tesoros ocultos, sus islas secretas. Algunos dicen que es un manicomio. Otros, una clínica de rehabilitación para drogadictos. Los más insisten en que es la iglesia de Satán. Se basan en múltiples detalles. “Esto debe ser el cielo o el infierno”, dice al principio el protagonista al entrar en el hotel antes de pedir un vino al Capitán (quizá Lucifer). “No tenemos aquí ese licor desde 1969” responde él. ¿Representa el vino la sangre de Cristo? Curiosamente, Anton Le Vey, autoproclamado Papa Negro y fundador de la Iglesia de Satán en una especie de hotel situado en California Street, San Francisco, publicó la “Biblia satánica” en 1969. El protagonista asiste luego a una especie de sacrificio (“ellos la apuñalan con cuchillos acerados pero no pueden matar a la Bestia”) e intenta huir del lugar. Sin embargo, “el hombre de la noche” enuncia unas desasosegantes palabras: “puedes entrar cuando quieras pero nunca puedes marcharte”. Dicen, además, que hay escondida una frase que, reproducida en sentido inverso, desvela un mensaje satánico. Eso sin contar las elucubraciones sobre la portada y la fotografía del interior en la que muchos adivinan la presencia del mismísimo Anton Le Vey. Cuando a Don Henley le preguntan por el significado de la letra se limita a decir que es una descripción de la vida y los excesos de la alta sociedad californiana. Seguramente, un reflejo de los problemas de drogas que asolaban a parte de la banda en aquella época. En todo caso, más allá de cualquier interpretación, lo único cierto es que “Hotel California” es una de las canciones más deslumbrantes de todos los tiempos. Queda para otro momento analizar si la música es un plagio de “We used to know”, de Jethro Tull. Desde luego, la progresión de acordes es idéntica y el solo final, con Felder y Walsh subiendo escalas hasta el infinito, es un calco del solo de Martin Barre en el tema tulliano. Quizá ese parecido tan increíble entre las dos canciones sea también cosa del diablo.

SAN GOOGLE

googlePublicado en El Norte de Castilla el 29 de marzo de 2019

Sirve para todo. Es el Gran Hermano. La respuesta a nuestras preguntas y dudas. Ese milagroso instrumento que te permite buscar un nombre que no recuerdas. Google alejándote de la momentánea amnesia al instante. Ahora ha conseguido algo imposible para los que en vez de oído tenemos dos zapatillas en las orejas. Nos ha permitido crear música con un chico nuevo que empieza en esto, un tal Johann Sebastian Bach. Todo ello gracias al doodle dedicado la semana pasada al músico alemán conmemorando el 334 aniversario de su nacimiento. Los doodles son alteraciones temporales del logotipo en la página principal de Google y, desde hace veinte años, no dejan de sorprendernos, aumentando su frecuencia y complejidad. Han pasado de diseños muy básicos a doodles animados, a doodles interactivos y ahora al primer doodle con Inteligencia Artificial. Hablamos de una experiencia única que permite a los usuarios rellenar una partitura, armonizarla con un simple clik para que Google reconozca patrones de las notas que hemos pintado y hacerlas sonar con el estilo personal de Bach. La Inteligencia Artificial a nuestra disposición. En Youtube escribes “Aiguanchu bifri” y te lleva al “I want to break free”, de Queen. Basta con tararear/deletrear “A rili rili won” y el jodido robot que se esconde en las tripas del ordenador sabe que queremos escuchar el “Wannabe”, de las Spice Girls. Y “Akenli” es el “Whithou you”, de Mariah Carey. Puritita magia. En la Edad Media nos habrían llevado a la hoguera. Eso es Google. Eso y un control de nuestras vidas que da miedo. Google sabe todo de nosotros, de nuestros gustos, de dónde estamos, conoce nuestros secretos más oscuros (datos todos ellos que usan para su beneficio y venden sin el menor escrúpulo). Es el futuro. Y ya está aquí. En fin, googleando la vida loca, exponiéndonos públicamente, sometiéndonos a la tiranía del nuevo Gran Hermano. Todo ello es cierto. Y seguramente todo ello lo perdonemos cuando tengamos en nuestras manos un disco de música compuesto al alimón con el señor Bach. Mi mayor logro en el terreno musical hasta la fecha había consistido en grabar en una TDK D60 con el micro de un radiocasete la música de una película VHS alquilada en el videoclub para luego poder escucharla en mi walkman. TDK D60, radiocasete, VHS, videoclub y walkman. Los zagales del XXI ya pueden ir buscando estas palabrejas en San Google.

SER DE LA POESÍA SECRETA

lorca-y-nerudaPublicado en El Norte de Castilla el 22 de marzo de 2019

Es ya mi única aspiración: ser de la poesía secreta. Dicen los franceses aquello de “reculer pour mieux sauter”. Algo así como dar un paso atrás para saltar mejor, para llegar más lejos. A veces hay que hacer eso. En otras ocasiones simplemente basta con dar un paso a un lado. Con alejarse del ruido. Cuando la desilusión llega y no te gusta cómo funciona el tinglado, lo más sensato y lo mejor para la salud es apartarte. También lo más honesto. Es evidente que el mundo ahora funciona así. La literatura no iba a ser una excepción. Escucho a algunos colegas proclamar con convencimiento pleno que el escritor ahora se debe a las redes sociales, que hay que interactuar con los lectores, que hay que implicarse en la comercialización de tu libro, que hay que estar de continuo en el escaparate (aunque eso suponga echarle dos o tres horas diarias a trastear en redes sociales). Hay que hacerlo sí o sí. Estás o no estás. Pues uno, después de mucho pensarlo, ha decidido no estar. Dar un paso a un lado. Alejarse del ruido. Por supuesto, no ayuda nada el creer que has escrito la novela de tu vida y no tener siquiera la más mínima oportunidad de que alguien la pueda leer. Efectivamente, el tren de la literatura avanza por otros raíles. Eso sí, uno puede abandonar todo lo que rodea a la literatura pero no la literatura. Tal vez por eso ahora mí único deseo es ser de la poesía secreta. Como Lorca y Neruda. Cuentan que los dos fueron invitados a dar una conferencia en un pueblo español. Al llegar allí esperaron un rato en la estación de trenes para ver si alguien iba a recibirlos pero nadie acudió. Tras aguardar un poco más, decidieron buscar por su cuenta el local donde tenían que intervenir. Al llegar, los organizadores les dijeron que habían ido a buscarlos a la estación pero que no les habían reconocido porque esperaban que fueran vestidos como poetas. Cuando Lorca escuchó aquello, exclamó con aquella risa de arroz huracanado de la que hablaba Neruda: “Es que somos de la poesía secreta”. En algún otro lugar he leído de poetas que se visten de poetas, de poetas que van a las oficinas del silencio, poetas que son antorcha de reyes y de dioses, poetas que son lengua de infierno. Da lo mismo. El caso es ser de la poesía secreta. Y abandonar poco a poco todo. Alejarse del ruido y dejar que las naves ardan eternamente más allá de Orión.

LINCHAMIENTO 2.0

linchamiento7Publicado en El Norte de Castilla el 15 de marzo de 2019

El otro día seguía el juicio del procés por la radio cuando escuché, sorprendido, una voz y un nombre reconocible. Era la secretaria judicial que dirigió el registro de la consellería de Economía y que se vio rodeada por la multitud congregada en el exterior. Todos conocen ya la historia. Una mujer intimidada por la multitud, encerrada contra su voluntad en un edificio durante 16 horas, desesperada hasta el punto de pedir un helicóptero para abandonar el lugar y finalmente obligada a salir por la azotea, descolgarse por un muro y escapar por un teatro próximo. Una mujer que tuvo miedo como lo habríamos tenido todos ante una situación descontrolada y frente a miles de personas amenazantes en el exterior. A veces necesitamos que nos toquen el corazoncito para hacernos reaccionar. Tal vez resulte cínico, cómodo o egoísta. Pero la realidad es la que es. Reaccionamos vehementemente cuando algo nos afecta de forma más directa. Cuando oí el nombre de la secretaria judicial me acordé de ella, de nuestros años en la Universidad, de cómo conoció aquí al que era mi mejor amigo de colegio e instituto. Luego la vida nos separó, ellos sacaron unas oposiciones y marcharon a Cataluña, allí se instalaron, allí nacieron sus hijos. Nos volvimos a ver alguna vez más. Ahora asisto encabronado al linchamiento que ella está sufriendo. Me encanta Cataluña, adoro Barcelona, tengo amigos catalanes. Podría decir que me parece desproporcionada la prisión preventiva de los acusados. Incluso me puede sonar exagerado el relato de violencia organizada. Entiendo la gravedad de los hechos y supongo que requieren un castigo. Eso lo dirán los jueces. Lo que no entiendo, lo que me resulta repugnante, es la cacería abierta a raíz de su declaración (hecha sin cámaras precisamente para evitar ser reconocida). Asco de los que distribuyeron su foto, su DNI y hasta su domicilio por Twitter. Asco de las redes sociales vomitando insultos y amenazas. Asco de la indiferencia de todo el mundo. Asco de los acusados sonriendo cínicamente durante su declaración. Asco de los mensajes ofensivos y vejatorios. Estos tipos son escoria. Son energúmenos incitando al linchamiento. Son el Ku Kux Klan con barretina. Son como los nazis que marcaban las viviendas de los judíos. Estos tipos son nazis. En fin, no digo a quien se me parecen porque, con toda razón, me denunciarían los animalistas.

EL FUTURO ES MUJER

huelga-feminista1Publicado en El Norte de Castilla el 8 de marzo de 2019

Hace 35 años Marco Ferreri estrenó “El futuro es mujer”. El añorado compinche de Azcona lo tenía entonces claro. Si viviese hoy en día estaría con toda seguridad desconcertado. Las agresiones machistas entre adolescentes han aumentado un 682% en menos de siete años y el 56% defiende posiciones machistas que justifican el ejercicio de la dominación masculina y la violencia. Además las mujeres siguen siendo las que cobran menos, las que padecen mayor precariedad laboral, las que menos presencia tienen en la vida pública, las que se encargan de las personas dependientes y, en fin, las que sufren más violencia por el mero hecho de ser mujer. En otras palabras, las matan. El que 984 mujeres hayan sido asesinadas por sus parejas o exparejas desde 2003 es un dato tan espeluznante que parece un milagro el que no hayan salido a la calle ya con tanques. Eso sí, una nueva generación feminista ha dicho basta. Hoy en España las mujeres saldrán a la calle rodeadas todavía del recelo de machirulos que no deben tener ni hijas, ni hermanas, ni madres. O que tienen la empatía en el escroto. Los mismos que jalean un autobús nazi tuneado. O que se escandalizan (da asco leer las reacciones de los machitos ofendidos) con un tuit de la Guardia Civil que ensalza a las mujeres y lo acompaña de fotos de guardias civiles mujeres. O que babean cuando escuchan a Tita Cervera decir eso de “no soy feminista, soy femenina y me gusta ser mujer” (“a las feministas nos gusta ser ornitorrincos”, replicó Anabel Alonso), un mantra que están utilizando otras mujeres de la derechona y que se puede sumar a ese otro de “yo no soy ni feminista ni machista”. Si supieran leer, habría que remitirlas al Diccionario de la RAE. El feminismo es la doctrina que promulga la igualdad de derechos de la mujer y el hombre. El machismo es otra cosa. Feminismo no es lo contrario de machismo. Lo contrario al feminismo es la ignorancia. También la manipulación machinazi. Como ese argumento del partido innombrable que dice que el feminismo criminaliza a los hombres y les tacha a todos de maltratadores. Argumento que están utilizando otros partidos que pretenden pescar en el fango ultra. Pues sí, el futuro es mujer, mal que les pese a algunos (y, lo que es más alucinante, a algunas). Lo que no podía saber el pobre Marco Ferreri hace 35 años es que en pleno siglo XXI iba a haber todavía tanto machista y machisto.

SI EL MUNDO ESTÁ EN SUS MANOS

celtas4Publicado en El Norte de Castilla el 1 de marzo de 2019

Fue el pasado fin de semana. En el LAVA. Estreno mundial de un espectáculo único nacido a orillas del Pisuerga. Teatro, música, circo y arquitectura efímera unidos por mágicos vasos comunicantes. Celtas Cortos y Azar Teatro (formaciones pucelanas de exitosa trayectoria) juntando fuerzas para alumbrar una muy estimulante obra-collage que nos invita a pensar. Dos personajes en escena reflexionando sobre nuestro mundo mientras espectaculares números circenses les arropan y la música de Celtas Cortos pone una memorable banda sonora. Ella y él, él y ella, solos, con dificultad para entenderse y encontrarse, nos abren los ojos a nuestra realidad. Una en la que vendemos nuestra humanidad al diablo. Lo hacemos por un falso cuento de hadas a cambio de obedecer ciegamente. La única esperanza que nos queda es no rendirnos. Dejar de ser rebaño. Rebelarnos. Decir basta. Abandonar nuestro cómodo sillón. “Tranquilo, no te pongas nervioso, tranquilo. Tranquilo, majete, en tu sillón”. De todo ello va esta propuesta al alimón de Azar Teatro y Celtas Cortos. De negarnos a seguir cuidando la cadena que ata nuestro pies. De encontrar la manera de escapar. Como muy bien dicen: “si el mundo está en sus manos, que la huida esté en las nuestras”. Bertold Brecht en bandolera y un hilo conductor auténticamente aterrador: la distopía del Gran Hermano convertida hoy más que nunca en realidad por culpa de la tecnología: el “1984” de George Orwell (curiosamente, Celtas Cortos nació en Las Delicias el año 1984). Un mundo despiadado, un mundo de miedo, traición y torturas en el que todos los placeres serán destruidos, un mundo en el que la conciencia de estar en peligro hace ceder el poder a una pequeña casta, un mundo jerárquico basado en la pobreza y la ignorancia, un mundo en el que la guerra es paz, la libertad, la esclavitud, y la ignorancia, la fuerza. Una advertencia desoladora del futuro que nos espera. Lo predijo Orwell. Lo certifican los Celtas Cortos y Azar Teatro. Aquel futuro se ha vuelto real. Bienvenidos a la realidad. En fin, concierto teatralizado imprescindible e impactante, comprometido, rebelde, crítico y necesario. Un espectáculo que empieza con “Odín”, mi canción fetiche de los Celtas Cortos, no es cosa menor. O, dicho de otra forma, como decía el filósofo, es cosa mayor.

El Norte de Castilla

EN CUALQUIER CASO TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS:
Queda prohibida la reproducción, distribución, puesta a disposición, comunicación pública y utilización, total o parcial, de los contenidos de esta web, en cualquier forma o modalidad, sin previa, expresa y escrita autorización, incluyendo, en particular, su mera reproducción y/o puesta a disposición como resúmenes, reseñas o revistas de prensa con fines comerciales o directa o indirectamente lucrativos, a la que se manifiesta oposición expresa.