UNA VERDAD INCÓMODA

Le birlaron la presidencia y decidió montarse en una limusina, ponerse su mejor armani y salir de gira como los Rolling Stones (pero sin cancelar ningún ‘show’). Se presenta en todas sus conferencias de la siguiente forma: «Soy Al Gore. Solía ser el próximo presidente de los EE. UU.». La entregada concurrencia suelta una desmedida carcajada y Gore replica: «Pues yo no lo encuentro tan gracioso». Tiene maneras de telepredicador, fracasó en política, fue víctima de un sonado pucherazo y ahora va directo a Hollywood con ‘Una verdad incómoda’, documental que trata sobre el calentamiento global del planeta y sus efectos. En él salen dibujos de los Simpson, imágenes tiernas de Al Gore y su familia (el toque sentimentaloide, ya saben), unas cuantas lecciones de CSI y un mensaje que acojona. Que si la naturaleza se ha vuelto loca, que si las emisiones de CO2 se han elevado hasta límites insospechados, que si los lagos de África se secan, que si las nieves del Kilimanjaro desaparecen poco a poco, que si los glaciares se retiran, que si las olas de calor son el pan nuestro de cada día, que si los huracanes y tsunamis se multiplican año a año, que si cada vez desaparecen más especies, que si el hielo de la Antártida parece un queso de gruyere. En fin, la alegría de la huerta. Los datos que presenta el político-actor en su circo ambulante son demoledores. No en vano, si las previsiones se cumplen y Groenlandia desaparece, el nivel del mar se elevaría seis metros. Las poblaciones costeras pasarían a mejor vida, se destruirían ecosistemas, se extenderían enfermedades, millones de refugiados deambularían por el planeta, aumentarían los conflictos para lograr recursos y tendríamos que trazar de nuevo los mapas del mundo. Algunos tachan su película de superficial y de cometer serios errores aunque la mayoría de científicos respaldan la documentación presentada y sus conclusiones. «No es un problema político, sino moral», insiste Gore mientras se encabrona cuando recuerda a algunos zoquetes para quienes el calentamiento global es una patraña. Muchos desconfían de un tipo que fue vicepresidente con Clinton y apenas hizo nada al respecto. Otros ven en todo esto un montaje espectacular para preparar su regreso a la política. En todo caso, lo que sí que se le agradece es la autocrítica (al cargar las tintas contra su propio país por no haber firmado el protocolo de Kyoto a pesar de ser el mayor contaminador del planeta) y que esté convirtiendo el cambio climático en un tema de primera plana. Están, en fin, los que piensan que Gore se muestra excesivamente apocalíptico. Estos últimos, desde luego, no han leído a James Lovelock, el científico británico que afirma que el cambio climático ha superado ya el punto de no retorno y que «antes de que termine el siglo, miles de millones de personas morirán y las pocas parejas reproductivas que sobrevivan estarán en el Ártico». Esperemos que, en ese caso, no dejen el futuro de la humanidad en manos de cierta aspirante a Miss Chile a la que preguntaron: «¿Qué pareja elegiría para preservar y multiplicar la especie humana en caso de holocausto nuclear?». «Al Papa y a la Madre Teresa de Calcuta», contestó ella de manera muy digna y discreta.

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El Norte de Castilla

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