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Vicente Álvarez

EL FARO DE AQUALUNG

EL MEJOR DISCO DE LA HISTORIA

Publicado en El Norte de Castilla el 1 de marzo de 2007
El 3 de marzo se cumplen 35 años de la salida al mercado de ‘Thick as a brick’, el mejor disco de la historia del rock. Un prodigio musical y un prodigio literario. Una mezcla de los ‘Conciertos de Brandemburgo’ y ‘Poeta en Nueva York’. Lirismo y surrealismo anudados bajo oraciones blasfemas. El bueno de Aqualung profanando la Abadía de Westminster. Un disco complejo, teatral, turbulento, vigoroso, conmovedor, atmosférico, intenso, apasionado, íntimo, agresivo, provocativo, visceral, sofisticado, elegante, nocturno, misterioso, adictivo, melancólico, rebelde, catártico, estimulante y tormentoso. Un disco en el que el más famoso heterónimo de Ian Anderson (Aqualung) cede el testigo a un nuevo personaje: un niño de ocho años, el vitriólico Gerald Milton Bostock, supuesto autor de la letra de la canción. Porque ‘Thick as a brick’, fruto de una época de megalomanías progresivas, es una sola canción que abarca las dos caras del vinilo, una canción de 43 minutos. En realidad, Ian Anderson escribió su obra magna estructurada como una sinfonía en movimiento formada por una sucesión multicolor de diferentes composiciones que se entrelazan, surgen y se evaporan, salpimentadas por un sinfín de variaciones e instrumentos y por toda una catarata de sonidos que no dan un solo segundo de respiro: rasgueos acústicos hermosísimos, guitarras mortíferas, flautas delirantes, melodías medievales intercaladas en las partes más fuertes, pianos elegantes, transiciones instrumentales increíblemente bellas, vetustas baladas del folk inglés. Un derroche de creatividad que nos regala momentos épicos a cada instante. Estamos en 1972, cuando todavía existía el convencimiento de que un disco podía cambiar el mundo y cuando el delirio dionisiaco y la imaginación portentosa de Anderson parieron un trabajo único e irrepetible, un disco atravesado como un San Sebastián hippie por las flechas de la originalidad y flordelisado con un tono humorístico-crítico-burlesco que supo convertir una innovadora sinfonía de rock en un sátira feroz de la sociedad burguesa, un retrato de las lacras sociales pintado con la más fina de las ironías. Los Monthy Python pasados por la túrmix de un concerto barroco. Y como remate final al premeditado esfuerzo por sacar a la luz un disco conceptual de principio a fin, la portada: ejemplo perfecto de la grandeza de los vinilos, muy probablemente la más original y creativa de toda la historia. El disco viene envuelto en un periódico (‘St. Cleve Chronicle’) de 12 páginas con sus correspondientes secciones de actualidad, sucesos, anuncios, pasatiempos, deportes y con un titular en el que aparece la descalificación de Gerald Milton Bostock, ganador de un premio de poesía con una obra en la que criticaba cómo la sociedad manipula al individuo y después lo devora, marginando de paso a los que se niegan a ser moldeados (el primer premio pasó a un ensayo de ética cristiana con el escalofriante título de ‘Él murió para salvar a los niños pequeños’). Felizmente, Anderson decidió musicar ‘Thick as a brick’. Y hay que decir que, todavía hoy en día, son muchos los que piensan que la letra es del pequeño Milton… (continuará)

Sobre el autor

Escribe novelas y cosas así. Sus detractores dicen que los millones de libros que ha vendido se deben a su cara bonita y a su cuerpo escultural. Y no les falta razón.


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