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Vicente Álvarez

EL FARO DE AQUALUNG

INVISIBLES

Publicado en El Norte de Castilla el 22 de marzo de 2007
“Necesitamos a personas capaces de indignarse”, reza la última campaña de Médicos Sin Fronteras, personas que se subleven ante hechos tan escandalosos como que 35.000 personas mueran de hambre al día o que haya 300.000 niños-soldados en guerras atroces (y en muchos casos desconocidas) que desangran el planeta. Para paliar la ignorancia generalizada y para intentar desactivar este grandioso e indecente volcán de pasotismo, cinismo y escepticismo crónico que nos ahoga, la gente de MSF da a conocer todos los años un ‘ranking’ de las diez tragedias más olvidadas del mundo. Este año, coincidiendo con el 20 aniversario de sus actividades en España, propusieron a Javier Bardem producir una película que abordara cinco de esas tragedias, apuntándose al festín solidario directores de la talla de Fernando León de Aranoa, Wim Wenders, Mariano Barroso, Javier Corcuera e Isabel Coixet. El resultado, a pesar de la lógica irregularidad, es una de las películas más impactantes, tremendas y necesarias que ha parido el cine español en los últimos años.

Llevo tiempo sosteniendo la teoría de que el mundo del cine es, tal vez, el vehículo de comunicación más poderoso e influyente que existe. Su capacidad para llegar a todos los rincones del planeta y el hecho de que las estrellas se movilicen y den a conocer historias que de otro modo permanecerían en el anonimato hace del cine un arma de incalculable valor. Evidentemente, una película no puede hacer nada ante la catarata de miseria, hambre, violencia e intereses bastardos de todo tipo que hay en el mundo, pero sí puede hacernos pensar, enseñarnos historias que permanecían ocultas y convertirnos en un momento dado en bombas de presión social. El no hacer las películas sí que sería un crimen. Como dice el director de MSF en España, «el silencio mata». Gracias a ‘Invisibles’ sabemos más de la mortal enfermedad del Chagas, de las víctimas de conflictos armados y los desplazados en Colombia, de las mujeres sistemáticamente violadas en la guerra del Congo, de la enfermedad del sueño que mata a miles de personas en África y de la situación pavorosa que viven los niños en Uganda por culpa de la guerra, tragedias todas ellas que no ocuparon en las televisiones más de siete minutos durante todo el año pasado. El hacer visibles a estas víctimas invisibles, el trabajar para que esta película sea casi de obligada visión, el denunciar las atrocidades que sufren gentes anónimas, forma parte ya del currículum de Javier Bardem para quien producir cine social da sentido a toda la «parafernalia, la frivolidad y lo absurdo, lo gratuito y lo pirotécnico de mi profesión». Sé que a muchos les disgusta profundamente este tipo de actividades humanitarias que algunos famosos realizan. A mí, sin embargo, me parece admirable que gente como Bardem ocupe parte de su tiempo y de su dinero en producir películas como ‘Invisibles’. Es más, creo que al criticar amargamente a los famosos que se comprometen, al desconfiar de las oenegés y al temer que el dinero pueda quedarse por el camino, lo único que intentan muchos es acallar sus conciencias y justificar el no hacer absolutamente nada. Ni siquiera indignarse ante situaciones tan sangrantes como las que denuncia Médicos Sin Fronteras.

Sobre el autor

Escribe novelas y cosas así. Sus detractores dicen que los millones de libros que ha vendido se deben a su cara bonita y a su cuerpo escultural. Y no les falta razón.


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