Llevo siguiendo la pista al pedazo de escoria de la foto desde hace tiempo. Su nombre es Víktor Bout y se le considera el mayor traficante de armas del mundo. Poco se sabe de él, aunque Nicolas Cage puso cara al monstruo no hace mucho y ahora el visionario Michael Mann prepara otra película sobre sus “hazañas”. Fue agente de la KGB, se le ha relacionado con el crimen organizado ruso, habla siete idiomas, tiene seis pasaportes distintos, se le conocen varios alias y trabajó como intérprete hasta 1991. Su carrera como traficante de armas comenzó al abrirse el bazar armamentístico tras el final de la guerra fría, cuando consiguió sacar ilegalmente una tercera parte de todo el armamento almacenado en Ucrania y se hizo con varias compañías aéreas (hasta 60 aviones, incluida la mayor flota del mundo de cargueros Antonov). Eran los años dorados de las guerras en África, cuando Sierra Leona, Liberia, Congo, Angola y Sudán sangraban por los cuatro costados. Viktor B. ayudó a las guerrillas más sanguinarias y a los talibanes, e hizo negocios con los mayores tiranos y genocidas del continente. Las guerras más horribles del mundo tenían el mismo denominador común: Viktor B. Sin embargo, resultaba casi imposible rastrear sus actividades. Sus aviones, por ejemplo, se inscribían múltiples veces y en lugares remotos del mundo, eludiendo las normas de aviación. Además, tenía tratos con gente tan poderosa que siempre podía contar con alguien que le protegiese. Su fortuna crecía de manera desmesurada y, mucho más, cuando se dio cuenta de que podía llevar tanques y armas a cualquier punto del planeta y regresar transportando cargamentos comerciales. Comenzó, incluso, a transportar fuerzas de paz a los mismos enclaves donde él espoleaba las guerras y sus aviones llegaron a participar en operaciones humanitarias. Como todo el mundo conocía su doble juego y estaba ya considerado el enemigo público número 1 en EEUU, el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas aprobó un proyecto para congelar los bienes de mercenarios y traficantes de armas. En la lista, el nombre de Viktor B. aparecía en primer lugar. Fue el intento definitivo por intentar acorralar al monstruo. Desgraciadamente, todo se vino abajo tras el 11-S. En mayo de 2004, el gobierno británico cedió a las presiones de Washington: el mayor criminal del planeta era ahora requerido por el gobierno yanqui. La versión oficial es que las tropas estadounidenses necesitaban los aviones de Viktor B. para fines logísticos. Desde entonces, el Pentágono y sus contratistas de Irak y Afganistán le han pagado millones de dólares por sus servicios, sus aviones se han convertido en transportistas oficiosos de las fuerzas de ocupación y ha conseguido un contrato de suministro para las fuerzas aéreas americanas…. El más grande de los criminales se ha sentado definitivamente en la mesa de los más poderosos. “Bout puede crear o hundir un país”, dicen los informes del Consejo de Seguridad de la ONU. Mientras tanto, Georges Bush, empeñado en dividir el jodido planeta en dos mundos irreconciliables, no ha podido ni ha querido impedir que Viktor B., el mayor comerciante de muerte en vida, pertenezca a ambos. ¿Esta es la puta mierda de mundo que queremos, que nos ofrecen, que algunos defienden?