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Vicente Álvarez

EL FARO DE AQUALUNG

CRÍMENES INVISIBLES

Publicado en El Norte de Castilla el 12 de abril de 2007
Después de los políticos, los programadores de televisión son los tipos que más desconfianza me provocan. Esta noche, en principio, anuncian la emisión del imprescindible documental ‘Invisibles’, una joya perturbadora apadrinada por Médicos Sin Fronteras, producida por Javier Bardem y dirigida por Isabel Coixet, Wim Wenders, Fernando León de Aranoa, Mariano Barroso y Javier Corcuera. Como en esto de las televisiones también hay clases, nos encomendaremos a La 2, casi la única cadena que se merece un voto de confianza. Llevo enganchado a ‘Invisibles’ desde que asistí a su estreno y vuelvo a ella periódicamente. Es como una necesidad, como un tributo a pagar, como una forma de intentar hacer visibles a gente completamente invisible: la urgencia de gritar y de que se oigan las voces de los que no tienen voz. Hoy me he detenido en la angustiosa y terrible propuesta de Wim Wenders, un director con el que muchos hemos soñado en películas como ‘París, Texas'” o ‘Cielo sobre Berlín’. Para la ocasión, el director alemán se trasladó a la República Democrática del Congo y recogió los dramáticos relatos de varias mujeres violadas (aunque idénticos testimonios se podrían haber reunido en otros países en conflicto donde las mujeres son víctimas de sistemáticos abusos). Él sólo tuvo que poner su cámara delante de ellas. Sospecho que jamás se encontró con interpretaciones más sobrecogedoras. El problema es que todo lo que estas mujeres cuentan forma parte de la realidad más pura y dura, de la más bochornosa e indignante de las realidades: la violación convertida en arma de guerra. Es el relato, en fin, de mujeres invisibles para el resto de la gente (una metáfora usada muy acertadamente por Wenders). Mujeres cuya vida no tiene ningún valor: son mujeres de usar y tirar; vaginas andantes utilizadas tanto por las tropas rebeldes de los Maï-Maï, como por los soldados del ejército y la policía. En un mundo desangrado que se desmorona, los más débiles (los niños y las mujeres) son los más miserablemente explotados. El detonador de este infierno cotidiano no es otro que la extrema pobreza, algo que obliga a estas mujeres a tener que ir lejos a buscar comida para sus hijos. Las carreteras son peligrosas y el resultado final obsceno: mujeres crucificadas en el suelo y violadas en cadena, con sus niños y sus maridos como testigos alucinados. «Ya no podría vivir con un hombre», dice una. «No sé cuántas veces me violaron», dice otra. «Siento como si un insecto se moviera en mi vagina», dice una tercera. Casi todas mueven las manos de forma compulsiva, maquinal, desquiciada. En su mirada se trasluce un sereno odio y, sobre todo, un inmenso miedo y una vergüenza infinita. Por ello siempre buscan una excusa y, de alguna forma, se culpan de todo lo ocurrido: ustedes qué hubieran hecho, eran fuertes, iban armados, eran muchos. «No te avergüences, no fue culpa tuya», les dicen otras mujeres pertenecientes a una asociación que intenta ayudarlas. Aun así, muchas víctimas de violación son abandonadas por sus maridos. A veces a uno sólo le queda abochornarse por pertenecer al género humano (y más concretamente al masculino). Lo dice MSF: «Necesitamos personas capaces de indignarse». Que el silencio mata, no lo olviden. Vean ‘Invisibles’, por favor.

Sobre el autor

Escribe novelas y cosas así. Sus detractores dicen que los millones de libros que ha vendido se deben a su cara bonita y a su cuerpo escultural. Y no les falta razón.


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