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Vicente Álvarez

EL FARO DE AQUALUNG

EL ARCA DE NOÉ

Publicado en El Norte de Castilla el 26 de abril de 2007
A Fernando León de Aranoa algunos le han colgado el sambenito de paladín del cine social hispano. El hecho de haberse distinguido por retratar temas sociales y por fijar su mirada en algunos de los entornos más deprimentes de nuestro país le ha reportado un incomprensible rechazo por parte de algún sector de la crítica y del público. Alguien tendrá que explicar el motivo por el que suscita tanto repudio el cine social, aunque analizando los sectores desde los que provienen dichos prejuicios, tal vez sea más fácil encontrar sentido a tanta estúpida obcecación. Además, como extraordinario guionista que es, Aranoa maneja a la perfección los ritmos, las emociones, los sentimientos, y su cine va mucho más allá de lo social: es humano, próximo, intimista. Sospecho que sus detractores habrán afilado los cuchillos al recibir su nuevo trabajo, un documental de apenas veinte minutos que, de alguna forma, es el epicentro de ‘Invisibles’, la película apadrinada por Médicos Sin Fronteras y producida por Javier Bardem. Sin embargo, y mal que les pese, ‘Buenas noches, Ouma’ es una auténtica pepita de oro que pone los pelos de punta. Fernando León marchó tres semanas a rodar al norte de Uganda buscando los infiernos de los Night Commuters, los niños ugandeses que recorren todos los días varios kilómetros para refugiarse en ‘El arca de Noé’. Allí se encontró con la terrible realidad de una guerra que, en veinte años, ha provocado 150.000 muertos, dos millones de desplazados y miles de niños secuestrados por las tropas rebeldes del LRA. Por ello, toda una legión de críos buscan protección en refugios como ‘El arca de Noé’: saben que por la noche, fuera de las ciudades, no tienen nada que hacer ante la voracidad de unas guerrillas empeñadas en apartarlos de sus familias, llevarlos al bosque y obligarles a empuñar armas, con el obsceno razonamiento de que los niños aprenden rápido, que no saben regresar a su casa y que son increíblemente valientes en los combates porque no tienen miedo a morir. Aranoa se limita a poner la cámara delante de ellos y deja que hablen. El resto forma parte de la ignominia. «Por la noche tengo miedo. Oigo ruidos y pienso que están llegando». El documental empieza con un hermosísimo e inmenso sol poniéndose: es el comienzo de la pesadilla para los niños. Llegan desde todos los lados, devorando kilómetros, en una especie de santa compaña demencial. Allí les atiende gente como Justin, un Schindler a la africana, un voluntario que de día trabaja y se ocupa de sus cinco hijos, y por la noche vigila a los cientos de niños que duermen allí. Hace rondas y comprueba que muchos niños tienen pesadillas mientras otros permanecen con los ojos abiertos. La mayoría han visto cómo mataban a sus padres y hermanos. Algunos han tenido que asesinar a algún ser querido: «Si te niegas a matar a la persona que te dicen, te matan». Todos están traumatizados por el recuerdo, psicológicamente destruidos. «Sueño mucho con las cosas malas que he hecho», dice alguno mientras derrama lágrimas. «Buenas noches, Ouma» es un cuento gótico, un cuento de terror que todo el mundo debería de conocer. Sobre todo porque es real. Porque allí los niños crecen y envejecen con la guerra y porque les han arrebatado el único tesoro que debería ser intocable: la infancia.

Sobre el autor

Escribe novelas y cosas así. Sus detractores dicen que los millones de libros que ha vendido se deben a su cara bonita y a su cuerpo escultural. Y no les falta razón.


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