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Vicente Álvarez

EL FARO DE AQUALUNG

BOICOTEANDO QUE ES GERUNDIO

Publicado en El Norte de Castilla el 14 de junio de 2007
He terminado por hacer un boicot en toda regla a la televisión. Y me he quedado tan a gustito. Ahora ya solo veo las migajas que echan de ciclismo y algún informativo o algún programa de viajes (¡cómo echo de menos ‘Lonely Planet’!). Hasta hace bien poco seguía unas cuantas series, pero ante la perspectiva de desplegar mis instintos homicidas contra los aborrecibles programadores he preferido buscar una alternativa. Supongo que a todo el mundo le habrá ocurrido el seguir fervorosamente una serie y observar, descorazonado, cómo la maltratan, la cambian de horario o de día de emisión, la atrasan durante media hora o una hora (porque en la competencia están emitiendo un partido de fútbol), la asfixian a anuncios o la degradan a la madrugada. Eso si no la hacen desaparecer cuando menos te lo esperas, dejándote más quemado que el tubo de escape del Apolo XIII. Lo más triste de esta desvergonzada manipulación de los fenicios magnates televisivos es que ahora se están rodando, posiblemente, las mejores series de la historia. El cine americano está de capa caída pero somos muchos los que pensamos que el gran cine de hoy en día está en la televisión. Algunos atrevidos comentan, incluso, que la gran literatura de la actualidad, sobre todo en EE. UU., se encuentra en ciertas series. Si Chandler o Hammet trabajaron para el cine, ahora otros grandes escritores están tomando el relevo pariendo series memorables, arriesgadas y originales, mucho más creativas que la inmensa mayoría de las películas y novelas actuales. No creo necesario especificar a qué tipo de series me estoy refiriendo: resulta altamente desalentador ver cómo triunfan en España castizas comedias que producen vergüenza ajena mientras auténticas maravillas pasan sin pena ni gloria. Lo mejor de todo es que ahora, gracias a las redes p2p, a Internet y a las comunidades de subtitulado que florecen por doquier, ya no tenemos que esperar a que lleguen a España y a que algún programador gañán nos amargue la existencia. En todo caso, siempre cabe la opción de esperar pacientemente a la publicación del DVD, abrir un buen vino y ver la temporada que te apetezca al ritmo que te impongan tus deseos, tus neuronas y tus bajas (o altas) pasiones. Yo lo acabo de hacer con ‘Roma’, superproducción televisiva de la HBO, descendiente directa de la mítica ‘Yo, Claudio’. Un verdadero festín para los sentidos. Una emocionante historia de amor y traiciones, amistad e intrigas, muerte y sexo. Una imprescindible mirada atrás en el tiempo, detallista hasta el delirio, con una perfecta ambientación, interpretaciones soberbias, caracterizaciones asombrosas y un guión que funciona con la precisión de un mecanismo de relojería. Una serie impecable ambientada en la época de Julio César y que nos muestra una Roma sucia, violenta y carnal a través de la historia de dos soldados de la Legión 13, Lucio Voreno y Tito Pullo, y de sus relaciones con los grandes personajes de la época. Corazones llenos de ira sagrada que se codean con galos de pelos largos, con celtas de caras azules y con arpías patricias de increíble poder. Una serie adictiva que habla de temas eternos y que, en clave simbólica, como el ‘western’ (al que le unen muchos puntos), convierte la realidad más atroz y obscena en pura poesía. Y, por supuesto, de eso, de poesía, no entienden los pendejos popes de las televisiones patrias. Faltaría más.

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Sobre el autor

Escribe novelas y cosas así. Sus detractores dicen que los millones de libros que ha vendido se deben a su cara bonita y a su cuerpo escultural. Y no les falta razón.


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