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Vicente Álvarez

EL FARO DE AQUALUNG

DISNEYLANDIA PARA NIÑOS TROTSKISTAS

Publicado en El Norte de Castilla el 13 de julio de 2007
Es la primera vez que escribo esta columna desde un tren. Martes, 10. Regreso a Valladolid tras pasar dos días increíbles en la Semana Negra y me encuentro velando ya armas para presentar, dentro de unas pocas horas, ‘El Necronomicón nazi’ en Valladolid. En Gijón he tenido la oportunidad de presentar ya la novela, apadrinada además por Paco Taibo, posiblemente el mejor novelista de la actual narrativa española. Por otro lado, he tenido el honor de formar parte de un nuevo experimento de la siempre innovadora Semana Negra: las tertulias a medianoche, sin límite de tiempo y con barra libre para todo lo imaginable (y hablamos de literatura, por supuesto). En la mesa redonda de la hora de las brujas me sentaron, entre otros distinguidos colegas, con tal vez los tres mejores escritores de novela histórica de la actualidad: Valerio Manfredi, Gisbert Haefs y Peter Berling. Toda una gozada.
Desde que la conozco, tengo verdadera devoción por la Semana Negra, el festival dedicado a las literaturas de género más importante, provocador, mestizo e irreverente del mundo. Una feria multicultural que visitan más de un millón de personas en cada edición, un lugar de encuentro de escritores de primera línea mundial y una catarata de propuestas innovadoras y revolucionarias (algo que choca frontalmente con las habitualmente conservadoras Ferias del Libro al uso). Durante estos últimos 20 años hemos asistido a espectáculos difícilmente olvidables. A la sucesión ininterrumpida y fastuosa de presentación de libros y tertulias literarias de alto voltaje, se unen, en una especie de carrusel psicotrópico, actuaciones de faquires, magos, mentalistas, manipuladores de animales peligrosos (y no me refiero a los editores), ilusionistas, músicos llegados de exóticos países, concursos nacionales gastronómicos o lecturas de poesía a medianoche (con un éxito de público difícilmente explicable). En estos días, ha dado tiempo a todo. A casar a Chandler con el manga. A contemplar a un escapista conducir a ciegas por el recinto. A firmar libros para donarlos a la biblioteca del campamento de refugiados de Dajla. A escuchar a Mozart a medianoche. Y, claro, a empaparnos de literatura por los cuatro costados en el Espacio AQ, convertido en un coqueto cabaret de entreguerras. Por supuesto, detrás de todo este mágico mundo de fantasía, emerge cada vez de una forma más protagónica y sobrenatural, la figura inmensa de un Buda bonachón y tremendamente entrañable: Paco Taibo. Alguien que está en todos los sitios y del quien muchos dicen que le han visto presentar dos libros a la vez en puntos muy distantes de la SN. Le gusta definirse como el creador de una Disneylandia para niños trotskistas y adultos insumisos. O como el jefe de un circo de tres pistas obsesionado con mantener la esencia del festival-fiesta y de la multiculturalidad. Una SN que mezcla cultura y diversión, entretenimiento y conocimiento. En esta época de nacionalismos fatuos y pendencieros, qué gozada el compromiso y el deseo de fusionar razas, culturas y religiones, y de convertir a Gijón en el gran carnaval del mestizaje y la diversidad. En la presentación nos prometía Paco Taibo que esta SN iba a ser, en el peor de los casos, inolvidable. Como siempre, el cabronazo lo ha vuelto a conseguir.

Sobre el autor

Escribe novelas y cosas así. Sus detractores dicen que los millones de libros que ha vendido se deben a su cara bonita y a su cuerpo escultural. Y no les falta razón.


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