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Vicente Álvarez

EL FARO DE AQUALUNG

CON LA IGLESIA (Y LA CORONA) HEMOS DADO

Publicado en El Norte de Castilla el 26 de julio de 2007
Los temas tabúes crecen podridos por propia definición. La corona no se toca, nene. Lo sabemos desde hace mucho tiempo. Han pasado más de veinte años desde el secuestro de la última publicación y todos sospechábamos que cuando eso ocurriese vendría provocado por algún tema que afectase a la sacrosanta monarquía. Flaco favor le hacen. Por de pronto todo el mundo ha visto una portada que, de otro modo, hubiese pasado desapercibida, salvo para los fieles de ‘El Jueves’. Además, esta noticia me toca de cerca ya que llevo tiempo estudiando ‘Los Borbones en pelota’, un maravilloso y provocador álbum satírico dibujado por alguien que firmaba SEM (seudónimo bajo el que se escondían algunos de los más relevantes artistas del siglo XIX español, entre otros los celebérrimos hermanos Bécquer) en el que la reina Isabel II se convierte en ninfómana y actriz porno con asiduidad alarmante. Si dibujos parecidos se hiciesen ahora, ¿qué pasaría con sus creadores? Viendo lo ocurrido con ‘El Jueves’, prefiero ni pensarlo. Temas tabúes, lo dicho. Pero aún hay otro más prohibido e intocable. «Con la Iglesia hemos dado», nos dijo Cervantes siglos atrás. Me repugna la escasa difusión mediática que ha tenido un caso vergonzoso y obsceno: la indemnización multimillonaria que deberá pagar la Iglesia norteamericana a las más de quinientas víctimas que han sufrido abusos sexuales en los últimos tiempos. Y es que para callar los escándalos en los que se han visto involucrados centenares de sacerdotes acusados de pederastia, la archidiócesis de Los Ángeles ha llegado a un acuerdo y se compromete a pagar más de quinientos millones de euros a las víctimas. No sé qué me cabrea y asquea más: el hecho de que el dinero pueda silenciar la ignominia de una forma tan sencilla, el que solo en Los Ángeles la Iglesia Católica tenga un patrimonio inmobiliario valorado en 29.000 millones de euros (con lo que la indemnización se convierte en una propinilla para tapar bocas) o el indigno intento de ocultar los abusos sexuales por parte de la jerarquía católica. Ya sé que la verdadera Iglesia es la que está ayudando a los enfermos, a los pobres, la que se deja la piel en países subdesarrollados levantando escuelas y hospitales. Por eso me molesta más la complicidad, el encubrimiento y el silencio. Y eso es lo que se castiga y se critica. Dice al respecto el nuncio del Vaticano en España, con ciertas dosis de indignación y soberbia, que la mayoría de casos de abusos sexuales se producen, en primer lugar, «en la familia, en segundo en otros ámbitos y en último lugar con los sacerdotes». Y le enfurece que los medios de comunicación otorguen tanta importancia a los abusos de la Iglesia (algo que, además, es mentira). No se da cuenta este buen hombre que precisamente el hecho de que los violadores sean sacerdotes otorga al delito un plus de asco e indecencia: al fin y al cabo ellos se han erigido durante siglos en guardianes de la moral. En fin, que Rouco Varela (acusado sin ir más lejos de tapar varios escándalos de este jaez) debería preocuparse más por lavar los trapos sucios dentro de su casa y, de paso, recomendar a sus ovejas descarriadas que acudan a las clases de Educación para la Ciudadanía que tanto empeño tiene en desprestigiar. Por cierto, tengo una duda que no me deja dormir: ¿habré escuchado yo esta noticia en la COPE?

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Sobre el autor

Escribe novelas y cosas así. Sus detractores dicen que los millones de libros que ha vendido se deben a su cara bonita y a su cuerpo escultural. Y no les falta razón.


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