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Vicente Álvarez

EL FARO DE AQUALUNG

UNPLUGGED…AND SEATED

Entre 1993 y 1994, Rod Stewart se sacó unos cuantos conejos de la chistera que le permitieron recuperar la popularidad que había ido perdiendo cuando la exitosa fórmula de rubias, divorcios, mallas de leopardo y discos pop (¿quién no recuerda “Da ya thik i’m sexy?”) comenzó a hacer aguas. Por un lado, junto a sus amigos Brian Adams y Sting, grabó “All for love” para la película “Los tres mosqueteros”, escalando las listas de éxito de todo el mundo. Por otro, en Copacabana tocó para 3,6 millones de personas estableciendo un nuevo récord mundial. Y, en fin, el 5 de febrero de 1993, grabó para la MTV un soberbio e inolvidable Unplugged, tal vez el más inolvidable y necesario (junto al de Eric Clapton) de los muchos que se grabaron en aquella época. El “desenchufado” del viejo Rod destila naturalidad, madurez y magia por todos sus surcos. Es mucho más que una colección y una reinterpretación de sus grandes éxitos. La voz rota inconfundible de Rod Stewart consigue emocionar en versiones sublimes y, a veces, sorprendentes, caminando con autenticidad y brillantez por diversos estilos musicales (el blues, el folk, el country) y mecido por la complicidad de su viejo camarada de The Faces, el stoniano Ronnie Wood. “Tonight’s the night” o “Maggie May” forman parte de la educación sentimental de mucha gente de mi generación, pero son dos temas, a mitad de concierto, “Have i told you lately”, de Van Morrison, y “Tom Traubert’s blues (Waltzing Matilda)”, de Tom Waits, los que logran que este disco alcance la categoría de único e imprescindible. ¿Te he dicho últimamente que te quiero?, pregunta Rod Stewart con su legendaria voz. Toda una declaración de principios que a uno le trae recuerdos inolvidables. Este tipo de los pelos locos consigue pellizcarme el corazón y convencerme de que sus historias también las he vivido yo y de que sus resacas fueron mías también. Convencerme de que soy una víctima inocente en un callejón sin salida, de que tú enterraste la daga en la silueta de la luz de tu ventana, de que las calles no son para soñadores, de que mi herida nunca cicatrizará. Al menos, hasta que no vuelva a bailar un vals con Matilda…. Recuerdo perfectamente la primera vez que escuché este disco, recién salido del horno, en el año 1994; recuerdo el momento y las circunstancias y, lo peor de todo, es que el recuerdo de este disco me hace pensar que Rod Stewart forma parte de una fiesta a la que nunca me invitaron o a la que, como siempre, llegué tarde.



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Sobre el autor

Escribe novelas y cosas así. Sus detractores dicen que los millones de libros que ha vendido se deben a su cara bonita y a su cuerpo escultural. Y no les falta razón.


enero 2008
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