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Vicente Álvarez

EL FARO DE AQUALUNG

BARDEM

Publicado en El Norte de Castilla el 28 de febrero de 2008.

Ningún actor del mundo se ha ganado tanto el título de animal cinematográfico como este ex jugador de rugby. Javier Bardem empezó destrozando un coche con un jamón y se ha consagrado matando a gente con una bombona de aire comprimido. El yonqui de ‘Días Contados’, el violento Romeo de ‘Perdita Durango’, el inolvidable desempleado de ‘Los lunes al sol’, el chorizo de ‘Jamón, Jamón’, el constructor hortera de ‘Huevos de Oro’, el Sampedro de ‘Mar adentro’ o el Reinaldo Arenas de ‘Antes que anochezca’ son sólo algunos de los anteriores trabajos del actor español: interpretaciones sobrecogedoras y emotivas flordelisadas con la intensidad y carnalidad del mejor Brando. Personajes, en fin, que sólo esperaban la llegada de Anton Chigurh, psicópata parido por la genial idiosincrasia (macabra, terrible y divertida a la vez) de los hermanos Coen. Un asesino inquietante, atroz y sanguinario que va jugándose a cara o cruz la vida de las personas, abriendo cabezas y cerraduras con una máquina para matar vacas y sembrando de muerte sucios moteles de carretera. Un personaje que ha entrado por la puerta grande en la galería de villanos míticos de Hollywood, al lado de Hannibal Lecter o el Harry Powell de ‘La noche del cazador’. La atronadora aclamación en el teatro Kodak selló el momento histórico, ése en el que Bardem pasó a convertirse en el primer español en conseguir un Oscar, último escalafón de una carrera prodigiosa en la que el actor español ha conseguido todos los premios posibles. Los aplausos sinceros del gran Corman McCarthy, el ‘Shakespeare del Oeste’, autor de ‘No es país para viejos’, rubricó lo que ya todos sabíamos. En realidad, como todo lo que afecta al cine español, alrededor de este histórico acontecimiento ha habido mucha mala baba. Sólo hay que leer algunas de las reacciones que ha provocado la concesión de la dichosa estatuilla. Todos sabemos que son legión los que odian el cine español, que está de moda ponerlo a parir, que muchos lo hacen casi sin verlo o por motivos extracinematográficos. Es evidente que casi todos los cineastas cuentan, por razones políticas, con la hostilidad de cierta prensa, la misma que no se cansa de tacharles de titiriteros, rojos, pancarteros o millonarios. A alguno de los que odian a los Bardem, la noche del Oscar les entró una urticaria. Es triste lo que sucede en este país con su cine. Y lo es porque las críticas llegan desde la mentira, el desconocimiento o el resentimiento político. Me duele que digan que el cine español pierde espectadores y no expliquen que lo pierden todas las cinematografías, que algunos sólo recurran maliciosamente al tema de las subvenciones, que ‘La soledad’ desaparezca de los cines para dejar espacio a Rambo o que más del 80% de las películas españolas no se lleguen a estrenar en el 70% de las capitales de provincia. Han sido tan miserables que han ninguneado las nominaciones de Bardem y Alberto Iglesias con la excusa de que se trataba de producciones americanas. Igualito que hacemos con el Gasol de los Lakers, el Torres del Liverpool o el Fernando Alonso de Renault. Por eso me gustó tanto la dedicatoria de Bardem: esto es para los cómicos de España, esto es para España y para todos nosotros. Sospecho que ese partido de derechas que tanto odia a la gente de la cultura, a los que llama untados, le debió de sentar el Oscar como una patada en la entrepierna. En fin, qué pena. Bardem no sólo está ya entre los más grandes sino que tiene un mérito inmenso: ha ganado el Oscar con la peluca más horrorosa de la historia.

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Sobre el autor

Escribe novelas y cosas así. Sus detractores dicen que los millones de libros que ha vendido se deben a su cara bonita y a su cuerpo escultural. Y no les falta razón.


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