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Vicente Álvarez

EL FARO DE AQUALUNG

CRÓNICA DESDE LA SEMANA NEGRA (DÍA 1)

Este año la Semana Negra está a pie de playa, la bibliotecaria minifaldera que sostiene la montaña de libros es morena y los viejos amigos y grandes novelistas siguen desenfundando su pluma y su verbo a idéntica velocidad.

Vamos, que la Disneylandia para niños trotskistas está más viva que nunca.

Ya en la mesa redonda sobre “El oscuro placer de narrar el fascismo” se escucharon frases para el recuerdo:

Todos llevamos un enano fascista dentro.

Un fascista es un burgués con miedo.

La esclavitud es vivir con miedo.

Con miedo nos transformamos en fascistas.

El miedo. O sea.

Fue el prólogo para una tarde incendiaria que se prolongó hasta altas horas de la noche.

En la Carpa del Encuentro se cruzaron José Ángel Mañas (volviendo al Kronen mucho más allá del Kronen), Biedma (con su Sevilla apocalíptica y su realismo delirante) y Tristante (con su detective enfrascado en la España del siglo XIX). Más tarde, Javier Negrete y Julio Murillo nos hablaron de la mítica batalla de Gaugamela Y, por fin, con un lleno a rebosar, el incombustible Jorge Semprún unió a muchas generaciones en la particular República de las Letras. El viejo superviviente de Buchenwald y el Buda Taibo nos enseñaron que la única manera de asaltar el castillo blanco es bombardear desde la periferia. Que los lectores de “Los tres mosqueteros” son los que nos mantenemos en la lucha mientras que los líderes de la izquierda flirtean con el Fondo Monetario Internacional. Que la patria del escritor es el lenguaje. Que la traducción de Pedro Salinas de “En busca del tiempo perdido” es superior al original de Proust.

Semprún sonríe.

Taibo sienta cátedra, también sonríe y luego saca un pitillo.

El oxígeno que nos regalan es el mejor oxígeno.

El oxígeno literario.

Para terminar, más allá de la hora de las brujas, cuando las niñas dejan de serlo y se bañan desnudas en el mar a la luz de la luna, Joaquín Sabina, Luís G. Montero y José Emilio Pacheco cortan la oreja y el rabo, demostrando, de paso, que en el espacio de la fiesta hay lugar para la poesía.

Que lo sepan los calumniadores, los maledicientes y los popes con pretensiones de trascendencia.

Sobre el autor

Escribe novelas y cosas así. Sus detractores dicen que los millones de libros que ha vendido se deben a su cara bonita y a su cuerpo escultural. Y no les falta razón.


julio 2008
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