CRÓNICA DESDE LA SEMANA NEGRA (DÍA 2)

Es mi segundo día y siento ya que las fuerzas me abandonan. La Semana Negra es mucha Semana Negra y uno, por lo que parece, se va haciendo mayor.

Como principio de fiesta, seguimos enredados en encontrar las oscuras razones que nos lleva a narrar el fascismo, a recalificar a los monstruos en ese mapa de los monstruos de la razón en que a veces se convierten nuestras novelas. Se habló del mal como una entelequia, del control criminal que actualmente los gobiernos ejercen sobre los ciudadanos, de la necesidad de abofetear las conciencias de la gente y de que el enemigo del fascismo ha ido cambiando con los tiempos: hoy, sin duda, el pobre es el enemigo. Y hacia él mira el enano fascista que todos llevamos dentro.

Se habló, más tarde, en una fantástica mesa redonda encabezada por los imprescindibles J.M.Fajardo y Alfonso Mateo Sagasta, del romanticismo del Medievo, del amor por las leyendas y las aventuras, de los votos de caballería que muchos cumplen a rajatabla, de la fascinación por la Edad Media que empujó a Don Quijote a intentar regresar a ella. Se habló, en fin, del niño que todos tenemos dentro y que soñó con ser el Capitán Trueno.

La tarde-noche estaba ya encendida.

A la Carpa del Encuentro llegaron escritores colombianos de primera fila como ángeles clandestinos que aparecen en la SN con maletas de sobrepeso de historias y fantasmas. También llegaron fotoperiodistas, editores, comiqueros, egoístas, exhibicionistas y excéntricos.

El plato fuerte, sin embargo, lo protagonizó uno de los fijos de la SN, el multipremiado José Carlos Somoza, un escritor inclasificable, apasionado por el mestizaje de géneros, un novelista al que le encanta crear confusión y que es más conocido como creador de OLNIS (objetos literarios no identificados). Presentó su última obra, “La llave del abismo”, y nos dejó, como siempre, con ganas de más.

No nos hizo esperar mucho, la verdad, porque minutos después volvía a subirse al escenario junto con algunos de los más grandes (Fernando Marías, Elia Barceló y Juan Bas) para hablarnos de la tremenda y criminal historia de La Corporación, una peligrosa organización que, de inmediato, me hizo recordar a La Cripta para la que trabajaba Bosco en “El mercenario del Dux”.

Algunas coincidencias realmente dan miedo.

Hablaron de un hombre que bebía tequila sunrise, de Hitchcock rodando una película secreta para La Corporación, de Hamlet (el perro de Shakespeare), de Camilo José Cela como un escritor inventado por La Corporación y de muchas más cosas fascinantes. Eso sí, advirtieron a la concurrencia de que, tras lo contado, sus vidas corrían serio peligro y de que si les pasaba algo en los próximos días, con toda seguridad no se trataría de un accidente. Aunque lo pareciese.

Los libros son muy peligrosos. Incluso cerrados. Y mucho más éste.

Conciertos, noche estrellada y una cena surrealista-japonesa-cantonesa con parte del club de fans de Julio Murillo. Para contarlo y no creerlo.

Que nadie me pregunte cómo llegué al hotel, please.

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El Norte de Castilla

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