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Vicente Álvarez

EL FARO DE AQUALUNG

EXTRAÑOS JUEGOS / LA MURALLA CHINA

Con trece años, Bernardo Bonezzi fundó los Zombies y con quince grabó “Groenlandia”, verdadero himno de la movida madrileña. En el grupo estaban también Alex de la Nuez y Tesa, bailarina-cantante, chica de coro, go-go, rumbette atacada del baile de San Vito e inolvidable musa que me tenía loquito. Grabaron dos vinilos (veinte canciones, poco más de una hora de música) que luego se reeditaron en un único CD. En los Zombies coincidían influencias de Bowie, de Devo, de Roxy Music, de B’-52, de Talking Heads. Ritmos nuevaoleros pegadizos con letras y melodías chocantes y surrealistas, que les convirtieron en el grupo más memorable y sorprendente de aquellos años. Un grupo que se adelantó a su época y al que nadie entendió. Por eso resulta muy triste que sólo se les recuerde por “Groenlandia”. En su primer disco, adornados con ritmos sintéticos y extravagantes y con la voz robotizada de Bonezzi, aparecen niños que juegan a extraños juegos, orquídeas marchitas, átomos que se desprenden y electrones que vuelan, esferas de cristal y viajes en el tiempo. También un oasis de tranquilidad adornado por una guitarra erótico-perversa (Aloha) y un poético tema inspirado en la muerte de Cleopatra (una canción de ritmo funky que en directo era una bomba gracias a la aparición de un saxo espectacular). Si el primer disco era raro, su segundo vinilo, “La muralla china”, se convirtió en el más surrealista, incomprendido e imaginativo de toda la movida madrileña. Canciones que remitían a idiomas extraños (Aa’ibo-oo), a estatuas que comienzan a andar, a máscaras prehistóricas (la máscara de Chac abrió sus ojos, abrió sus fauces), a serpientes emplumadas, a cuadros que pronuncian palabras capaces de hacer enmudecer al mundo entero, a grotescas marionetas que forman parte de extraños juegos, a medusas humanas moviendo piezas del tablero de ajedrez, a mundos dormidos que sólo conducen al crimen. Expediciones que llegan a la puerta de Ngwne’Ngaa, el mundo perdido donde el tiempo se ha roto. Oscuras leyendas de insospechables maldiciones, misterios, sombras: todo tenía cabida en la lírica de Bernardo Bonezzi. La música, por otro lado, con elementos acid y ritmos a lo Talking Heads, estaba sazonada con toques étnicos y psicodélicos que desconcertaron a la industria y al público: conversaciones intranquilas de fondo, ambiente de película de terror, especie de rezos, de palabras al revés, de salmos surgidos del mismísimo Necronomicón. Ya en el primer disco, un tema instrumental precioso e insólito (La venganza de Tchulu) me había permitido familiarizarme con Lovecraft y con su fascinante universo…. Desde entonces, nada fue igual.

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Sobre el autor

Escribe novelas y cosas así. Sus detractores dicen que los millones de libros que ha vendido se deben a su cara bonita y a su cuerpo escultural. Y no les falta razón.


septiembre 2008
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