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Vicente Álvarez

EL FARO DE AQUALUNG

SONRISA CÓMPLICE


Publicado en El Norte de Castilla el 25 de septiembre de 2008

Nos quieren vender que Valladolid es una ciudad cinéfila. Es cierto que en unos días, Seminci mediante, nos sumergiremos en una orgía de celuloide. Durará una semana. Luego volveremos a ver los cines vacíos, las películas ‘difíciles’ encerradas en el cajón del olvido y las versiones originales con subtítulos olvidadas para siempre. Nunca he sido un talibán de los subtítulos pero en algunos casos debería de estar penado con cárcel el estrenar ciertas películas dobladas. Es lo que ocurre con la última genialidad de mi adorado Woody Allen, la polémica ‘Vicky Cristina Barcelona’, una película que está siendo su mayor éxito de los últimos tiempos, sobre todo, en EE. UU. En España, sin embargo, se está convirtiendo en el film más polémico de Woody. Se veía venir. A esta película muchos le tenían ganas. Los nacionalistas de la barretina ya dieron coces durante el rodaje provocando vergüenza ajena en todo el mundillo. La polémica, durante la postproducción, no cesó. Para más inri, está protagonizada por Bardem y Penélope, una parejita a la que, por unos u otros motivos, se la tienen jurada. Conclusión: las peores críticas están llegando desde España. Yo veo ‘Vicky Cristina Barcelona’ como un viaje seductor de luz dorada, como una obra cautivadora, divertida, sarcástica, deliciosa y melancólica, que trata sobre la fugacidad y la imposibilidad del amor. Un film que nos presenta a dos turistas americanas, Vicky y Cristina, con dos formas distintas de enfrentarse a la vida y al amor, a quien dos españolitos típicos y tópicos (un ‘latin lover’ en forma de artista atormentado y una mujer racial, inestable y almodovariana) les ponen el mundo patas arriba. El cuarteto intentará ser feliz sin conseguirlo. De hecho, el final es desolador. Destaca una frágil Rebecca Hall, a medio camino de la Marie Rivière de ‘El rayo verde’ y de Diane Keaton, aunque el papel-bombón lo tiene Penélope Cruz. Necesito volver a verla en versión original. Todos hablan maravillas de las disputas bilingües de Bardem y Penélope, de esos momentos de insultos en español mezclados con desprecios en inglés. Woody, prestidigitador único, cambia el clarinete por la guitarra española y Manhattan por Barcelona. Narrada como un cuento, no le importa tirar de postal y de tópicos. Inteligentemente los desmonta y nos lleva a su terreno. Dejando a un lado todo ello, lo que queda es una de las mejores reflexiones sobre los tortuosos caminos del amor que yo recuerdo. Un Woody más Rohmer que nunca nos regala una canción de amor desesperada contada por personajes en conflicto, por parejas (o tríos) que se buscan y no se encuentran, que se unen y se separan. Una película que ves con una sonrisa cómplice y que te deja múltiples preguntas: ¿Cómo alcanzar la felicidad? ¿Podemos amar sin herir? ¿Es el amor el mejor camino o es una fuente segura de insatisfacciones? ¿La estabilidad mata el amor? ¿La única forma de ser feliz consiste en vivir el momento? ¿Se puede buscar la felicidad o llega por casualidad? ¿Es conveniente escoger el camino equivocado? También nos deja la certeza de que el amor más grande es el inalcanzable y que la verdadera pasión reside en la imposibilidad. El rostro y los silencios de Vicky así lo demuestran.

Sobre el autor

Escribe novelas y cosas así. Sus detractores dicen que los millones de libros que ha vendido se deben a su cara bonita y a su cuerpo escultural. Y no les falta razón.


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