Blogs

Vicente Álvarez

EL FARO DE AQUALUNG

EL ARTE DE PLAGIAR


Publicado en El Norte de Castilla el 16 de octubre de 2008

Se ha puesto de moda. En los últimos tiempos han recibido acusaciones de plagio Coldplay, Alex de la Iglesia, Spielberg, Sting, Greenday, Mel Gibson, Michael Jackson, Bon Jovi. La lista es interminable. Apple demanda a la japonesa MoDaCo por calcar el diseño del iPhone. Nintendo denuncia por copiar a Sony. Limitnone demanda a Google por utilizar una herramienta de correo similar. Una firma de joyas interpone una demanda contra Heidi Klum por piratear el diseño de una joya. Barbie acusa de plagio a las muñecas Bratz. La Federación de Pelota denuncia a Nintendo por plagiar la Wii. El dueño de un sex shop virtual de Second Life demanda a otra persona por vender sin autorización copias de sus artilugios eróticos. El mundo del plagio llega, incluso, a las fregonas y Vileda denuncia a Spontex por comercializar mochos con cabezas universales. Basta que una obra tenga un éxito importante (‘Los Soprano’, ‘El código Da Vinci’, ‘Harry Potter’) para que unos cuantos listos salgan de sus madrigueras y pongan denuncias a diestro y siniestro. Hartos de estas estupideces, algunos acusados contraatacan con frenesí: J. K. Rowling ha demandado a la Armada de los EE.UU. por un supuesto plagio de los personajes de sus libros en un manual de entrenamiento militar. ¡Esto es la guerra! Todavía se recuerdan las denuncias contra Pérez Reverte, Paulo Coelho, Luis Alberto de Cuenca, Lucía Etxebarría y cientos más. La última acusa a Bunbury de utilizar varias frases de Pedro Casariego en las letras de su último disco. Aunque sólo sea por no citar al homenajeado, no ha sido muy elegante el héroe del silencio al convertirse en hombre delgado que no flaquea jamás. En realidad, a nada que escarbes un poco descubres que algunos de los más grandes escritores de la historia han sido acusados de plagio: Cervantes, Quevedo, Clarín, Cela, Neruda, García Márquez, Valle-Inclán… Hay casos indecentes, como el de la televisiva Ana Rosa Quintana, que no pueden ser disculpados y que reflejan un lamentable fondo de inmoralidad. La mayoría de los casos, sin embargo, no se acercan ni de lejos a lo que todos entendemos como plagio. Estoy seguro de que si a todos los escritores nos desmenuzaran frase por frase nuestras obras se encontrarían muchas coincidencias, algunas buscadas y otras completamente fortuitas. No existe ningún escritor que no se nutra de referentes literarios. Lo que el protocolo y la generosidad dicta es que queden reflejados y se cite a los maestros. Desgraciadamente, en los últimos tiempos se lleva demasiado la intertextualidad maleducada. Todo esto lo saben y lo disculpan mejor que nadie los auténticamente grandes. Borges sostenía que «la historia de la literatura no es sino la historia de la modulación de ciertas metáforas». Umbral iba más allá y defendía la tesis homicida y caníbal de que, para aprender a escribir, hay que robar las palabras de otros. «Prefiero el robo a la influencia. Sólo robando de otro se aprende a escribir y, por eso, la literatura está entre los delitos comunes». ¿Será cierto que ya todo está escrito? ¿Será cierto que el que lo ha escrito antes lo ha hecho mucho mejor? ¿Será cierto, en fin, que «la certidumbre de que todo está escrito nos anula o nos afantasma»?

Temas

Sobre el autor

Escribe novelas y cosas así. Sus detractores dicen que los millones de libros que ha vendido se deben a su cara bonita y a su cuerpo escultural. Y no les falta razón.


octubre 2008
MTWTFSS
  12345
6789101112
13141516171819
20212223242526
2728293031