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Vicente Álvarez

EL FARO DE AQUALUNG

NO DISPAREN AL PIANISTA

En esta semana de Seminci y labios encendidos, no se me ocurre un disco más cinematográfico. Adoro a Wim Mertens. Muy especialmente en sus obras más desnudas y líricas, aquellas en las que el pianista belga se sienta delante del piano solamente acompañado por extrañísimas melodías que él mismo canta con su voz en falsete. Dicen que Wim Mertens es minimalista. Sólo sé que le apasiona jugar con los cambios de ritmo, con melodías repetidas, con los silencios, con disonancias. También con el cine. Inolvidable autor de la banda sonora de “El vientre del arquitecto”, entre otro puñado de films, de vez en cuando le gusta también jugar con el cine mudo y poner música a películas antiguas. Es el caso de “La femme de nulle part”, dirigida por Louis Deluc en 1922, o “The land beyond the sunset”, dirigida por Harold Shaw en 1912. Ambas partituras están recogidas en este inolvidable concierto grabado en vivo en 1993 en el Teatro San Luiz de Lisboa. Hay otros datos en este disco que nos remiten al cine. El propio hecho de estar grabado en Lisboa, ciudad hermosa, romántica, hipnótica y cinéfila a partes iguales. O, incluso, el formato del concierto: Mertens delante de un piano, él solo, como los antiguos pianistas que acompañaban las proyecciones de las películas mudas. O que el título del disco sea el mismo de una película que nunca existió y que muchos cinéfilos han buscado en vano. “Epic that never was” es un documental, narrado por Dick Bogarde, que relata todo lo sucedido en el rodaje de un film maldito dirigido por Joseph von Sternberg y protagonizado por Charles Laughton y Merle Oberon. La idea era aprovechar el tirón comercial que había tenido “El signo de la cruz”, de Cecil B. De Mille, donde Charles Laughton realizaba un memorable trabajo como el emperador Nerón. Para ello se volvió a contar con el genial actor para que encarnase la figura del emperador Claudio (tomada de la novela “Yo Claudio” de Robert Graves). Lamentablemente, la película, bastante avanzada, no pudo ser terminada por problemas con la censura y por un accidente automovilístico de Merle Oberon. En el disco de Wim Mertens hay mucho de esa magia perdida y nunca recuperada. Está Lisboa, la saudade, el cine mudo, el minimalismo, la música ambiental y el avant-garde. Sólo falta el cartelito que adornaba los salones de las viejos westerns: “No disparen al pianista”.

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Sobre el autor

Escribe novelas y cosas así. Sus detractores dicen que los millones de libros que ha vendido se deben a su cara bonita y a su cuerpo escultural. Y no les falta razón.


octubre 2008
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