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Vicente Álvarez

EL FARO DE AQUALUNG

COISA MAIS LINDA


Publicado en El Norte de Castilla el 4 de diciembre de 2008

Hace cincuenta años ‘Chega de saudade’ se convirtió en el punto de partida de uno de los movimientos musicales más importantes del siglo XX: la bossa nova. Tras ella se encontraba la Santísima Trinidad de la nueva religión carioca: la poesía de Vinicius de Moraes, la música de Tom Jobim y la guitarra y la voz de Joao Gilberto. En 1958, Brasil hervía por lo cuatro costados. Eran los años dorados del presidente Kubitschek: Oscar Niemeyer pariendo Brasilia, el Cinema Novo llenando las pantallas del planeta y Pelé, con 17 años, llorando en el hombro del portero Gilmar y ganando para Brasil el primer campeonato del mundo de fútbol. En aquel ambiente de libertad y excitación, jóvenes bohemios (músicos, intelectuales y poetas) comenzaron a reunirse en apartamentos de Copacabana e Ipanema antes de dar el salto a ‘nights-clubs’ y presentar al mundo su particular mezcla de samba y jazz adornada con letras que hablaban de amor, de flores, de playas de Rio. Era el hippismo carioca que pronto se conoció como bossa-nova. Una samba de apartamento, menos extrovertida, más lenta. Una samba con armonía de jazz y con una forma susurrante de interpretar las canciones. Músicos que cantaban como quien habla al oído de una mujer. Letras nostálgicas y melodías íntimas. Exaltación de la belleza femenina, del hecho de estar enamorado, de un atardecer en Rio de Janeiro, de una noche al sol de los pandeiros, de una caipirinha junto al mar. La cadencia de un ritmo que imitaba el movimiento de una chica en bikini paseando por una playa de Copacabana. La poesía tomando protagonismo en la música popular. La constatación, en clave de saudade, de que Rio era una ciudad desnuda hecha de brazos, músculos, senos y labios; de que la bossa nova consistía en amar la noche, en dar más importancia al amor que al dinero, en cantar eternamente a la belleza de la mujer carioca, capaz de contonearse de cuerpo y alma y armonizar ese arte con la utilidad de caminar. A pesar de ello, y como toda revolución, la bossa nova fue incomprendida en sus comienzos. Los medios se limitaron a ignorar la nueva música y a no radiarla. Los músicos veteranos veían en la bossa nova un estilo de cantantes afeminados y desafinados («en el pecho de los desafinados también late un corazón», se defendió Jobim). El público no entendía por qué dejaban cantar a músicos que parecían estar resfriados. Una buena parte de ellos, además, fueron silenciados por alinearse con la izquierda política. No es extraño que la bossa nova triunfase en el extranjero antes que en su casa. La dictadura regresó a Brasil en 1964 y suprimió la vida nocturna. Muchos músicos emigraron a EE.UU. Para entonces, los grandes del jazz se habían fijado en la bossa nova. Hasta Frank Sinatra cantó junto a Tom Jobim, y lo hizo bajito, susurrando, con faringitis de saudade. La chica de Ipanema comenzaba a comerse el mundo. Dice la leyenda que Vinicius y Jobim compusieron la mítica canción en la terraza de un bar de Ipanema al ver pasar a una mujer preciosa, con andares de diosa, ojos verdes y largos cabellos negros, con un bamboleo que era más que un poema. En realidad, la compusieron en sus casas. Ellos eran gente seria: iban al bar a beber, no a trabajar.

Temas

bossa nova

Sobre el autor

Escribe novelas y cosas así. Sus detractores dicen que los millones de libros que ha vendido se deben a su cara bonita y a su cuerpo escultural. Y no les falta razón.


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