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Vicente Álvarez

EL FARO DE AQUALUNG

VALLECILLO TERCERO

Publicado en El Norte de Castilla el 27 de diciembre de 2008

Hace dos años Ángel Vallecillo ganó el prestigioso Premio Miguel Delibes con la visionaria y memorable ‘Colapsos’. Era la segunda novela, tras ‘La Sombra de una sombra’, que publicaba en la heroica editorial vallisoletana Difácil. Desde hace unos días tenemos en nuestras manos ‘Hay un millón de razas’, la tercera entrega de su particular y prodigioso mundo. Un libro escrito, de nuevo, con una prosa cortante y precisa como el bisturí de un cirujano y en el que el autor utiliza una técnica que le viene como anillo al dedo a la novela, el falsorrealismo: presentar historias falsas cuya técnica de verosimilitud las hace parecer verdaderas gracias a la mezcla de personajes reales con otros inventados y a la profusión de datos y fechas (que remiten a informes, a libros ficticios, a notas a pie de página, a fotografías, etcétera). Todo ello sirve como sustento a una trama fascinante que nos lleva desde la Alemania nazi hasta laboratorios genéticos que parecen sacados de una película de ciencia ficción, desde Tokio hasta la isla Alegranza, desde Valladolid (“¿Qué coño pintaba un tío de Valladolid investigando el caso Hichmann, la supuesta arma milagrosa de Hitler?”) hasta la isla Hokkaido. De ello va ‘Hay un millón de razas’, de la fascinación que producen unos documentos de un oscuro y sanguinario médico nazi, de la irreprimible atracción de su leyenda, del rastro criminal que dejan tras de sí. En la novela tenemos de todo: nazis, científicos locos, espías, mercenarios, celos entre profesores universitarios, partidas de póquer, una clase magistral de lo que es y representa el Guernica, peligrosas organizaciones neonazis, experimentos genéticos y una propuesta de solución final, de proceso eugenésico a gran escala, que haría palidecer al mismísimo Hitler. Desde luego, ‘Hay un millón de razas’ roza la obra maestra. Y no es perfecta porque la perfección es muy aburrida y ‘Hay un millón de razas’ es jodidamente entretenida, una novela que te reconcilia con el placer de leer. Podría decir, eso sí, que es intensa, turbulenta, provocativa, sofisticada, sorprendente, hipnótica, profética, cosmopolita, catártica y adictiva. No recuerdo cuándo fue la primera vez que escuché a Ángel Vallecillo hablar de esta novela. Fue hace tiempo y fue en El largo adiós, el templo de las sirenas encerradas en una Mahou y de los escritores ahorcados.
De este millón de razas he aprendido un millón de cosas. He aprendido que la Historia es un ciego mirando al pasado por un retrovisor roto. He aprendido que sólo tras vencer el sufrimiento podemos hacer metáforas del dolor. He aprendido que dormir con la pistola de la culpa bajo la almohada nos conduce directamente al infierno. He aprendido que, al mirar hacia atrás, los sueños se convierten en un charco de cristales. He aprendido que la música del azar, muchas más veces de las que imaginamos, se convierte en la música de nuestra vida. He aprendido que Tokio es azul. He aprendido que la literatura de Vallecillo está entregada a sueños proscritos, que las sirenas bailan hip-hop al ritmo de sus adjetivos, que sus frases están llenas de delitos y tatuajes. He aprendido que sus novelas imitan el vértigo de la belleza de las vidrieras góticas, que sus historias nadan en los ríos de Babilonia, que sus protagonistas visitan catedrales donde se lloran los amores perdidos. He aprendido que hay un millón de escritores pero todos están en Ángel Vallecillo. Pues eso: ‘Hay un millón de razas’. Ya están tardando en empezar a leerla.

Sobre el autor

Escribe novelas y cosas así. Sus detractores dicen que los millones de libros que ha vendido se deben a su cara bonita y a su cuerpo escultural. Y no les falta razón.


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