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Vicente Álvarez

EL FARO DE AQUALUNG

EL CICLISTA MÁRTIR

El aroma frío de las vidrieras de las catedrales sólo es comparable al perfume de la derrota. De ello sabía mucho Eugène Christophe, el ciclista más desdichado de toda la historia de la ronda gala. También, el más digno de admiración. Christophe, en el transcurso de distintas etapas del Tour de Francia, rompió tres veces su bicicleta. En dos de ellas era el líder.

En 1913, tras cruzar en segunda posición el Tourmalet, Christophe rompió la horquilla de su bicicleta en la etapa entre Bayonne y Luchon. Según el estricto reglamento, debía de reparar él mismo su máquina sin recibir ningún tipo de ayuda exterior. Sin pensárselo dos veces, caminó catorce kilómetros llevando a la espalda su bicicleta hasta llegar a Sainte Marie de Campan, un pequeño pueblo a las faldas del Tourmalet. Allí, en una herrería, recompuso como pudo la bicicleta bajo la atenta mirada de un comisario y también de algunos representantes de las casas de bicicleta rivales. Christophe era el líder del Tour aunque, tras reanudar la marcha con más de cuatro horas de retraso, perdió todas las opciones de hacerse con el triunfo final.

En la edición de 1919, el viejo Christophe partía como uno de los grandes favoritos para llevarse, por fin, el Tour de Francia. Tenía 34 años, se había afeitado su legendario mostacho y había cuidado su alimentación con exquisita profesionalidad. Seguía siendo, además, un gran escalador. En catorce de las quince etapas había quedado clasificado entre los diez primeros. Sin embargo, en la penúltima etapa, cuando era líder con más de media hora de ventaja, volvió a romper su bicicleta. Recordando fantasmas del pasado, cargó con ella y, ante la impertinente mirada de los comisarios, volvió a repararla completamente solo. Perdió más de dos horas y media y, también, todas las esperanzas de entrar en París con el maillot amarillo.
Los dioses le habían prohibido ganar el Tour.

Temas

ciclismo

Sobre el autor

Escribe novelas y cosas así. Sus detractores dicen que los millones de libros que ha vendido se deben a su cara bonita y a su cuerpo escultural. Y no les falta razón.


febrero 2009
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