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Vicente Álvarez

EL FARO DE AQUALUNG

LOS HÉROES DEL GAVIA (2)

El americano Andy Hampsten ganó aquel Giro de Italia, el Giro en el que los cuatro jinetes del Apocalipsis cabalgaron por el Gavia. Andy Hampsten era un corredor elegante, un escalador de raza, un ciclista con encanto. Llegó a rozar el podium del Tour de Francia, ganó en Alpe d’Huez, se llevó la Vuelta a Suiza y el Tour de Romandía entre otras carreras. Todo el mundo, sin embargo, le recuerda por haber sido el primer ciclista no europeo en ganar el Giro de Italia y, sobre todo, por haberlo hecho tras superar el infierno del Gavia del 88. Las pocas fotos que se conservan de aquel día y sus palabras no dejan lugar a dudas de lo que allí se vivió:

“No estaba seguro de cuánto tendría que sufrir, pero sentía que todos nosotros íbamos a sobrepasar nuestros límites para franquear el Gavia (…) que éste sería, probablemente el día más duro sobre la bici en nuestra vida (…). Al llegar a este punto la carretera todavía estaba asfaltada, pero cuando salí de una curva a la izquierda vi convertirse la carretera en camino sin asfaltar y una señal de tráfico del 16 % de pendiente (…). Estaba muy blando y las cubiertas dejaban un surco por donde pasaban (…). Dejé de pedirle a Dios que me ayudara, ya me había ayudado bastante dándome el privilegio de competir. En vez de eso empecé a especular lo que estaría dispuesto a negociar si el diablo aparecía (…). A tres millas de la cima, fui a ponerme un gorro de lana, pero antes tuve que quitarme el agua del pelo. Sin embargo, mi mano se congeló y una enorme bola de nieve cayó sobre mi espalda (…). Tenía solamente una marcha para la bajada, todas las demás se habían congelado, y pensé que no podía dejar de pedalear para mantener ese piñón sin hielo. El camino estaba sin asfaltar al comienzo. Era mejor para descender que el asfalto, pues no se había congelado. Los espectadores que había en el descenso no sabían si la carrera se había suspendido, así que deambulaban por medio de la carretera mientras yo bajaba. A medida que descendía, me iba enfriando más y más (…). Me habían hablado de hipotermia y sobre lo frío que podría llegar a estar antes de que uno no pudiera pedalear más. Mis brazos estaban bloqueados desde el comienzo del descenso y yo, simplemente, intentaba seguir pedaleando para mantener mis piernas en movimiento. En un momento dado, miré hacia abajo, hacia mis piernas, y a través de una capa de hielo y de grasa pude ver que eran de color rojo brillante. Después de eso, no volví a mirar mis piernas….”.

Temas

ciclismo

Sobre el autor

Escribe novelas y cosas así. Sus detractores dicen que los millones de libros que ha vendido se deben a su cara bonita y a su cuerpo escultural. Y no les falta razón.


marzo 2009
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