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Vicente Álvarez

EL FARO DE AQUALUNG

AY, MANOLITO

Esta noche regresa Manolo García a Valladolid y comienza la segunda etapa de su gira “Saldremos a la lluvia”. En la rueda de prensa previa ha adelantado que nos sorprenderá con un tema mítico de El Último de la Fila, ha confesado que a él sólo le interesa la poesía y el lirismo del rock y nos ha dejado un capítulo de su particular filosofía, aquel que dice que no hay que volver nunca al lugar en el que fuiste feliz.

Hace quince años, Manolo García junto a Quimi Portet tocó en el mismo escenario. Recordaré aquel concierto y todo lo que significó. Volveré al lugar del crimen. Así que ya sabes, tengo una cita contigo esta noche….

(Para celebrarlo recupero esta columna que publicó “El Norte de Castilla” cuando Manolo García nos visitó con su gira “Para que no se duerman mis sentidos”).

Hay músicos que buscan orillas extrañas, aunque no sean Ulises. Hay músicos que cambian botijos de barro por un beso. Hay músicos que nos susurran al oído tangos arrabaleros y dulces, tangos de la lejanía. Músicos que nos perfuman con el humo de un cigarro que fuma Gardel. Hay músicos que miran libros de pintura robados. Hay músicos que se lamentan por no ser proa que acuchilla siete mares. Hay músicos que palmean por rumbas a James Brown. Músicos que duermen entre libros prohibidos, al olvido de un tiempo que añoran. Hay músicos locos.

Esta noche vuelve a Valladolid Manolo García, bailando zorongo, punta, tacón, comiendo almendras y regalándonos versos como lágrimas del lago. Presenta su último disco, “Para que no se duerman mis sentidos”, una obra reflexiva, elegante, nocturna, adictiva, melancólica y profundamente poética, un disco atravesado por los ritmos y melodías de la casa, perfumado por los aires sensuales de Salvador de Bahía y abocetado con la textura mágica e inigualable de la paleta brasileña. Un trabajo único protagonizado por el Cádiz de la chirigota, por la Sevilla mora, por los poetas andaluces del destierro, por Chagall y los claveles de la revolución. Un disco para dormir con la nana del gitano, al arrullo de la brisa, al agua de anís, al verde fugaz y bajo un nido de pecados. En realidad, un eslabón más de una cadena de cristal y jade que comenzó hace muchos años, con Los Rápidos, con Los Burros y con la apoteosis de El Último de la Fila. Desde entonces, García no ha parado de susurrarnos al oído versos que se clavan en el cerebro como garfios de plata, no ha dejado de buscarnos en calles de ciudades que ya no recordamos, de mostrarnos mujeres de cabellos ondulados de sierpes. No ha dejado de recogerse en la templanza de la tregua que proporciona la anestesia del recuerdo, de cantarnos febrero y sus promesas, de enviarnos postales desde Idaho. No se ha cansado de recordarnos que los relojes matan el tiempo, que acostumbramos a prender hogueras que no sabemos mantener y que cuando el vapor del alma fiera se disipa ya sólo queda el torero económico. Porque Manolo García es el último poeta que nos queda, porque en el abyecto panorama musical que nos han legado los fenicios de siempre, el bueno de Manolo brilla como una luz errante, como un ave del paraíso escapada del arca de Noé, como el único músico preocupado en buscar lenguajes de un mundo que está dormido entre las hojas de los libros. Manolo García escapó hace tiempo del vergonzante y facilón estribillo, del bulería bulería que escupen bares de moda, de la senda prefabricada de triunfitos, rickysmartin y shakiras. Algunos, sin embargo, critican su ingenuidad por aspirar a vivir en un mundo mejor. Y van más allá, censurando al Manolo codificado y repetitivo, al que según ellos “canta siempre la misma canción”. Es entonces cuando Serrat y Bob Dylan sonríen desde su torre de marfil y madreselvas. Manolo García es mucho más que una melodía o una canción. Quizá por ello, en estos días, el señor García nos va a regalar un libro de poemas, canciones, cuadros y fotos, “Vacaciones de mí mismo”. Tal vez ahora sea el momento de que yo vuelva a presentar alguna novela con el consabido “si la vida te miente, te haces parapetos con poemas”. Porque eso es lo único que odio de Manolo García: el que vaya por delante de mis palabras, el que se adelante a mis versos, el que sepa escribir lo que ametralla mi corazón. Y es que, como Manolo, yo también me despierto a medianoche con la sensación de que he escuchado entre sueños tu voz y he sabido transformarme en gozne que haga girar las puertas de tu sueño, eso sí, sin molestarte, sin que sepas de mí. He aprendido ya a recoger los sueños en las noches frías y a guardarte en mi bolsillo el calor de mi piel por si vinieses…. Porque no dejo de vivir a la sombra de oasis que nos inventamos, porque anhelo besos y caricias olorosas y descalzas, porque hace tiempo que moro en la sala de los pasos perdidos y porque el amanecer me encuentra siempre despierto. Todo, todo me lo ha quitado de la boca Manolo, todo lo que yo hubiera querido decir. ¡Ay, Manolito, que hoy el dolor duele!

Sobre el autor

Escribe novelas y cosas así. Sus detractores dicen que los millones de libros que ha vendido se deben a su cara bonita y a su cuerpo escultural. Y no les falta razón.


mayo 2009
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