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Vicente Álvarez

EL FARO DE AQUALUNG

EL AIRE NEGRO

Publicado en El Norte de Castilla el 25 de junio de 2009

“¿Dónde vives?”, le preguntan a un niño en un documental. “En el aire negro. Mi casa es el cielo. Abres los ojos y ves el cielo”. El diálogo corresponde a uno de los catorce cortometrajes finalistas del Festival Internacional Actúa que organiza Intermón Oxfam. Este peculiar y necesario certamen se desarrolla cada año de forma itinerante en una treintena de ciudades españolas y busca concienciar a la gente, denunciar situaciones y abusos, ponernos a todos delante del espejo vergonzante en el que siempre evitamos mirarnos y movilizar al personal para que podamos presionar a nuestros gobiernos con el fin de que cumplan los compromisos adquiridos. En esta edición, bajo el lema ‘Sin educación, la vida es toda una película’, han querido llamar la atención sobre el hecho de que el acceso a la educación es un derecho humano fundamental (como recoge la Declaración de los Derechos Humanos de 1948) y la herramienta más poderosa para erradicar la pobreza. La Convención de los Derechos de la Infancia (1989) obligó a los gobiernos a implantar una Educación Primaria obligatoria y gratuita para todos y en la Cumbre del Milenio del año 2000 se establecieron ocho objetivos para erradicar la pobreza extrema antes del año 2015, entre ellos el de lograr la enseñanza primaria universal. Esto es la teoría. La realidad, a día de hoy, es que actualmente hay 75 millones de niños sin acceso a la educación (de los cuales, dos terceras partes son niñas).

Los problemas de la educación son muchos y los motivos por los que los niños no van a la escuela variados pero el principal es la pobreza. De todo ello hablan a la perfección los cortometrajes que nos ha regalado durante estos días el Festival Actúa. Irán, Angola, India, Bolivia, China, Kenia, Ecuador o el Sáhara son algunos de los lugares que visitamos. Suelos comanches, peligrosos y de pobreza extrema. Sitios, como dice el corto ganador, «donde la sangre se mezcla con la tierra y la infancia tiene nombre de soldado». Hemos visto a niños que, en vez de ir a la escuela, se pasan el día rebuscando en la basura, trabajando o malviviendo en la calle. Niños en edad escolar que no asisten a la escuela porque tienen que trabajar. Hemos visto a niños que tienen que elegir entre un libro y una pistola. Bueno, en realidad no tienen opciones: son niños amamantados por la violencia, niños sin estudios y sin futuro, desde críos con un rifle en la mano esperando tan sólo una bala perdida que les mate. Hemos conocido a niños ausentes que viven en la calle (algunos ya nacen en ella) y a los que las drogas les protegen del frío, del dolor y de la realidad. También hemos visto a niños que viven en la miseria, en medio de unas chabolas, y para los que acudir a la escuela es el mejor momento del día. Hemos viajado a lugares donde la llegada de un bibliobús («un pajarito que trae suerte», como lo describen alguno de los niños) se convierte en una fiesta. En la mejor de las fiestas. Hemos aprendido que la escuela funciona como referente para todos esos niños y que la educación es la puerta que abre todo: puedes leer, puedes soñar, buscar lo que quieres y luchar por ello. La educación es un derecho pero, desgraciadamente, para algunos todavía es sólo un sueño.

Sobre el autor

Escribe novelas y cosas así. Sus detractores dicen que los millones de libros que ha vendido se deben a su cara bonita y a su cuerpo escultural. Y no les falta razón.


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