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Vicente Álvarez

EL FARO DE AQUALUNG

PLANES DE CHOQUE

Publicado en El Norte de Castilla el 16 de julio de 2009

Se le complica la foto a Zapatero con los sindicatos y la patronal. A pesar de ello, el Ejecutivo mantiene la intención de lograr un acuerdo antes de que llegue el mes de agosto y conseguir, así, arrebatar la fotografía del verano al posado de Ana Obregón. No resultará fácil. De hecho, en las reuniones previas han saltado chispas, sobre todo desde el órdago de la CEOE y su llamado contrato del siglo XXI, con sus propuestas de abaratamiento del despido y rebaja de las cotizaciones sociales en cinco puntos. Los sindicatos se han llevado las manos a la cabeza y Moncloa se ha comprometido a no aceptar las propuestas de ‘máximos’ de la CEOE. Mientras ellos se pelean, y con el fin de torear la crisis provocada por la avaricia de los mercados financieros opacos y sin control, todas las empresas proponen sus particulares planes de choque. Siempre consisten en lo mismo: reducción salarial, despidos cada vez más baratos y que los de abajo se aprieten el cinturón. ¿Es ése el camino?
Los libros de economía dirán algo al respecto aunque, a veces, una obra de ficción puede ser reveladora. Recién abandonado por mi querida Lisbeth Salander, en la trilogía de Millenium hay una escena que resulta significativa. Erika Berger, una de las protagonistas, es contratada por una empresa en crisis con el fin de que vuelva a ser rentable. La junta de accionistas le indica que la realidad económica es crítica y que hay que recortar gastos. Para ello proponen eliminar puestos de trabajo. Erika no lo ve nada claro: constata que la empresa lleva reduciendo personal durante los últimos 15 años y más en los últimos tiempos con la excusa de la crisis. La consecuencia es que la carga de trabajo para los que se han quedado ha crecido, la calidad del trabajo ha comenzado a resentirse y, consecuentemente, la empresa cada vez vende peor su producto. Sin embargo, a pesar de la crisis, la empresa no deja de entregar enormes dividendos y bonificaciones escandalosas a los accionistas y a los miembros de la junta directiva. Ella sostiene que las bonificaciones deben entregarse cuando alguien hace algo que fortalece la empresa. Los recortes, en realidad, han debilitado a la empresa y han incrementado la crisis. Por ello propone un plan de choque: adoptar durante un año un sistema de cero beneficios. Supondría un ahorro de muchísimos millones y la posibilidad de reforzar la plantilla y la economía de la empresa. Por supuesto, propone la reducción del salario de los jefes, empezando por el de ella misma que le resulta escandaloso para una empresa en crisis. De inmediato, la acusan de abogar por una especie de comunismo salarial y le dicen que «los accionistas son accionistas porque quieren ganar dinero: se llama capitalismo». Por más que Erika intenta convencerles de que las leyes del mercado deben ser las que dicten si hay beneficios o no y si esos beneficios serán escandalosos o más moderados, por más que intenta luchar para que esas reglas del capitalismo dejen de aplicarse de modo selectivo a los empleados pero no a los accionistas, Erika Berger no consigue su objetivo y acaba fuera de la empresa. Moraleja: los planes de choque siempre tienen el mismo sabor. Y suele ser nauseabundo.

Temas

crisis

Sobre el autor

Escribe novelas y cosas así. Sus detractores dicen que los millones de libros que ha vendido se deben a su cara bonita y a su cuerpo escultural. Y no les falta razón.


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