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Vicente Álvarez

EL FARO DE AQUALUNG

JAQUE A OBAMA

Publicado en El Norte de Castilla el 10 de septiembre de 2009

Dicen que la popularidad de Obama ha caído en picado. No ha sido la crisis económica ni los frentes abiertos en política exterior. La madre de todas las batallas a la que se enfrenta Obama es la reforma sanitaria de su país. Y desde ahí, desde dentro, le están poniendo contra las cuerdas. Visto con ojos europeos, lo que está sucediendo allí roza lo surrealista. Porque es triste que en el país más rico del mundo cerca de 50 millones de personas no tengan prestaciones sanitarias. Hablamos de un país en el que, según Luis Rojas Marcos, no hay hospitales públicos. «Si te pones enfermo tienes que ir a uno privado y pagar 1.400 dólares al día. Si te quedas dos semanas hospitalizado, probablemente tengas que vender tu casa para pagarte la hospitalización». Un sitio donde la sanidad se ha convertido en un gran negocio para aseguradoras y farmacéuticas (45.000 millones de beneficios para las compañías de seguros). Un lugar donde ni siquiera los que se han pagado un seguro durante toda su vida están libres de no irse a la ruina si les acorrala un cáncer u otra enfermedad grave y en el que las aseguradoras pueden rechazar a los enfermos crónicos, a los que contraigan una enfermedad con demasiados gastos o simplemente subirles las tarifas de forma abusiva. Una nación en la que cada vez hay más gente esperando que llegue a su Estado alguno de los hospitales de campaña que montan las oenegé. Todo eso lo quiere cambiar Obama y medio país se le ha echado encima. Las viejas alianzas de la ultraderecha, las farmacéuticas y las compañías de seguros han resurgido como un ave fénix con capirote del Ku Klux Klan. Las posturas se han radicalizado, las mentiras han sido elevadas a rango de verdad a fuerza de repetición y las aseguradoras se han gastado 300 millones de dólares en una campaña que sonrojaría en Europa hasta a un niño de cinco años. En ella hablan de que la nueva ley va a favorecer sólo a inmigrantes sin papeles y de que todos los ancianos que ingresen en los hospitales serán asesinados. Los mítines y las manifestaciones se suceden. A ellos acuden muchos ejemplares ciudadanos con armas y portando pancartas alucinantes: «Quieren pagar el seguro médico a todos los musulmanes». «No mataréis a niños con mis impuestos». «Obama, vuélvete a tu casa: a Kenia». «La reforma servirá para que unos degenerados se cambien de sexo gratuitamente». «Obama=eutanasia y aborto para todos». «Asesinos de niños». «Van a matar a los ancianos». Un hombre con un arma al cinto lleva un cartel que dice: «Muerte a Obama, a Michelle y a las dos niñas estúpidas». Una cría rubia de apenas 10 años lleva otro que dice: «Obama miente y mi abuelita muere». Muchos sostienen carteles de Obama con un bigote que le asemeja a Hitler. Hablan de aborto libre y de «cubanizar» EE. UU. En el país capitalista por excelencia, donde todo se compra y se vende, la salud no iba a ser una excepción. Muchos siguen queriendo que sea una mercancía. Otros sólo desean que se convierta en un derecho. Viendo esto, y a pesar de todos sus defectos, deberíamos de estar orgullosos de nuestro sistema sanitario. Y deberíamos de tener claro, en fin, que comparar la sanidad española con la americana es como comparar a Dios con un ‘skinhead’.

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Sobre el autor

Escribe novelas y cosas así. Sus detractores dicen que los millones de libros que ha vendido se deben a su cara bonita y a su cuerpo escultural. Y no les falta razón.


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