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Vicente Álvarez

EL FARO DE AQUALUNG

LA SUPERBE

Sin duda, el descubrimiento del año.

A Benjamin Bioley le consideran en su Francia natal, desde hace tiempo, el sucesor de los grandes de la chanson y, muy especialmente, del inolvidable Serge Gainsbourg. Cantante, compositor, multi-instrumentista, letrista, productor, arreglista e incluso actor, Biolay se ha destapado este año con un disco doble fastuoso, memorable y único. 23 canciones que husmean con elegancia y modernidad territorios como el pop (“Reviens mon amour”, “Si tu suis mon regard”), la chanson francesa (“Ton heritage”, “Raté”, “Tout ça me tourmente”), el jazz (“Miss Catastrophe”, “La toxicomanie”), el rock de raíces anglosajonas (“L’espoir fait vivre”, “Prenons le large”), temas que remiten a conversaciones con tono epistolar (“15 août”, “15 septembre”), encendidos homenajes con sample de Gardel incluido (“Buenos Aires”), las bandas sonoras orquestales (“La Superbe”) e incluso el hip hop a modo y manera de spoken work o rap susurrado (“Padam”, “Brandt Rapsodie”).

Benjamin Biolay ha hablado de “La superbe” como de un álbum conceptual, con sentido unificador, un disco épico que podría ser la banda sonora de una ficticia película protagonizada por un personaje durante un mes de verano. Un álbum entendido como una película: con su introducción, su parte principal y su final. También con sus personajes protagonistas y secundarios. Además, por el montaje y la estructura, la música resulta muy cinematográfica. Muy cinematográfica y muy triste (dicen que “La superbe” está dedicado a su ex, la actriz Chiara Mastroianni). El caso es que este quinto disco del poeta maldito Biolay, con sus duetos de dulce melancolía, con sus flirteos jazzísticos, con sus canciones íntimas que te arañan el alma, con su voz de susurrante chansonnier bajo colchones orquestales o nubes electrónicas y con su tristeza otoñal es uno de los más hermosos álbumes de los últimos tiempos. Una obra maestra absoluta que, casi con total seguridad, pasará completamente desapercibida en nuestras listas de éxito vendidas a los fenicios y a las radio fórmulas.

He leído en algún lugar lo siguiente: “Hay una tristeza perfecta en este último Biolay. Una melancolía que crea adicción. Música hiperestésica para hiperestésicos. Uno se quiere quedar a vivir en sus canciones. Por la compañía. Por la comodidad. Hay desnudez e indefensión en el que canta. Y ahí estás tú obligado, también, a quedarte desnudo”.

Pues eso.

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biolay

Sobre el autor

Escribe novelas y cosas así. Sus detractores dicen que los millones de libros que ha vendido se deben a su cara bonita y a su cuerpo escultural. Y no les falta razón.


noviembre 2009
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