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Vicente Álvarez

EL FARO DE AQUALUNG

LOS HIJOS DE MARLOWE

Publicado en El Norte de Castilla el 10 de diciembre de 2009

Es una de las noticias literarias del año. La editorial RBA acaba de publicar “Todo Marlowe”, un volumen de 1.391 páginas con las siete novelas protagonizadas por Philip Marlowe. Una verdadera joya para todos los que nos consideramos hijos de Marlowe. En 1939 apareció “El sueño eterno”, la primera novela protagonizada por su alter ego. Chandler tenía 51 años y ya no abandonó a Philip Marlowe hasta su muerte. Todos le recordamos con el rostro de Bogart o, en su defecto, el de Robert Mitchum. Curiosamente, Chandler siempre señaló a Cary Grant como su Marlowe ideal. Sus novelas son ácidas, corrosivas, directas como un gancho de Tyson. Las tramas a veces se le iban de las manos (reconoció no saber quién había matado a un personaje secundario de “El sueño eterno”) pero las frases contundentes, pendencieras y amargas que salen de los labios de Marlowe son únicas: “Puso una cara que hubiera detenido de espanto a un reloj”. “Tantas pistolas rodando por la ciudad y tan pocos cerebros”. “Sus ojos grises estaban tan vacíos como los agujeros de un antifaz”. “Me miró como si yo hubiera salido del océano con una sirena ahogada bajo el brazo”.

“Por estas calles sórdidas debe andar un hombre que no es sórdido”, decía Chandler al hablar de Marlowe. Un tipo duro, solitario y desencantado con la sociedad corrupta en la que le tocó vivir. Es irónico, un poco quijote, tierno y honesto: vive como puede de sus irregulares ganancias (25 dólares diarios más gastos) y no acepta el dinero que considera no ha merecido. Es cínico, melancólico y sabe torear con estilo a las femmes fatales. Chandler decía de él: “Creo que podría seducir a una duquesa, pero estoy bastante seguro de que no mancharía a una virgen”. Con él paseamos por una ciudad que ya no existe, donde los hombres llevan sombrero y las mujeres son tan elegantes como infelices. Marlowe siempre lleva encima una botella de whisky y un fajo de billetes de un dólar para conseguir información. Cuando regresa a su gris y desordenado despacho, hojea la correspondencia, tira las facturas a la papelera, juega al ajedrez, fuma un cigarrillo en silencio y se sirve un último trago antes de irse a la cama “lleno de whisky y desazón”. Por eso, entre otras cosas, todos queremos a Philip Marlowe. Por eso todos somos hijos de Marlowe.

Sobre el autor

Escribe novelas y cosas así. Sus detractores dicen que los millones de libros que ha vendido se deben a su cara bonita y a su cuerpo escultural. Y no les falta razón.


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