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Vicente Álvarez

EL FARO DE AQUALUNG

SNUFF TALIBANA

Publicado en El Norte de Castilla el 4 de marzo de 2010

Te deja mal cuerpo y ganas de repudiar al género humano. Hablo de un vídeo que me ha llegado por correo electrónico. Se trata de una lapidación (así, como lo leen). Una mujer joven tirada en el suelo y rodeada de una caterva de salvajes que no paran de apedrearla, arrancarle la ropa y de fotografiarla con sus putos móviles. La mujer intenta taparse el rostro pero es inútil. Recibe patadas, la cogen del pelo, la arrastran y algún canalla se acerca con su móvil y le hace un primerísimo plano. Luego, una lluvia de piedras cae sobre ella hasta que llega el más valiente de la tribu, coge un inmenso pedrusco y lo arroja contra la cabeza de la mujer. Un gran charco de sangre comienza a surgir bajo su cuerpo. La muerte en directo. Una película ‘snuff’ talibana que circula por la red como lo puede hacer un videoclip de U2. Hablamos mucho de defender libertades y derechos humanos pero eso es un concepto vacío para fundamentalistas y gente de su calaña. Sin embargo, estos últimos días nos desayunamos con que la OTAN y los EE UU quieren acercarse a los talibanes y les están pagando grandes sumas de dinero para que no perpetren atentados. Sobornan a los talibanes con nuestros impuestos. Lo hacen para que no maten pero nada dicen de las mujeres. Ellas ya están enterradas en vida allí. Más de cinco mil musulmanas son asesinadas al año en los llamados crímenes de honor. Cuando las mujeres llegan a los 14 años (o antes) se decide casarlas a cambio de dinero. Las más valientes optan por escaparse aunque saben lo que les espera si son atrapadas. Otras eligen el suicidio. Muy pocos casos salen a la luz pública. Hace unos días apareció el cuerpo de una cría de 16 años que había sido maniatada y enterrada viva por su padre y su abuelo. Ellos han reconocido que lo hicieron porque «salía con chicos» y no se arrepienten de ello, al igual que la mayoría de los reos condenados por crímenes de honor. No se nos puede llenar la boca hablando de igualdad de géneros y luego pagar a los talibanes para que respeten a las fuerzas de pacificación y hagan lo que les dé la gana con sus mujeres e hijas. Cada vez resulta más evidente que no nos interesa nada defender las libertades de aquella gente. Sólo nos interesa esa cosita tan políticamente correcta (y rentable) de «alcanzar objetivos estratégicos».

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Sobre el autor

Escribe novelas y cosas así. Sus detractores dicen que los millones de libros que ha vendido se deben a su cara bonita y a su cuerpo escultural. Y no les falta razón.


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