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Vicente Álvarez

EL FARO DE AQUALUNG

VÍA CRUCIS

Publicado en El Norte de Castilla el 8 de abril de 2010

Acabamos de echar el telón a la Semana Santa, flor de santidad en emotivas cápsulas a ritmo de pasos procesionales y tambores místicos. También vía crucis de declaraciones indecentes intentando defender los casos de pederastia y abusos sexuales a menores cometidos por sacerdotes católicos. Cierto obispo declaraba que existen intereses diabólicos contra la Iglesia y justificaba las atrocidades con la vil constatación de que se trata de porcentajes mínimos frente a los dos tercios de abusos sexuales a menores que se dan en el seno de la familia. Curiosamente es el mismo obispo que hace un par de años tuvo la desfachatez de afirmar que algunos menores incitan al abuso sexual: “Hay adolescentes de trece años que son menores y están perfectamente de acuerdo y, además, deseándolo. Incluso si te descuidas te provocan”. El predicador de la Casa Pontificia, por su lado, comparaba las críticas a Benedicto XVI con el antisemitismo y algún que otro obispo insistía en el via crucis que debían de estar pasando los pobres sacerdotes implicados en los casos. Mientras tanto, los defensores acérrimos de la causa se indignan con el hecho de que se señale con el dedo a un colectivo mientras que, en otros casos, jamás se hable de, por ejemplo, fontaneros pederastas. Desde luego los fontaneros jamás habrían amparado a ningún pederasta y nunca habrían permitido que siguiera cometiendo delitos. Lo que indigna es que sean precisamente personas que supuestamente deben ser referentes de la sociedad en todos los sentidos (abnegación, amor, compasión, bondad) los que cometan tales atrocidades. Nadie pone en duda la labor de tantos y tantos religiosos, ejemplo de sacrificio y entrega. Eso sí, resulta deleznable el ocultar, amparar y tapar los delitos, echar las culpas a los demás, hacerse las víctimas, minimizar los hechos. Amigos purpurados hablaban por estas tierras al referirse a este tema de simples “tropiezos” y de que resulta injusto culpar a la Institución por los pecados de sus hijos. Nadie culpa a la Iglesia por los pecados de sus hijos. Se culpa a la jerarquía eclesiástica por amparar y ocultar los pecados de sus hijos. Hay un leve matiz que podrían haber aprendido en Barrio Sésamo. Claro que, para algún purpurado, Barrio Sésamo podía resultar pecaminoso: Espinete salía desnudo.

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Sobre el autor

Escribe novelas y cosas así. Sus detractores dicen que los millones de libros que ha vendido se deben a su cara bonita y a su cuerpo escultural. Y no les falta razón.


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