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Vicente Álvarez

EL FARO DE AQUALUNG

PERDIDOS

Publicado en El Norte de Castilla el 27 de mayo de 2010

Hay muchos mundos pero todos están en una isla. Nos lo han enseñado en “Perdidos”, la fantástica serie que acaba de poner el punto final a un excitante periplo de seis años. Osos polares, unos números mágicos (4,8,15,16,23,42), el humo negro, una isla con propiedades curativas, el electromagnetismo, una bomba de hidrógeno, el templo y las inscripciones egipcias, la luz mística que sale del lago, los Otros, la iniciativa Dharma, la gigantesca estatua con un pie de cuatro dedos, las escotillas, una isla que es un recipiente que no deja salir el mal de su interior, los viajes en el tiempo, los flahsbacks, los flashforwards, los universos paralelos, la isla de senderos que se bifurcan. Cientos de enigmas que nos abandonan para siempre así como una galería de personajes inolvidables. Más allá de la desconcertante sexta temporada, la serie ha cambiado la manera de narrar, ha abierto de par en par las puertas a Internet y, con la aventura de emitir el último capítulo simultáneamente con EEUU, va a modificar la forma de ver televisión.

Nos entusiasman los enigmas y los folletines. En ambos campos, “Perdidos” es una obra maestra. No recuerdo una serie más hipnótica y adictiva: una serie capaz de dejarte en vilo al final de cada capítulo con sorpresas cada vez más abracadabrantes, convirtiéndote de paso en un auténtico yonki que anhela desesperadamente su nueva dosis. Antes lo hicieron Dickens, Dumas y todos los viejos maestros del folletín y de las novelas por entregas. Cuentan que sus obras generaban tal expectación que los seguidores americanos esperaban en el puerto la llegada del barco para lanzarse en tromba a por la nueva entrega. “Perdidos” nos ha enganchado de la misma forma. Ya no nos importa qué es lo que yace a la sombra de la estatua, ni por qué los números están malditos y mucho menos debería importarnos el final. Al menos, esa estúpida polémica de que no se han explicado todos los enigmas. ¿Para qué? La serie entera es una inmensa metáfora y no hay que dar explicaciones: toda ella constituye un acto de fe. Es como cuando ves actuar a un mago. Puedes hacer dos cosas: maravillarte o intentar averiguar el truco. La eterna lucha entre la ciencia y la fe. Parafraseando a uno de los protagonistas: “Yo he mirado en los ojos de esta isla y lo que he visto… era hermoso”.

Temas

lost, series tv

Sobre el autor

Escribe novelas y cosas así. Sus detractores dicen que los millones de libros que ha vendido se deben a su cara bonita y a su cuerpo escultural. Y no les falta razón.


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