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Vicente Álvarez

EL FARO DE AQUALUNG

OCHO SEGUNDOS

Publicado en El Norte de Castilla el 2 de septiembre de 2020

En 1983 surgió de la nada un ciclista de 22 años. Se llamaba Fignon. Era rubio, con el pelo largo (a veces recogido en coleta) y llevaba unas gafas redondas. Hinault ganó aquella mítica Vuelta a costa de destrozarse la rodilla así que el Tour quedó huérfano de favorito. Nadie confiaba en el joven parisino. Fue su primer Tour. El año siguiente se llevó el segundo tras una exhibición inolvidable. Su futuro era esplendoroso pero las lesiones interrumpieron su carrera. No impidieron, sin embargo, que se labrara un palmarés único y que fuese protagonista de uno de los momentos más emotivos, tristes y sorprendentes de la historia del ciclismo. Corría el año 89 y se disputaba la última etapa del Tour. Una contrarreloj por las calles de París. Fignon tenía 50 segundos de margen sobre Lemond. Estaba a un paso de su tercer Tour. Pero el ciclismo, como la vida, es caprichoso. Por ocho míseros segundos, la menor diferencia entre el primero y el segundo en toda la historia del Tour, la gloria le dio la espalda a Fignon. Fue cruel: sucedió en su ciudad natal y frente a su gran enemigo. Además, Fignon siempre mantuvo que Lemond había hecho trampas al utilizar soportes lumbares y manillar con apoyos prohibidos. Ocho segundos malditos. Hace poco reconoció que aquel Tour le perseguía: “me lo recuerda alguien todas las semanas desde hace 20 años”. En España la gente se alegró de que el robot americano ganara al indomable francés. El famoso escupitajo a la cámara de TVE y su agrio carácter le pasaron factura. “Éramos jóvenes y despreocupados” se titulan las memorias de Fignon. Las terminó justo cuando se enteró de que tenía cáncer. Hasta el final estuvo dando la cara. Como comentarista de France 2 acudió al último Tour. Apenas podía ya hablar. Subió al pódium a dar un trofeo y nos emocionó a todos, incluido Hinault. Hoy, mientras los ciclistas ascienden las rampas al 25% de Valdepeñas nos enteramos de la muerte de un genio, de una leyenda, de un rebelde. Ciclistas de su carácter son necesarios más que nunca. Sin Fignon se apaga un poco más la luz del ciclismo. Hasta TVE ha decidido trasmitir las etapas desde el estudio. Da pena. Aunque nada comparado con aquellos malditos ocho segundos. A partir de hoy, Fignon descansa en paz sin que nadie le recuerde aquella bofetada del destino.

Temas

ciclismo

Sobre el autor

Escribe novelas y cosas así. Sus detractores dicen que los millones de libros que ha vendido se deben a su cara bonita y a su cuerpo escultural. Y no les falta razón.


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